web analytics
Página de inicio » Suplemento Tres Mil | 3000 » Versos de Aarón de Jesús Rueda Torruco

Versos de Aarón de Jesús Rueda Torruco

La sangre Florecida 

I

La noche se despierta en medio del silencio

y la luna lámpara eterna

le susurra una caricia de viento.

Esta noche,

deambula entre los matorrales

y en sus bostezos se escucha el canto de los grillos.

II

Mandrágora que camina

en la oscuridad sobre la espalda del viento

y la nostalgia.

Espectro de polvo se mezcla con los sueños.

III

Noche,

mujer ebria de tinieblas,

estrella germinada en su ojo

donde pequeñas estelas de luna

observan el reloj para beber las horas.

De esta noche, de esta mandrágora.

IV

Noctámbula adolecente

sigue el camino de las luciérnagas

que ha derramado junto a flores,

hijas envueltas por el crepúsculo.

V

Esta ilusión se deja caer

entre la manos de los almendros,

ciega  herencia

que camina entre el polvo del cielo.

Ambulante oscuridad

sumergida en el olvido.

 

FILMINAS COTIDIANAS

“Yo estoy aquí entre vosotros

se me caen las ansias al vacío

se me caen los gritos a la nada”

Vicente Huidobro  

I

Padece la casa los días mi veloz despertar, el ruido aglomerado en mi bostezo cuando los rayos de luz me desvelan comenzando a perseguir las heridas del día. La nostalgia de los besos obtenidos se vuelve a sentir tangible cuando todo despierta, entre la calle y la niebla se da cita la más profunda exhalación de mi cuerpo, el esperar el alivio del ruido sedentario y el nómade del autobús que  anuncia su llegada. Se padece cuando el bullicio se empecina en vivir en las ruedas de los carros. Hoy las miradas están en medio de mí y en cada instante de profundos extravíos, me dirijo a la concentración, conjuro un suspiro de humo introducido en los pulmones donde los espantos se congregan humedeciendo los rincones envejecidos por la ausencia del movimiento cotidiano de la lluvia. Acopio el mismo zumbido de palabras hilarantes en todos lados, pláticas de rechazo en cada taberna disimulada con anuncios coloridos para envolver la lengua en cebada e invitar desde la penumbra a los ojos. Padecer la casa al llegar mis pasos confundidos de orgullo y sólo el gato se burla de esta condición al viajar la conciencia.

II

El parque floreció cuando la lluvia escurrió su piel sobre la tarde al escuchar la voz de dos enamorados jurándose eternidad entre los matorrales y durante dos horas las estaciones se dibujaron en sus labios, formaron la epifanía de los instantes parecidos en distintas eras. En la esquina, un café con admiradores ingenuos, sonríen como sé, que en ellos también, germinarán corolas rojas y amarillas, comentarán, imaginarán quién de todos ellos. La inmensa escena en el aire preguntará cuándo fue la última vez donde les floreció el amor.

III

Los panteones están llenos de insomnio, las almas padecen en las yagrumas, sólo  recuerdan la devastación en los corazones que una hoja recorre cuando alguien decide jugar a desprenderse, para llegar al momento de mover la roca y el pistilo, moler la vida para incendiar la muerte. Se va y viene dentro de sí mismo con flores moradas y amarillas, se acerca la mirada a la sepultura convenida desde hace horas, las hojas caen interrumpiendo la voz de una lápida, suplica a los árboles secos actos definitivos donde ya es inútil suspirar.

IV

Las palabras vibran en la pupila, fisura de la orquídea al aproximarse a un despeñadero donde la deposición de la ciudad se vuelve arena en las pronunciaciones de epifanías susurrantes en memorias vencidas. La pronunciación del nombre desconocido se vuelve un enorme silabario, ofrece las pasiones tras la visible espiga de luz emocionada, con álgidos abrazos se asoman los tiempos diluidos en las hierbas. Cuando todo el otoño cae en el ala de una mariposa las palabras de alguien se escriben haciendo surcos en el papel, hace volar la tinta en el plenilunio, el pulso de vida se oculta enunciando pregones  al momento que se cuentan las estrellas.

Aarón Rueda Torruco (Las Choapas, Ver. 1986).- Radica en Cárdenas, Tabasco donde es miembro del taller Juan Rulfo que dirige el poeta Níger Madrigal. Sus poemas aparecen en revistas y antologías de Colombia, India, Brasil, Chile, España, Perú, Estados Unidos y México. Ha participado en festivales internacionales en Villahermosa, Tabasco, Zamora, Michoacán, Medellín, Colombia, La Habana, Cuba y Trois Rivieres, Quebec; Canadá. Tiene publicado los libros: Remos de sal, La sangre florecida, Arrullo de la tierra, Despliegue de colores donde todo parece oscuro y Mujeres Trashumantes. Ha obtenido el Premio Nacional de Poesía “Rosario Castellanos” en 2012, el Premio Universitario de Poesía “Teresa Vera” en 2014 y el Premio Nacional de Poesía “Ramón Figuerola Ruíz” en 2015 y mención de honor en el Premio Hispanoamericano de Poesía de “San Salvador” en 2016. Es promotor de las culturas originarias y creador del Festival Iberoamericano de Poesía “Salvador Díaz Mirón” en Las Choapas.

Ver también

Me conmueven los aplausos finales

  Por Wilfredo Arriola   La preparación es la cara oculta del artista. En las …