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¿QUE PERDEMOS SIN LA UNIDAD?

Luis Arnoldo Colato Hernández
Educador

El futuro, pues ahora mismo no existe su viabilidad para nuestro país.

Los esfuerzos adelantados por algunos, por construir la unidad electoral entre la oposición y su diversidad de cara a los comicios venideros, enfrentan una serie de dificultades que impidieron hasta ahora se concretara tal unidad.

Personalismos, búsqueda de cuotas de poder y la perversa malicia, son solo algunos de los obstáculos a su concreción.

En contraste el oficialismo la tiene fácil, habiendo cooptado mediante el golpe al aparato judicial y por su intermedio a todo el aparato administrativo vital del estado, instalando a sus elementos partidarios que a su vez engrasan todas las instancias del mismo, con el crudo ánimo de controlarlo mediante su masiva presencia, a lo que suma la mediática a su disposición, empeñada a fondo día a día con el propósito de desinformar y alienar a la población para favorecerse electoreramente.

Así, electoreramente, pues hasta el único logro de esta administración, el combate frontal a las pandillas es un proyecto electorero sin el ánimo de resolver el fenómeno como tal o la violencia e inseguridad ciudadanas subyacentes, pues no atacan sus causales que son de carácter estructural, lo que implica que en algún momento futuro se usarán de nuevo, para chantajear a la población, obligándola a apoyar el proyecto electoral del oficialismo so pena de liberarlas.

Con tal situación derivada del hecho de no haber producido nada en esta gestión, medianamente presentable, como haber generado condiciones atractivas para la inversión que deriven en la creación de fuentes de empleo, o construir un firme y fuerte estado de derecho, o desmontar las condiciones e instituciones que hasta ahora aseguraron la inequidad y desigualdad social, o, cosas tan simples como regular el mercado para evitar los excesos y abusos que ahora vemos en las desmedidas alzas de precio producto precisamente de un mercado desregulado, que solo beneficia como siempre a las élites empresariales y financieras, agudizando las condiciones de desigualdad que siempre sufrimos, perpetuando así el ciclo de violencia que padecemos.

Para evitar el agravamiento de este escenario es fundamental precisamente superar las diferencias y vicios que impidieron hasta ahora el construir un amplio frente que unifique a las diferentes entidades que buscan un mismo propósito: instalar el estado de derecho, recuperar la institucionalidad, sanearla de la extendida corruptela que se ha instalado en ella, desmontando de una vez y para siempre, toda estructura que aseguró la conservación de los males socio político culturales estructurales causantes de todos los padecimientos que ahora nos castran como sociedad.

Es decir; admitir la sobrevivencia del esquema de desigualdades estructurales que expulsó hasta la mitad de nuestra población y dejó al resto en las garras de un mercado interno inhumano, que repta al abrigo de una superestructura diseñada precisamente para perpetuar tales condiciones, nos hace cómplices y responsables de los padecimientos de nuestro pueblo, por tolerar las condiciones de violencia y desigualdad imperantes, desoyendo la histórica obligación de plantarle cara al fascismo.

Ahí está la urgencia de la unidad.

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