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domingo , 10 diciembre 2017
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La profesionalización de la gestión de las políticas de seguridad ciudadana: desafíos y lecciones aprendidas. Experiencia en la formación policial de El Salvador1 (VIII)

Jaime Edwin Martínez Ventura*

5. Temas pendientes para profundizar la profesionalidad policial2

Independientemente de las diferencias entre los cuerpos policiales de la región, check y de los procesos de reformas que se aplican en cada país, check existen ciertas deficiencias de carácter general que son temas pendientes para profundizar la profesionalidad policial en América Latina. Entre tales deficiencias, están:

i) Redefinición o consolidación de la doctrina policial

A pesar de que en todas partes se habla de la necesidad de contar con una policía profesional, respetuosa de la legalidad, de los derechos humanos y al servicio de la población, no en todas las organizaciones policiales esas características se encuentran claramente establecidas en la misión, valores, objetivos y estructura institucionales, por lo que es necesario avanzar en dicha clarificación, partiendo de la concepción de la seguridad como un derecho fundamental de la población que debe ser garantizado por medio de una política pública.

ii) Esclarecer las relaciones entre policía y Fuerzas Armadas

En varios países, especialmente en Colombia, México y el triángulo norte de Centroamérica, el ordenamiento jurídico permite que los gobiernos puedan hacer uso de las Fuerzas Armadas para colaborar con la policía en labores de seguridad pública, facultad que generalmente debe estar sujeta a la temporalidad y excepcionalidad. Es necesario en consecuencia que se definan claramente los roles, con base a la experticia de cada institución, para evitar duplicidades, mantener el predominio del enfoque policial en las estrategias de seguridad,  y más aún para evitar la subordinación de la policía al ejército.

iii) Elevar el nivel educativo para el ingreso

En la región latinoamericana todos los países han avanzado en los grados de escolaridad de su población. Para que la función policial sea verdaderamente profesional, el nivel educativo requerido a los aspirantes a policía debe ser el mismo que se le exige a una persona para ingresar a la universidad; es decir, poseer el título de bachiller o el grado que corresponda a estudios terminados en educación media.

iv) Ampliar los plazos de formación inicial y fortalecer la formación continua

Para garantizar un desempeño policial efectivo, profesional y de calidad, se requiere de un tiempo considerable de formación, dado que ésta debe abarcar por lo menos las áreas técnico policial, jurídica, criminológica y humanista, completada con ética y deontología policial; no se trata de formar a un vigilante armado, sino a un profesional de seguridad pública; pero en muchos de nuestros países, la formación inicial de los policías básicos, sigue siendo muy breve, de 5 a 8 meses. A mi criterio el tiempo mínimo para formar a un policía son 8 horas diarias, durante 5 días a la semana, y durante 12 meses, lo que supone una cantidad total de 1920 horas, dentro de las cuales deben existir por lo menos 500 horas de entrenamiento en el servicio o práctica policial.

v) Estructura jerárquica profesionalizada

Independientemente de la existencia de cuerpos policiales estructurados en dos agrupamientos o niveles jerárquicos separados entre sí, dentro de las cuales existen múltiples categorías o rangos policiales, a la usanza del ejército, se requiere que la estructura policial permita el ejercicio de una verdadera profesión, en el sentido de que a cada policía se le garantice el derecho que tiene a hacer carrera dentro de la institución, de modo que si ingresa como agente, auxiliar o cualquiera que sea el nombre del policía básico, tenga la posibilidad de escalar a los niveles intermedios e incluso superiores.

Para ello es necesario que los ascensos se realicen con legalidad, regularidad, objetividad, imparcialidad, transparencia, igualdad y equidad de género. Como dice la socióloga Lucía Dammert, se requiere de “Estructuras flexibles para beneficiar el mérito, pero rígidas para evitar el uso político de la designación de responsabilidades”.3

vi) Fortalecer las políticas y programas de bienestar policial

Por regla general los policías en América Latina son mal pagados. Incluso en aquellos países en los que el salario policial realmente no es tan bajo, siempre existirá la insatisfacción salarial. Aunque es deseable que los salarios sean mejores y se actualicen conforme al costo de vida en cada momento y lugar, el bienestar policial no depende sólo de los salarios, sino también de otras prestaciones o beneficios como el acceso a salud y atención médica hospitalaria, para el policía y su familia, seguros de vida en cuantías considerables, jubilaciones dignas, acceso a créditos para viviendas o para otras necesidades vitales,  fondos especiales para la educación de los hijos,  etc.

vii)  Modernización de la administración y gestión policial 

Como institución estatal que es, la policía no puede estar ajena a los procesos de modernización de la gestión pública, cuyo objetivo fundamental es garantizar servicios de calidad a la población para la satisfacción de sus derechos. Los sistemas administrativos y de gestión policial, entre ellos la contratación de recursos humanos, la adquisición de bienes y servicios, el manejo presupuestario, así como los indicadores de resultados, no pueden ser antiguos, descoordinados y ajenos a los valores de una eficiente administración como son la legalidad, transparencia, equidad y rendición de cuentas, lo que contribuye a prevenir el despilfarro, la ineficiencia y la corrupción en el uso de los recursos públicos.

viii) Flexibilidad y descentralización en la toma de decisiones

La mayoría de las instituciones policiales poseen una estructura organizacional rígida y de mando centralizado, por lo que la toma de decisiones es igual de inflexible y concentrada. Aunque toda institución policial requiere de una jerarquía y de la definición de líneas de mando, una policía profesional necesita, como parte de una gestión pública moderna y eficiente, desarrollar estrategias flexibles y descentralizadas, en las que se fomente la actitud creativa, proactiva, innovadora de todas las jefaturas e incluso de los subordinados, siempre que se haga en el marco de la legalidad y de los planes institucionales.4

1 Conferencia presentada en Mar del Plata, Argentina,  ante 700 alumnos de la primera promoción de la nueva Policía Local Preventiva del municipio General Pueyrredón, por invitación del Gobierno Local de dicho municipio y del Instituto Latinoamericano sobre Seguridad y Democracia, ILSED, el día 18 de agosto de 2015
2 Este apartado está basado en varias de mis publicaciones anteriores, en mi experiencia al frente de la ANSP y, en parte, en los planteamientos de Lucía Dammert, en DAMMERT, L., “Dos décadas de reformas policiales…”, op. cit.,  en América Latina. Lecciones y desafíos”, op. cit.,  pp. 208 a 211
3 DAMMERT, L., op. cit., p. 210
4 Se debe evitar que la centralización y rigidez se convierta en temor, inhabilitación e incluso castigo a las iniciativas de innovación.  Para contribuir a la toma de decisiones flexibles y descentralizadas, se debe fortalecer la capacitación en gerencia pública a todos los policías, pero especialmente a los mandos en las diferentes escalas, y los agentes o policías básicos que desempeñan funciones técnicas de apoyo a la dirección o  administración policial. Al respecto, cf. DAMMERT, L., “Dos décadas de reformas policiales…”, op. cit.,  en América Latina. Lecciones y desafíos”, op. cit., p. 211
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