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Un feligrés ora durante la actividad que abarrotó la plaza Gerardo Barrios para presenciar la santificación de San Romero, en el Vaticano, por el papa Francisco. Foto Diario Co Latino/David Martínez.

«EN SANTIAGO DE MARÍA ME TOPÉ CON LA MISERIA»

Dos años de la Vida de Mons. Romero (1975-1976)
¿Años del Cambio?

Nuestra diócesis consta de casi medio millón de habitantes, con solo 25 sacerdotes, incluido el obispo, para atenderlos. Nuestra primera necesidad es, por tanto, de personal sacerdotal; y con cuánto gusto tenderíamos los brazos a generosos sacerdotes, bien formados y con sincero espíritu misionero, que quisieran venir a compartir esta aventura por el Reino del Señor…

Y eternamente bendecirá su memoria este humilde pastor y el Pueblo de Dios que con él aquí peregrina. Fraternalmente. Fmdo: Oscar A. Romero, obispo de Santiago de María”.150

Ya antes, en el mes de febrero de ese mismo año, había escrito a su amigo y compañero de estudios en Roma, Mons. Enrique Mejía, para hacerle la misma petición:

“Querido Monseñor Mejía:

…Quiero pedirte también otro favor de carácter diocesano y personal. Tal vez ya tienes una idea de mi pobre diócesis de Santiago de María… El favor, pues, que te pido, es que me ayudes a buscar algunos sacerdotes que quieran venir a tomar una parroquia y, si es posible, una región de esta diócesis que por escasez de sacerdotes están hoy desatendidas. En primer lugar, apóyame la súplica que en esta misma carta le hago al P. Esteban para ver la posibilidad de que el instituto despliegue sus maravillosos carismas misioneros en estas tierras que, sinceramente, son de misión, pero con una respuesta maravillosa de parte de nuestra buena gente. ¡Qué daría yo por contar entre mis colaboradores con tan magníficos elementos!

También otra súplica. “Caro Mejía”, ¿no te sería posible conseguir para mi diócesis algunas comunidades de religiosas que puedan y quieran dedicarse a la vida parroquial, ya sea para ayudar a algún párroco en sus ministerios en la cabecera parroquial, o bien para establecerse en pueblos sin sacerdote para realizar las funciones de que sean capaces?

Pero no debo omitir de decirte que por su pobreza esta diócesis no puede ofrecer mayores ventajas económicas. Se trata de regiones pobres, pero puedo asegurarte que nuestra gente comparte, generosa y con cariño, sus mismas pobrezas con quienes les prestan el servicio espiritual que tanto ansían.

Perdona, pues, Monseñor Mejía, que te haya cargado con mis preocupaciones de pastor. Pero estoy seguro de que las acoges con corazón de hermano y que harás lo que te sea posible por esta porción necesitada de nuestra santa Madre Iglesia…”.151

Y para acabar, entre las otras muchas cartas que hay sobre el asunto, vamos a transcribir esta al obispo de Palencia (España); Zacarías la llevó personalmente y la comentó con el prelado palentino.

“Querido Hermano Obispo:

Estimulado por la amistad con que V.E. honra a nuestro estimado padre Juan Macho Merino, pasionista que trabaja, desde hace muchos años, en esta diócesis de Santiago de María, me permito dirigir a V.E. este saludo fraternal y valerme del viaje a España del P. Zacarías Díez, también pasionista de esta diócesis, para repetirle una súplica de socorro en el sentido ya indicado a V.E. por el P. Juan.

Para atender a medio millón de almas solo somos 25 sacerdotes. V.E. nos daría un gran alivio si permitiera que uno o varios sacerdotes de esa diócesis, mejor provista de clero, se trasladaran a esta parte de la Iglesia a unir su colaboración a nuestros esfuerzos de evangelización. Naturalmente se trata de sacerdotes bien formados en el sano progreso de la Iglesia actual, con mucho espíritu de sacrificio y capacidad de adaptación a un ambiente tan distinto del que dejarían.

