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En ARENA arde Troya

Luis Armando González

De entrada, debo decir que no simpatizo con las visiones apocalípticas y catastrofistas de la realidad nacional –ya que hacen parte de una peligrosa “medievalización” cultural a la que me opongo— pero lo de “arde Troya” tiene un tono sarcástico, pues trae a cuenta aquello que dijo Alfredo Cristiani en el marco del triunfo electoral del primer gobierno del FMLN.

Pues bien, en ARENA en estos momentos la situación es ciertamente crítica, quizás incluso más grave que la generada con su derrota electoral en 2009. Decir que el partido está dando sus últimos estertores –o cosas equivalentes— a lo mejor sea un exceso, pero no lo es sostener que vive una severa crisis institucional y de legitimidad ante propios y extraños. Y el detonante de ello fue el testimonio judicial del expresidente Elías Antonio Saca, según el cual el partido ARENA fue uno de los destinatarios –entre otros— de los recursos financieros manejados ilícitamente en su gobierno.

La situación fuera distinta –y hasta positiva— para el partido si Saca –tal como supuestamente fue convenido en el arreglo con la Fiscalía— se hubiera limitado a asumir la responsabilidad exclusiva por el millonario desfalco al Estado, sin involucrar a ARENA, pero no fue así: el expresidente no calló sobre el papel del partido (al igual que el papel de otras instancias –bancos y empresas mediáticas y de publicidad) en la red de corrupción de su gobierno. Y se desató la tormenta, que todavía no amaina, en las filas de la derecha política y empresarial.

Vaya uno a saber si Saca fue consciente de las consecuencias que desataría su testimonio; si lo fue, su malicia para denunciar (golpear) a ARENA lo redime, aunque sea un poco, de su descrédito moral y político; si no lo fue no importa, ya que estamos ante la confirmación de ese lema que sostiene que “vicios privados, virtudes públicas”: Saca hizo un bien a la sociedad al declarar que ARENA se benefició de la corrupción en su gobierno, ya que de lo contrario el proceder de este partido –y del COENA— habría quedado en la impunidad. No es que Saca sea un héroe: simplemente hizo saber a la sociedad salvadoreña que no estuvo solo en los manejos turbios de su gobierno, y al hacerlo puso en evidencia la red de corrupción de la que él, junto con otras instituciones y personas, era una pieza importante.

Una de esas instituciones es el partido ARENA, en cuyo seno el testimonio de Saca ha causado una fuerte conmoción. Los síntomas de ello son las idas y venidas de los dirigentes y figuras de ARENA en sus planteamientos –cambiantes, contradictorios, cínicos y anodinos— a cerca de los recursos financieros que Saca reveló haber entregado al partido. Desde el momento en el que Saca hizo la revelación que involucra a ARENA en la red de corrupción, no ha habido día en el que cualquier vocero del partido –han sido varios hasta el día de ahora— no haga un planteamiento diferente en torno al tema. Y lo usual ha sido que, en cada uno de esos planteamientos, el partido y su dirigencia han quedado (y queden) mal parados.

Una de las últimas acciones de ARENA ejemplifica bien esto que se acaba de anotar. En efecto, la dirigencia del partido ha decidido demandar a Saca por el delito de “agrupaciones ilícitas”. Los demandantes no parecen darse cuenta de que, para acusar a Saca de ese delito, debe asumirse que existen otros integrantes en esas agrupaciones, puesto que un grupo de uno es un sinsentido (que solo tiene cabida en quienes creen que un triángulo tiene cuatro lados).

Entonces, en caso de ser cierta la acusación que se le hace, ¿quiénes son los individuos con los cuales Saca formaba la agrupación ilícita? Pues es claro que los que fueron parte de la red de corrupción de su gobierno, en sus distintos eslabones. Uno de esos eslabones, tal como se desprende del testimonio del expresidente, fue el partido ARENA, de donde se sigue que también los miembros de su dirigencia pueden ser acusados de agrupaciones ilícitas, al estar agrupados ilícitamente –valga la redundancia— con Saca.

En resumen, la iniciativa de acusar a Saca de agrupaciones ilícitas no redituará ningún beneficio a ARENA, sino todo lo contrario. A estas alturas, está bien cimentada en el imaginario colectivo la tesis de que ARENA fue un receptáculo de recursos públicos canalizados fraudulentamente, no solo desde el gobierno de Saca, sino también desde el de Francisco Flores. O sea, que el partido fue parte del engranaje de corrupción de esos dos gobiernos, y posiblemente de los dos anteriores (el de Cristiani y el de Calderón Sol).

Todo lo que sus voceros han hecho, desde el fatídico momento en el que Saca habló más de la cuenta, para dar un giro distinto a la situación –desvinculando del partido al expresidente, buscando convertirlo en el responsable exclusivo de la corrupción, etc.— no ha logrado el objetivo buscado, y en esa medida los areneros han tenido que ir cediendo terreno en la aceptación de la responsabilidad incluso de miembros del COENA en la red de corrupción del gobierno de Saca.

A estas alturas, se escuchan voces importantes de derecha que aceptan que Saca tuvo cómplices en el partido; el asunto es quiénes son y, yendo más allá de eso, cuál será el procedimiento fiscal y judicial en contra de ellos. Es decir, la Fiscalía General de la República tiene mucho trabajo por hacer antes de dar por cerrado el caso Saca. Son varias las líneas de investigación que deben ser seguidas para completar un proceso que es complejo por tratarse de una red de corrupción pública-privada con focos en la política (ARENA), la banca y el mundo empresarial, mediático y publicitario.

Es de desear que la Fiscalía cierre este caso como es debido, ya que ello sentaría un precedente para el tratamiento de cualquier otro caso, de los pendientes o de los que se investiguen en el futuro. Hoy por hoy es el caso Saca, con todas sus ramificaciones, el que debe ser objeto de la atención pública, no mezclándolo con otros o desviando el debate hacia temas menos relevantes. Se debe exigir a la Fiscalía seguir las líneas de investigación derivadas del testimonio de Saca y de declaraciones de dirigentes de ARENA que, al igual que en el caso Flores –un caso no cerrado—, han aceptado que el partido recibió recursos provenientes de la corrupción en ese gobierno.


Una de las últimas acciones de ARENA ejemplifica bien esto que se acaba de anotar. En efecto, la dirigencia del partido ha decidido demandar a Saca por el delito de “agrupaciones ilícitas”. Los demandantes no parecen darse cuenta de que, para acusar a Saca de ese delito, debe asumirse que existen otros integrantes en esas agrupaciones, puesto que un grupo de uno es un sinsentido (que solo tiene cabida en quienes creen que un triángulo tiene cuatro lados).

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