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lunes , 25 septiembre 2017
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EL SAXOFÓN (Saxo) EN EL JAZZ

Oscar A. Fernández O.

El saxofón ocupa un lugar medular en la escultura del jazz, help hasta el punto de ser el instrumento-referencia del mismo. Sin embargo, al comienzo del jazz hot*, y al menos hasta bien entrados los años 1920, el saxo no logró encontrar un hueco en las formaciones del género, pues estas se fundamentaban en lo que Peter Clayton llama “Santísima Trinidad del jazz de Nueva Orleans”, es decir, la sección de vientos formada por la trompeta, el trombón y el clarinete.

Inicialmente serían apariciones muy puntuales: Sidney Bechet con el saxo soprano, los tenores Bud Freeman o Gene Sedric; Frankie Trumbauer con el saxo melódico en do (intermedio entre el tenor y el alto); o Ernie Cáceres con el barítono, aunque todos ellos ya muy avanzada la década. Será solamente a raíz de los cambios que los estilos de Chicago y, sobre todo, Nueva York introdujeron en el jazz, y que acabaron conduciendo a la aparición del Swing, que el saxofón comienza a ocupar un lugar predominante en el jazz, no sin las iniciales reticencias de la propia crítica jazzística. (Ortiz Ordiriego: 1958)

La tradición del saxofón en el jazz no es igual para todos los tipos de saxos. Algunos de ellos se asentaron muy pronto y otros, en cambio, necesitaron un amplio periodo de desarrollo antes de tener una posición sólida. Algunos cuentan sus ejecutores por centenares, o incluso miles, y otros, como el soprano o el bajo, apenas tienen una o dos figuras reseñables (Art Themen, para el sopranino; Adrian Rollini, Min Leibrook y Harry Gold para el bajo). Por ello, es preciso realizar el análisis de cada saxo de forma independiente.

Inventado en 1848, tarda casi 40 años en adquirir prestigio, solo se lo usaba en bandas u orquestas de baile, siempre como relleno, nunca como solista destacado. Como sucede en otros campos, del arte, la ciencia, la técnica, “los recién llegados” rara vez son aceptados rápidamente, y pocos comprenden lo que estos proponen o traen consigo. Recién con la incorporación de una Cátedra de Saxo, en el Conservatorio de París, podría decirse que comienza otra etapa más seria de su estudio. El jazz hacia los años 20, se hallaba en su etapa de consolidación, pero sin embargo, no se lo utiliza en formaciones regulares de improvisación, si lo hacen las orquestas comerciales o de “revistas”, que son absolutamente olvidables y que lo utilizaban como una especie de “primo hermano del clarinete” pero sonando en conjunto (team).

El genuino estilo de jazz de New Orleans, tampoco lo incorpora a sus filas, constituidas generalmente por trompeta, clarinete, trombón, tuba, banjo, batería (o tabla de lavar), piano. El motivo de esta omisión, pienso, tiene poco que ver con aspectos musicales, sino más bien con un asunto de clases sociales y el medio socioeconómico de donde emergían estos negros talentosos y originales que inventaron esta fantástica música. Esto seguramente fue así, porque esos músicos con mayúsculas (aunque de escasa o nula formación musical ortodoxa), eran muy humildes económicamente, y obtenían sus instrumentos dificultosamente en casas de empeño, o de ocasión, donde rara vez por esos años aparecía un saxo, y si lo hacia su precio era inalcanzable para esa gente.

Con el estilo de Chicago, surgido como contracara del de New Orleans, y en particular en un grupo de músicos blancos llamado “The Wolverines”, piloteado por el absolutamente genial cornetista de Davenport Bix Beiderbecke, comienza a incluirse tímidamente un saxo con cierto protagonismo. El ejecutante se llamaba Frank Trumbauer, quien lo hacía en un saxo melódico. No obstante era bastante restringida su participación como solista, pues el “estilo Bix” basaba toda su expresión en el ensamble colectivo, con solos muy cortos, y escasos (aun del mismo Bix). Las grabaciones de Bix & his Gang, incluyen también otra curiosidad, la inclusión de un saxo bajo, el cual era utilizado en reemplazo de la tuba en funciones más bien rítmicas, aunque algunas veces se escuchaba algún solo, como el caso de la histórica grabación del tema “At The Jazz Band Ball” (E. Proppato; 2000)

Con la línea de saxos, las bandas enriquecen el fraseo, sus timbres y versatilidad; adquieren una personalidad sonora, que aún perdura, aunque nos parezcan muy lejanas las versiones de Benny Moton, en relación a las más refinadas como Fletcher Henderson, Benny Carter, Duke Ellington con el genial Jonny Hodges y un magnifico compositor y arreglador como Billy Strayhorn, Cab Calloway, o posteriormente Woody Herman, Count Basie, Stan Kenton , Buddy Rich, Tad Jones /Mel Lewis, Maynard Fergusson, Gil Evans, Bob Mintzer, o la reciclada sonoridad tradicional de los geniales arreglos de la bastante reciente (canadiense) Boss Brass de Rob McConell; por nombrar solo a algunas. La conjunción de todas las virtudes del saxo en el jazz, que músicos como Lester Young y Coleman Hawkins hicieran relevante, sobre todo en los estilos cool y bebop, daría su fruto por esas cosas raras de la vida, con el advenimiento inaplazable del mejor saxo alto de toda la historia del jazz, el gran Charlie Parker (The Bird).

Hasta aquí por hoy mis queridos fanáticos del jazz, cuyo número espero que crezca semana a semana, sobre todo entre los jóvenes. Saludos fraternos.

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