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DECISIÓN 2019: seguir o detenerse

Francisco Herrera

Supongamos que usted, este 3 de febrero que viene, sale a votar pero no vota por el FMLN, ¿habrá votado por seguir? No.

Dicho con más precisión: supongamos que usted es pobre (muy pobre), sale a votar y vota por alguno de los partidos de los ricos (ARENA o GANA), es decir, no vota por su partido natural, ¿habrá votado por seguir? No.

Ahora esto: supongamos que usted es rico, sale a votar y no vota por su partido natural (ARENA o GANA), y vota por el FMLN ¿habrá votado por seguir? Sí.

Y al hacer esto ¿podrá decir usted que ha actuado correctamente, en plena conciencia? Sí, podré decirlo, porque en verdad así pienso, le agradezco la pregunta.

Pero, ¿no es un contrasentido ser rico y votar por el FMLN? No, no lo es si uno emite su voto sobre la base de una apreciación lo más ajustada posible a lo que está aconteciendo en el país. Además, déjeme decirle que es cierto que tengo mis comodidades, no lo niego; pero no soy oligarca. Este detalle es importante para mí, no soy oligarca, conozco a oligarcas y me daría vergüenza serlo en un país con tan alto grado de desigualdad social; empezando por mis hijos, me daría vergüenza ante ellos y sus amigos, me daría vergüenza tener conducta de oligarca cuando basta salir de su casa, en carro o a pie, y ver a cien metros la injusticia caminando en la calle.

Qué bien, me gusta que me lo diga; pero si usted fuera pobre (o muy pobre) ¿no cree que igual sería un contrasentido votar por uno de los partidos de los ricos, ARENA o GANA? Sí, tiene usted razón, sería como una ceguera colectiva.

Perdón entonces por insistir, usted es rico, lo lógico a mi manera de ver es que usted vote por ARENA o por GANA.

Sí, pero el 3 de febrero hay que estar en la historia, ya se lo decía hace un momento. En la historia y no en la lógica; ¿quiere que le diga por qué historia y no lógica? Porque lo que se ha hecho nunca se había hecho, nunca desde que los españoles nos invadieron, nunca desde que somos república, nunca desde que ARENA existe. Si en el 2009, en el 2014, ARENA hubiera ganado, nada, o casi nada de eso que ustedes llaman los programas sociales estuviera hecho.

¿Y GANA, hoy?, ¿acaso no es GANA la opción alterna para muchos de los descontentos de ARENA desde 2009?

No, señor, tal vez para otros, para mí no. Y en este momento, inimaginable. Es un error creer que GANA es “matiz” de ARENA, o variante suave de ARENA, mucho menos en materia social. Hay aspectos, incluso, en los que dirigentes influyentes de GANA se plantan sistemáticamente más a la derecha que ARENA.

Lo que yo he visto es que el FMLN se propuso llegar, se dio los medios para llegar, llegó, trabajó, y la obra está hecha. Digo hecha, no digo acabada. Hecha en el sentido de lo que objetivamente era posible hacer en diez años. Están por concluirse esos diez años; es una exigencia de objetividad la mía, reconocer lo que se ha hecho. Exigencia de objetividad es ponerle hechos, hechos, hechos concretos a mi honestidad. Yo trato de ser honesto.

Y fíjese, esto que le digo usted lo sabe: el FMLN tenía proyecto. En ese proyecto figuraba (sigue figurando, así lo entiendo aunque no soy del Frente) como eje estratégico de acción el concepto justicia social. Y usted sabe también que es en el terreno social donde ineludiblemente la estrategia nos lleva a la táctica, para equivocarse o para acertar. Para medio equivocarse o para medio acertar. Por ahí alguien tiene escrito que la política es el arte de los límites. Yo digo, ¿pero cómo hago para medir, en situación concreta, los límites? ¿Fregado, no?

Se lo pongo así: para el FMLN no bastaba ser oposición, era necesario acceder al poder, al Ejecutivo, ahí donde está la decisión sobre lo que ordinariamente se entiende por lo social (educación, salud, etcétera). ¿Qué tal que una vez firmados los Acuerdos hace 27 años el FMLN se hubiera encerrado en verdades pétreas y no se hubiera propuesto –paso siguiente– gobernar?… ¡feliz la oligarquía! Yo admiro esa jugada del Frente, sus dirigentes no tuvieron temor de entrar en una contradicción nueva, acceder al poder y ver si en verdad podían llevar a la práctica lo que decían ser el motivo de su lucha. De la misma manera que no tuvieron temor de entrar en la contradicción que se les abría –que ellos mismos abrían– al firmar los Acuerdos.

Gobernar cuesta, en cualquier país, pero sobre todo en el nuestro, donde el menosprecio a los gobernados siempre fue considerado, durante demasiado largo tiempo, parte de los privilegios de los gobernantes, como divino designio. Admiro esa jugada, así lo digo a mi manera. 

Quiero insistir sobre lo que llamo (aquí conversando con usted) “no temerle a la contradicción”. Créame que a la oligarquía salvadoreña le hubiera caído muy bien, en el escenario internacional sobre todo, tener al FMLN como oposición, inmaculada oposición “pensante” ahí en un banquillo de la Historia; hablar elogiosamente, incluso, de los dirigentes del Frente; y exhibirlos en el camarín burgués internacional. 

El problema (problema para la oligarquía, digo) fue que en el 2009 el FMLN llegó al Ejecutivo. Pero, como escribió en ese momento un connotado editorialista orgánico de uno de sus periódicos: “una vez se vale, vaya”; “calmémonos, es la alternancia”.

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