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«EN SANTIAGO DE MARÍA ME TOPÉ CON LA MISERIA»

Dos años de la Vida de Mons. Romero (1975-1976) ¿Años del Cambio?

En los años siguientes se continúa más o menos este ritmo y línea de pastoral más potenciado, si cabe, por la nueva realidad del centro “Los Naranjos”. Queremos acabar este apartado sobre la parroquia de Jiquilisco con las impresiones que transcribió el P. Provincial en su Acta de la Visita Canónica que hizo a Jiquilisco durante los días 2 al 14 de abril de 1974:

“…Durante este tiempo, he procurado visitar los distintos lugares y cantones atendidos por nuestros religiosos, así como el centro de promoción campesina “Los Naranjos”.

Es verdaderamente ardua y al mismo tiempo provechosa su labor apostólica. El pueblo aprecia la labor y sacrificio de los padres… Este grupo religioso comunitario está animado de buen espíritu y su entrega generosa al trabajo. Terminada la casa y funcionando la iglesia, en estos días se está adecentando las escalinatas de la iglesia y el acceso al convento o casa parroquial. También han trabajado con ilusión para despertar las vocaciones, hay un muchacho que ofrece buenas esperanzas. En general creo que es muy de alabar el trabajo de nuestros religiosos. El centro ha aumentado el campo de trabajo y les ha dado a conocer en la República. Trabajan así junto con otros centros en una labor de actualidad y de gran necesidad. A pesar de no ser fundación (pasionista), merece el apoyo de la Provincia…”.25

3.3.- Centro de promoción campesina “Los Naranjos”

Como el centro “Los Naranjos” sito en la parroquia de Jiquilisco, fue otro de los puntos debatidos por Mons. Romero, creándose un verdadero “affaire”, queremos explicar un poco en este primer apartado sobre su nacimiento o comienzo, y, sobre todo, el trabajo realizado en el centro hasta la llegada de Monseñor.

El centro de promoción campesina “Los Naranjos” nace en julio de 1971; en los primeros meses con cursos para catequistas y agentes de la parroquia de Jiquilisco. Es en octubre que se abre, en coordinación con los otros centros de promoción del país, a las otras diócesis y parroquias, realizando el Primer Curso de PRIMER NIVEL para Delegados de la Palabra (o catequistas como se prefería llamarlos), o animadores de comunidad.

Los otros centros existentes se llamaban: “Universidad Campesina: El Castaño” en la diócesis de San Miguel, y “Escuela La Providencia” en la diócesis de Santa Ana; a estos se les une el nuevo centro de promoción campesina “Los Naranjos” de la diócesis de Santiago de María, aunque al principio no se llamó así, sino que nació con otro nombre. Pero oigamos a uno de los fundadores:

“Mª LÓPEZ VIGIL: ¿Y cómo nació el centro?

JUAN: El centro, en primer lugar, atendiendo un deseo expresado por la Conferencia Episcopal de El Salvador, habíamos pensado y habíamos proyectado que el centro fuera, de acuerdo con los otros centros de “El Castaño” y “La Providencia”, como “ESCUELA DE CATEQUESIS Y DIACONADO”.

Mª LÓPEZ VIGIL: Para formar diáconos.

JUAN: Sí; la idea era de los diáconos permanentes. Y así lo presentamos en el proyecto realizado por los centros a la Conferencia Episcopal. Y la Conferencia Episcopal lo aprobó por unanimidad, con expresa emoción y contento de varios obispos, especialmente de Mons. Chávez y González, el arzobispo… Pero Mons. Castro y Ramírez, obispo de Santiago de María, después de salir de la conferencia, me llamó para decirme que sí, que él había estudiado el proyecto, pero que eso iba a traer algunos problemas, y en su diócesis no quería problemas. Él decía que por qué no hacíamos y comenzábamos por una cosa más sencilla. Fue entonces que realizamos un acuerdo con los PP. norteamericanos del Castaño y comenzamos nosotros con el primer nivel (de formación) y El Castaño quedaba con el segundo y tercer niveles de delegados de la Palabra o catequistas.

Mª LÓPEZ VIGIL: Pero diáconos en ningún lado.

JUAN: En ninguno 26.

Como nunca se formaron diáconos permanentes, no tenía sentido llamarse el centro con el primer nombre: (Escuela de Catequesis y Diaconado), y se le dio este otro, por el lugar donde estaba ubicado, y porque se iba a trabajar especialmente en la promoción de los campesinos: CENTRO DE PROMOCIÓN CAMPESINA “LOS NARANJOS”.

Era un edificio de dos plantas que había fungido como colegio de las religiosas pasionistas durante varios años; nos lo cedieron las religiosas en usufructo para tareas pastorales de la parroquia. Distaba de la casa parroquial poco más de un kilómetro, a las afueras del pueblo.

Ni que decir tiene que estos tres centros de formación de laicos y agentes de pastoral, así como los otros cuatro restantes que nacieron poco después en el país, surgieron a la sombra y exigencias de las opciones y urgencias pastorales promulgadas por el Concilio Vat. II y Medellín.

En cuanto al trabajo realizado en “LOS NARANJOS” durante los años 1971 y 1972 podemos leer en las crónicas del BSF lo siguiente:

“El centro “Los Naranjos” nació con la inquietud y el deseo de ayudar a los campesinos a encontrarse a sí mismos como hombres y como cristianos, y a tomar con seguridad su puesto en la sociedad y en la Iglesia.

