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viernes , 24 noviembre 2017
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Unos cinco… la marcha de los mismos

Nelson López*

La verdad es que no supieron multiplicar, nurse hasta ahí no más. No entendieron que ya muy pocos están con ellos. Son los mismos, son los de siempre, son los que ven a todos como sus clientes, y unos cuantos esperaban multiplicar por cinco, y no pudieron, los mismos de todas las veces ahí estaban Jorge, Luis, Ricardo, Miguel… y otro menos, quizás ni sumaron porque ahí quedaron las cajas de casi siete mil Sanyaks, ahí quedaron embolsadas y custodiadas por su dueño, esperando que alguien más pidiera otra, una más, fue triste la tarde, ni con la servidumbre marchando lograron multiplicar, ni siquiera diciendo que no eran ellos mismos, no pudieron engañar, y así pasaron la tarde esperando al menos sumar si no se alcanzaba a multiplicar. Y hablaban de su dios, y con carteles querían confundir a la cristiandad con su propio dios no con el Dios de San Romero de América. Y dos megáfonos fueron suficientes para que todos oyeran a otro político menos, ya que ni siquiera llegó el asesor municipal de los tres mil dólares que cobra en Santa Tecla con gran experiencia en meterle miedo a la gente. Quizás sabían que no podían multiplicar y que sería desperdiciar oratoria de la buena o más que todo de la bien pagada. En conclusión, no multiplicaron porque ya muy pocos creen en sus patroncitos, porque ya la gente sabe que son perdedores y ya no pueden ni siquiera arrebatar como antes. Y lo peor es que los dueños de los drones no los ocuparon para hacer esas fotos fantásticas que hicieron cuando beatificaron a Monseñor Romero. Solo los close-up se podían ver al día siguiente en las fotos, de unas pocas páginas impresas y digitales con las niñeras chineando a los vástagos y contentas porque iban a salir en la tele, y las Chichi bebé ahí iban, marchando bajo el ocaso del partido y la calurosa tarde, porque ni las pudientitas se acercaron, fue horrible que casi nadie les hiciera caso y que no les creyeran. Casi se lo creían ellos solos, que no estaban financiando la paupérrima concentración, o es que solo estaban supervisando a sus empleados, obligados a que cumplieran con su compromiso extralaboral en día sábado por la tarde. Y con megáfono en mano, a duras penas se les oía vociferar contra la corrupción y gracias a dos enmascarados de Paquito fue que hubo emoción, recrearon la diversión, la noticia de las redes, y de pronto, que a los Paquitos se les fueron encima unas doñas que gritaban más que las diputadas enojadas con los machistas, y les rompieron las máscaras y los carteles que pedían cárcel para los corruptos. Los iban a linchar cuando llegó la autoridad y los sacó del lugar para que no se tomaran la justicia por sus propias manos… Y así continuó sin pena ni gloria la marcha de los mismos, los de siempre, los que se niegan, los cobardes que se esconden en un burdo anonimato emulando al tal valiente que siempre dijo que él era ese político que jamás sumaría, porque siempre sería uno menos, porque tampoco multiplicaría jamás, porque nunca llegó a ser parte de los poquitos que tuvieron su camiseta para desestabilizar.

Fue la marcha de unos cinco… los mismos de siempre.

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