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sábado , 23 junio 2018
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La violencia y los caminos para resolverla

FESPAD

El 2015 pasará a la historia como uno de los años que ha registrado más homicidios, medical después de la firma de los Acuerdos de Paz. 6557 vidas fueron segadas, cialis sale colocando al país como uno de los más violentos del mundo (103 por cada 100,000 habitantes).

Parece lejano el día en que el país fue considerado ejemplo en el mundo por haber logrado la finalización del conflicto armado por la vía de la negociación. Hoy en día, algunos de los antiguos negociadores asesoran a otros países en temas de seguridad y paz, y el FMLN, ahora partido político, lleva su segundo período presidencial.

¿Qué ha pasado para que el país no pueda salir de esta vorágine de violencia e inseguridad? A nuestro juicio, la explicación tiene su base en varios factores, predominantemente, en el desatinado abordaje del fenómeno de la violencia en las décadas pasadas y la no superación de las brechas de desigualdad social que hicieron que un millón de salvadoreños y salvadoreñas emigrara.

Es imposible prevenir un cáncer, cuando ya se ha presentado. Años de políticas de mano dura poco efectivas, germinaron en un populismo punitivo para ganar elecciones, pero no para detener la criminalidad. Convenientemente temas trascendentales como el control de armas, crimen organizado o los negocios que surgieron de la violencia, fueron minimizados u ocultados.

La vía de la prevención y el diálogo siempre fue poco atendida y muchas veces estigmatizada, se le invirtió poco, algunos esfuerzos dispersos. Algunas comisiones creadas para elaborar planes de seguridad, que fueron escasamente implementadas, hasta el impulso de la malograda tregua, opción poco convencional y no compartida por la población, pero que redujo significativamente los homicidios.

En los últimos 7 años de gobiernos con índole progresista, aunque se intenta salir del esquema meramente punitivo, con la adopción de una política integral, la creación de un Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana y Convivencia, la creación del Plan El Salvador Seguro y el desarrollo de algunos programas de prevención, persiste la tendencia al “manodurismo”, reflejada en la militarización de la seguridad pública (11,200 militares en esa tarea para 2015), más de 495 enfrentamientos de la policía con los pandilleros, con resultado de 520 homicidios; el incremento de casos de ejecuciones extrajudiciales y tortura atribuida a la policía o la Fuerza Armada.

Está demostrado que el “manodurismo” no soluciona, las causas estructurales de la violencia y la criminalidad, por el contrario, agudiza las causas y profundiza los conflictos, generando nuevas formas de violencia.

No debe confundirse el “manodurismo” con la aplicación de la ley. Quienes delinquen deben ser investigados y sancionados. Pero ello no quita que se siga el debido proceso y que quienes quieran rehabilitarse tengan esa posibilidad.

La reciente masacre de 11 personas en San Juan Opico, departamento de la Libertad, es un hecho lamentable y repudiable que debe llevarnos a la reflexión de la forma en que se están comportando los grupos criminales. Mal haríamos en creer que esta violencia sólo proviene de las pandillas –aunque son un actor relevante generador de violencia- sin considerar al crimen organizado y la cada vez más evidente existencia de grupos de exterminio o grupos armados al margen de la ley.

En estos momentos, se impone la necesidad de una discusión abierta y racional buscando la unidad de esfuerzos en la búsqueda de respuestas efectivas. Las discusiones sobre las propuestas de ley sobre la reinserción y rehabilitación son positivas como también las reuniones entre el Presidente de la República con los presidentes de los otros órganos y el Fiscal General de la República. Otra discusión es la del régimen de excepción, con lo cual debe tenerse especial cuidado para que el remedio no sea parte de la enfermedad.

Deberíamos aprender del pasado, y no seguir buscando respuestas en el “manodurismo”. Dentro de este panorama negativo, hay oportunidades, con personas y grupos que pueden impulsar cambios y nuevos paradigmas en el abordaje de la violencia. Especialmente desde los/las niñas y juventudes, que son víctimas recurrentes de la violencia. Todo está en dar la oportunidad de escucharlos.

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