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Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad

Por Prof. Andre Bouguenec, F.R.C. Doctor honoris causa de la Universidad de Venecia

(De la Revista El Rosacruz, Agosto de 2007)

(A tono con la época de Navidad y Año Nuevo, se ofrece aquí otro trabajo sobre una obra pictórica famosa que es simbólica de valores espirituales. Que lo disfruten nuestros apreciados lectores).

   Ante una obra maestra de la pintura

Esta obra de Nicomedes Gómez es profunda como el Cosmos; hasta varios capítulos no bastarían para desarrollar la inspiración recibida por el artista iniciado. Tengan cuidado, pues los que pretendan encontrar aquí una amable decoración alegórica, porque nos encontramos frente a una obra científica, que en explosión de la belleza, mezcla, al propio tiempo, los argumentos de la materia, del espíritu y de la ciencia. Las manos, la paloma y la cruz, traducen los símbolos que se tienden y se proyectan hacia nuestro planeta que ha transformado y perdido con ello la alianza vital en una amalgama de paz.

Si la materia es la manifestación de Dios, vano es separar el espíritu de ella, porque la ciencia y la belleza de su estructura, en ella manifestadas, nos hacen amarla. La armonía es una síntesis y no una división. La paz se alcanza comprendiendo que la arquitectura de la vida está hecha de esas tres dimensiones inseparables. Entonces solamente puede nacer el amor, que entrega su dimensión eterna y la tierra se hace luz.

Materia y ciencia, del siglo XX llegan a ser monstruosas, faltas de espíritu necesario en la consciencia humana.

   La Paz, un olivo precario

Suelta una paloma, que pura y frágil desciende hasta un mundo enfurecido; tiene ella también una ciencia, que la acompaña, la del espíritu que va a fecundar la materia.

La Paz, olivo bien precario, no concreta solamente el apaciguamiento de las violencias, sino la implantación del espíritu en la materia de los hombres. Nicomedes Gómez ha pintado este esquema de la Vida y el Porvenir, con un arte profético, que jamás hayamos visto tan preciso y magistral como en sus obras, de una factura única, mezclando la belleza y la visión espacial de los símbolos.

Su talento nos transporta y nos ensancha en un universo vivo, desconocido, que duplica la materia. Arranca al hombre de sus limitadas visiones efímeras y de sus mezquinos hábitos.

Cada obra maestra de Gómez es mágica y tiene la facultad de conmovernos irresistiblemente y embellecer nuestro interior con el derrame de su luz prodigiosa.

Apreciando esta obra bien puede comprenderse el significado de la declaración bíblica de “Paz en la Tierra y a los hombres de buena voluntad”.

Es recomendable interesarse por buscar en una pinacoteca o quizá ahora en internet esta obra descrita por el Prof. Bouguenec.

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