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martes , 21 noviembre 2017
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LA HUMILDAD

Hugo Casas Irigoyén, viagra F.R.C.
Gran Maestro de la Gran Logia de España
Humildad, sovaldi prima hermana de la modestia

La verdadera humildad considera siempre que las experiencias de la vida son posibilidades abiertas para aprender cada vez más. En su comprensión considera que el camino de la sabiduría es casi infinito, mind por lo cual no corresponde en ninguna etapa de nuestro desenvolvimiento presumir de sabios o eruditos.

   “La humildad como consciencia de nuestra falibilidad esencial nos hace más fácil la tarea de reconocer nuestros errores, fundamento de nuestros ulteriores perfeccionamientos.

   “Mientras el soberbio pierde su tiempo criticando o intentando impresionar a los demás, el humilde sigue rectilíneo su camino de progresión espiritual, sin temer recurrir a la ayuda o a la orientación de quienes están más avanzados en el sendero”

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Una de las virtudes que por antonomasia honra al místico es la humildad. Es una de las más mencionadas en el sendero y, sin embargo, una de las menos comprendidas.

Según una definición enciclopédica, la humildad es ”la virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento, y aunque existen otras acepciones, como bajeza de nacimiento o de otra cualquier condición y sumisión, rendimiento”, ésta es la que mejor define la virtud del místico.

La humildad es prima hermana de la modestia, definida como “virtud que modera, templa y reglamenta las acciones externas, conteniendo al hombre en los límites de su estado, según lo conveniente a él”. Como se ve, las definiciones hacen hincapié en que se trata, en  ambos casos, de virtudes.

También la modestia tiene otras acepciones que no se ajustan a lo que estamos definiendo como: “Pobreza, escasez de medios, recursos, bienes, etc.”; y  no se ajustan ya que el místico es un maestro en el arte de la vida y es capaz de transmutar el plomo en oro a través de la alquimia. Además, debemos diferenciarla de la “falsa modestia”, la cual es una postura que el sujeto adopta para destacar de alguna manera sobre los demás (aunque únicamente sea ante sus propios ojos).

De la misma manera en que hablamos de la falsa modestia, existe también la falsa humildad.  Nietszche escribió sobre la humildad como una debilidad, una falsa virtud que escondía las decepciones en su interior, cosa que define perfectamente lo que llamamos “falsa humildad”.

“Por sus frutos los conoceréis”

Esta falsa humildad en la que, debajo de una capa de aparente aceptación de las limitaciones que poseemos, se esconde una soberbia y engreimiento desmedidos que no nos permite vivir acorde con el conocimiento de nuestra propia naturaleza, nos hace sentirse superiores a todo y a todos y  autoerigirnos en seres capaces de juzgar cualquier cosa o persona desde el Olimpo de los dioses. Nos hace caer en la crítica más brutal y despiadada hacia cualquier cosa que ponga en peligro nuestra elevadísima autoimagen; eso sí,  disfrazada de “nuestra humilde opinión”. Opinión que no va acompañada de ningún plan o iniciativa para cambiar lo que se critica o si se hace es sólo como algo secundario.

Es difícil diferenciar a la persona humilde de la que no lo es y lo parece, pero podemos hacerlo recurriendo a una frase del maestro Jesús: “por sus frutos los conoceréis”. Porque si uno obra acorde a su propia naturaleza, tarde o temprano la naturaleza responde dando sus frutos.

Debemos ser conscientes de que los problemas hay que asumirlos y trabajar para resolverlos, puesto que por regla general, no se resuelven solos, aunque sólo la persona humilde (consciente de sus limitaciones) puede hacerlo de manera real y efectiva, no del elato que se cree perfecto, ni el sumiso que se considera incapaz. Por tanto, la humildad forma una parte importante del camino y nosotros como místicos debemos reconocerla, distinguiéndola de la falsa, y fomentarla a través de su promoción por todos los medios a nuestro alcance.

Solemos olvidar que al comienzo casi todos aprendemos por imitación hasta que desarrollamos nuestras propias convicciones, y lo más deseable sería que tuviéramos a la vista seres con virtudes dignas de imitar –como la humildad.

Para finalizar me gustaría que reflexionaran sobre la siguiente afirmación:

“Las personas sabias actúan de manera humilde y sin hacer proclamación de los resultados de sus obras o de sus conocimientos”.

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