El P. Zacarías lleva el encargo de exponer mejor a V.E. nuestra situación y nuestra súplica también a cerca de otras indigencias de esta diócesis, la más pobre de las cinco de El Salvador, con la esperanza de que Palencia, con un noble gesto de efectiva colegialidad, querrá a socorrernos desde el ámbito de sus posibilidades…”.152

Estos gritos de socorro y de auxilio de Mons. Romero fueron de alguna manera escuchados, pues llegaron algunas religiosas (que fueron ubicadas en la zona norte, en Ciudad Barrios, y trabajaron muy bien). Las religiosas que había en la diócesis en tiempo de Mons. Romero eran de 13 a 15, divididas en tres comunidades: las pasionistas, las franciscanas y las carmelitas de San José. Las dos primeras comunidades se dedicaban a la pastoral educativa: las primeras tenían un colegio en Santiago de María, y las otras en Usulután. Solamente las últimas se dedicaban directamente a la pastoral parroquial, preparando catequistas y agentes de pastoral laicos en Ciudad Barrios.

También llegaron como unos 7 sacerdotes, que estuvieron en distintos tiempos, y que no aguantaron mucho, debido a la pobreza del lugar y a la situación social y política cada vez más deprimente y peligrosa. Con varios de estos sacerdotes tuvo problemas; especialmente con uno al que Monseñor tuvo que “suspenderlo”.153

En realidad, estos sacerdotes no le resolvieron el problema pastoral pendiente en la diócesis. Esto le condujo a Monseñor a buscar ayuda para la evangelización de su diócesis en “los agentes laicos de pastoral” y en “las pequeñas comunidades cristianas” que estaban comenzando a existir en la diócesis, sobre todo en algunas parroquias que hacían girar su pastoral alrededor del centro de promoción campesina “Los Naranjos”.

Veamos este punto, lo trata Monseñor en la revista diocesana “EL APÓSTOL”. Leamos estas ideas escritas por él mismo:

“La Voz del Pastor

HACER PEQUEÑAS COMUNIDADES, UNA CONSIGNA DE CUARESMA

Cuaresma y Semana Santa nos ofrecen una ocasión propicia y única para que el Evangelio de Cristo llegue más copiosamente al corazón de nuestro pueblo. Pero esta tarea evangelizadora no es solo de los sacerdotes, sobre todo, donde los sacerdotes son tan escasos. También los laicos cristianos, por su bautismo, están capacitados y son responsables de la evangelización del mundo. Por eso, desde que inauguré la Cuaresma de esta diócesis, el miércoles de ceniza en la catedral, hice un llamamiento, que hoy quiero repetir para agradecer y felicitar a quienes lo están llevando a la realidad y para repetir la súplica de colaboración que, en ese sentido, pueden prestar todos los católicos: se trata de organizar pequeñas comunidades en sus cantones, en sus barrios, en sus mesones, en donde quiera que un cristiano pueda reunirse con dos, tres a más amigos para reflexionar juntos la Palabra de Dios, leyendo la Biblia y comentándola juntos para alimentar en forma comunitaria su vida espiritual cristiana y llevarla a la participación de los sacramentos e irradiar en el ambiente el espíritu cristiano. En otras palabras, crear un grupo cristiano del que Cristo pueda decir que es, en su ambiente, luz del mundo, sal de la tierra, fermento de la sociedad.


150. A.S.M.: Carta de Mons. Romero (pidiendo sacerdotes), 12 de mayo de 1976, pág. 1.

151. A.S.M.: Carta de Mons. Romero a Mons. Enrique Mejía, 13 de febrero de 1976, pág. 1.

152. A.S.M.: Carta de Mons. Romero al obispo de Palencia, Mons. Anastasio Granados, 12 de mayo de 1976, pág. 1.

153. En el archivo episcopal de Santiago de María hemos encontrado el “Decreto de Suspensión” de dicho sacerdote, con fecha del 30 de junio del 1976.

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