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Contribución a la crítica del pensamiento de Franz Hinkelammert

MSc. Tito Alfredo Jacinto Montoya.

(Catedrático de la Universidad de El Salvador).

Lo que sigue a continuación es una reflexión crítica marxista-leninista del pensamiento de Franz Hinkelammert tal como aparece en el Prólogo de su investigación titulada “Democracia y Totalitarismo”, segunda edición, 1990, Editorial DEI. Entonces, es solo eso, la consideración de su pensamiento tal como se nos muestra en el Prólogo de ese trabajo investigativo. Eso es lo que es. Ahora también, hay que decir qué es lo que no es. No es una crítica del pensamiento global de Hinkelammert. Metodológicamente no caeremos en la trampa de tomar la parte por el todo. Pero, de igual manera, hay que recordar el sentido profundo de la sentencia popular en el sentido de que “si eso es en lo poco, qué no será en lo mucho”.

El pensamiento de Hinkelammert me aparece como una reflexión que se queda a mitad del camino en el análisis. Propone que “Hay que solucionar el problema económico de las mayorías para poder tener un régimen político basado en las mayorías”. Pero en ningún momento plantea que la solución del problema económico de las mayorías no se puede realizar al interior mismo del capitalismo como sistema último de posibilidades. Que de las mayorías de la que se está hablando es de la clase trabajadora. Que esa solución del problema económico solo es posible realmente con la guerra popular revolucionaria que destruye el Estado capitalista y el sistema burgués, para construir un sistema socialista que sea, efectivamente, la negación real de la negatividad del sistema capitalista y su ley general de acumulación. Es una reflexión que se queda corta no solo por lo que no dice, porque lo que no dice se puede derivar como consecuencia necesariamente lógica de lo que afirma. Y, además, se queda corto porque lo que sí afirma lo hace de tal manera y utilizando categorías que caen en el campo de la ideologización y no alcanzan el estatuto de categorías científicas. Por ejemplo: afirma que “las condiciones de la solución económica serán también condiciones de la estructura política posible. Ningún ilusionismo o utopismo democrático podrá cambiar este hecho: la democracia posible, es aquélla que es capaz de generar estructuras económicas que funcionen en favor de los intereses de las mayorías”. La tesis de la democracia posible corresponde al marco teórico de la cosmovisión de la social-democracia, la cual considera que hay que buscar la democracia posible, en el entendido que el marco de posibilidades lo establece la fuerza de imposición de la lógica del capital. En ningún momento considera, pues jamás lo menciona, a la lucha revolucionaria como vertiente constitutiva del carácter posible de la democracia. Según esa tesis, que pretende pasar desapercibida, en una forma inocente y subrepticia, “hay que hacer lo que se pueda” siempre dentro de los marcos de las relaciones de poder y los procesos de acumulación de plus valor propios del capitalismo. Por ello, de manera encubierta, nos impone la idea de que el sistema capitalista como tal es un absoluto intrascendible y que cualquier praxis que pretenda transformarlo esencialmente está destinado al fracaso, o bien cae en el campo de lo absurdo, de lo que no tiene lugar, de la utopía. En este punto será muy ilustrativo el análisis que hace Ignacio Ellacuría respecto de la categoría de posibilidad: “Posibilidad no es aquello que no es imposible, ni siquiera aquello que es positivamente posible, sino aquello que posibilita. Y posibilitar consiste formalmente en dar un poder sin dar una necesidad fija y unidireccional de realización de ese poder”. Esto significa que el campo de lo posible, de “la democracia posible” no se fundamente única y exclusivamente en aquello que posibilita la fuerza de la funcionalidad e imposición mecánica de las leyes de la lógica del capital. El carácter posible de la democracia, que tiene que ser mejor entendida como dictadura del proletariado en todas sus vertientes constitutivas, depende también de la fuerza de imposición de la objetividad de la lucha popular revolucionaria dentro del marco de la lucha de clases en una Formación Económico-Social determinada en un momento igualmente determinado. El campo de lo posible también se abre a partir de la fuerza objetiva del poder popular organizado como clase revolucionaria. Pero todo esto no lo propone Hinkelammert. Y al no proponerlo, al no sacar las consecuencias lógicas necesarias de su mismo planteamiento, deja todo este proceso constitutivo de lo posible por la vía de la praxis en un limbo, en un claro-obscuro en el cual reinan las tinieblas, y campean los demonios del reformismo y la alienación burguesa.

Hinkelammert asegura que “la democracia es concebida , no como un conjunto de valores, sino como una estructura política que administra el poder en la sociedad”. Y agrega que “El ejercicio democrático del poder, tiene que asegurar que todo poder se ejercite en función del conjunto social, de todos los sujetos”. Pero al dejar de lado la consideración clasista del fenómeno en el contexto de la lucha de clases, no puede menos que ideologizar, encubrir la esencia del fenómeno, y ello únicamente le sirve a los intereses estratégicos de la clase dominante. Cuando Hinkelammert dice que entiende la democracia como una estructura política que administra el poder en la sociedad, esta ocultando que el poder que administra esa estructura política es el poder de la clase dominante que explota y oprime a la clase trabajadora; por tanto, que dicho poder es un poder que no solo se administra sino que se impone, y que de hecho el Estado capitalista tiene, además de una función administrativa, una función de dominación; y que por tanto esa estructura de poder no es neutra, sino que tiene un carácter clasista. Por otra parte, Hinkelammert suele identificar, casi mecánicamente, “valores democráticos” con “derechos humanos”. Pero, en el contexto de las sociedades donde hay clases sociales y lucha de clases, el carácter democrático de los mismos está ligado a la idea “la mayoría”, y la mayoría es, de facto, la clase trabajadora, tiene por tanto una dimensión clasista. Y en la medida que es clasista, es una categoría concreta, a diferencia de la categoría “derechos humanos” que en su abstracción se refiere a todo ser humano posible, poniendo como entre paréntesis el carácter clasista de ese ser humano. De un plumazo Hinkelammert hace desaparecer el conflicto clasista y la determinación de las clases sociales en la existencia social conflictiva.

Entonces, en el pensamiento de Hinkelammert encontramos mistificación tanto en lo que dice, en el modo de decirlo, como también en lo que no dice y calla.


Es una reflexión que se queda corta no solo por lo que no dice, porque lo que no dice se puede derivar como consecuencia necesariamente lógica de lo que afirma. Y, además, se queda corto porque lo que sí afirma lo hace de tal manera y utilizando categorías que caen en el campo de la ideologización y no alcanzan el estatuto de categorías científicas. Por ejemplo: afirma que “las condiciones de la solución económica serán también condiciones de la estructura

política posible”.

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