Comenzó el primer curso formalmente el 17 de octubre de 1971. Desde entonces a estas fechas, más de 300 campesinos han recibido cursos de primer nivel, en cursos normales de cuatro semanas; otros 198 alumnos han recibido los beneficios del centro en cursos más breves; y en jornadas de animación de un día otros 202.

EVALUACIÓN DEL AÑO 1972: En el transcurso del año que acaba de terminar hemos tenido en total OCHO CURSOS de primer nivel con cuatro semanas de duración, 252 campesinos recibieron esta primera fase de su formación. Tanto párrocos como los mismos alumnos nos manifiestan constantemente su satisfacción por nuestro sistema de enseñanza. También el equipo de El Castaño ha expresado repetidas veces la constatación de la buena preparación que consiguen los egresados de nuestro centro cuando llegan a su segundo nivel en dicho centro.

Otros 394 campesinos han recibido también aquí adiestramiento como auxiliares de catequesis, líderes cooperativistas y finalmente evaluadores de la conducta humana en cursos de laboratorio vivencial y dinámica de grupo.

Un total, pues, de 646 campesinos han sentido el renacer de su esperanzada ilusión de una vida auténticamente cristiana para ellos y sus comunidades rurales. Ellos nos manifiestan repetidamente su cariño en sus visitas al centro y en sus cartas. Ven en el centro un faro de luz y esperanza, e indican haber aprendido que el cristiano tiene un compromiso de lucha para lograr de este mundo un lugar donde los hijos de Dios puedan vivir y así realizar el plan del Creador.

Todo ello es para nosotros un estímulo y una exigencia que nos recuerda que evangelizar a los pobres sigue siendo el signo de nuestra misión”.27

En las crónicas de este mismo boletín trimestral se nos recuerda la actividad realizada el año 1973:

“Los cursos han sido de temas variados: de primer nivel, de animación, de catequesis, de concientización, de cooperativismo, para profesores…

También su duración es variada, pero suelen ser de 4 días o bien de once. La mayoría han sido jornadas de animación que ocupan un solo día. Los de primer nivel son de 20 días.

En números, el trabajo realizado este año se expresa así:

Cursos tenidos…………………………47

Días que han ocupado……………..222

Número de participantes………….1.278”28.

Por lo interesante que resulta para conocer un poco la finalidad, la metodología, los temas, y, sobre todo, el espíritu de búsqueda del equipo que dirigía el centro en estos primeros tres años, nos van a permitir que transcribamos esta cita, aunque sea un poco larga; la creemos importante por lo que luego, meses más tarde, se discutirá y se pondrá en tela de juicio, es decir, la línea del centro, ante la mente teológica y la praxis pastoral de Mons. Romero. También queremos que quede bien claro todo este punto para comprobar y ver las inexactitudes de algunos autores que han hecho afirmaciones sin fundamento29.

“EVALUACIÓN DEL TRABAJO DEL CENTRO:

Análisis de los años de labores: Los datos de estadística que aparecen en el numeral anterior, pueden dar una idea del trabajo realizado (en lo material), pero tenemos que reconocer la dificultad de someter a números la eficacia de una labor de evangelización. Por supuesto, los objetivos y metas propuestas en esta evangelización escapan totalmente a la capacidad de las cifras; y, sin embargo, no podemos conocer la eficacia de nuestra labor si no tenemos como punto de referencia estas metas y objetivos.

Desde el principio, el centro tuvo como objetivo la capacitación del campesinado para asumir dentro de la Iglesia las responsabilidades e iniciativas que son propias del laico consciente de la madurez de su fe. No se descartó nunca la posibilidad de llegar a la formación de diáconos con o sin Orden Sagrado, esto es la jerarquía quien debe determinarlo. Por eso, nuestro “Proyecto de Catequesis y Diaconado”.

A los dos largos años de comenzado nuestro trabajo, no tenemos inconveniente en reconocer que nuestro comienzo estuvo lleno de lagunas. Sencillamente tenemos conciencia de que Dios no eligió para esta obra suya lumbreras, simplemente aceptó nuestra sincera voluntad, lo demás es cosa de Él.

Lo que sí tuvimos claro desde un principio es la conciencia de nuestra responsabilidad y, en nuestra limitación, hemos tratado de superarnos y capacitarnos hasta donde nos ha sido posible. Hemos tratado de aprovechar los medios a nuestro alcance: lecturas, reflexiones en equipo, y sin escatimar el sacrificio económico, los cursos del CELAM en Colombia y otros en países vecinos de C.A.

Desde un principio también nos fijamos unas metas y objetivos a conseguir: Meta final: formar agentes de pastoral que llenen las lagunas propias de una Iglesia escasa de clero. Esta meta, pensamos, debe ser lograda por pasos o etapas sucesivas y progresivas, pero siempre a la luz de la fe”.30


25. A.C.P: Archivo vicarial, Libro de Visitas Canónicas, pág.25.
26. Testimonios: Grupo nº 2: JYV. pág. 6.
27. A.C.P.: BSF., nº 53, junio 1973, pág. 220.
28. A.C.P.: BSF., nº 55, febrero 1974, pág. 128.
29. Jesús DELGADO, obra citada, págs. 63-66.
30. A.C.P: BSF, nº 55, febrero 1974, pág. 129.

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