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Domingo , 20 Agosto 2017
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Tulio Serrano y su esfuerzo por sanar las viejas heridas de la guerra
Tulio Serrano procede al saque de honor en uno de los torneos de fútbol infantil y juvenil que impulsa en las comunidades empobrecidas de El Salvador. Foto Diario Co Latino/Cortesía.

Tulio Serrano y su esfuerzo por sanar las viejas heridas de la guerra

Yaneth Estrada
@caricheop

Originario de Tenancingo, caserío Rosario El Perico, Esteban Marino De Paz, pseudónimo “Tulio Serrano”, un veterano de la pasada guerra civil, refugiado en Estados Unidos, no descansa en su labor altruista y cumple 27 de años de ayudar a compatriotas menos favorecidos, apoyado por el Comité de Refugiados Centroamericanos (CRECE).

Fiel a sus principios comunistas que lo llevaron a enfundar un arma en la lucha de guerrillas para superar las desigualdades sociales, ahora en tiempos de paz, Serrano pide ayuda de todo tipo para superar otros fenómenos como: la violencia, falta de oportunidades, acceso a la educación, salud, brecha digital, inclusión social, violencia de género, acceso al empleo, desintegración familiar y migración ilegal.

“Desde 1994 establecimos este proyecto para llevar solidaridad a las comunidades rurales más empobrecidas en El Salvador. Y como gesto de solidaridad humanitaria cada año visitamos las comunidades que hemos adoptado con el propósito de compartir donativos y experiencias, haciendo una amena convivencia entre ambos”, explicó.

CRECE otorgó becas a 22 jóvenes para alcanzar estudios profesionales, ayuda a ocho comunidades en San Vicente, Cuscatlán y Chalatenango, beneficia a más de diez mil personas con entregas de ropa, zapatos, víveres, alimentos, jornadas de salud bucal, se han creado 35 escuelas de fútbol con enfoque de prevención de violencia. También se imparten talleres en artesanías, manualidades, música, cultura y uso de tecnología.

Pobreza, dolor y lucha

A la edad de 8 años, Serrano tuvo su primer contacto con las FPL que llegaron a dar charlas sobre la realidad nacional a su comunidad que estaba muy alejada de la capital y no contaba con servicios básicos como luz eléctrica, agua potable o transporte público. Su familia trabajaba en las cortas de café para ganar 0.25 centavos de colón por quintal, lo que no le permitió acceder a una educación formal, ni a él ni a sus hermanos.

“Éramos una familia numerosa, sumergida en la pobreza, humilde, sin recursos, sin alimentos, quizá por eso sentí la necesidad de integrarme a la lucha, al ver las comparaciones que se hacían entre ricos y pobres y que desconocíamos por ser campesinos. De ahí dependió que yo empezara a participar a las reuniones que eran cada ocho días y fue entonces que se formó la Comisión Eclesial de Base en mi caserío y empezamos a organizarnos”, recordó. “Nos reuníamos en las noches porque ya se escuchaban los rumores de persecución, por las patrullas cantonales, por eso se armaron grupos de vigilancia, porque vimos que lo que nos decían los compas era una realidad, que los ricos se aprovechaban de nuestra ignorancia. Así comenzó la lucha por las injusticias”, dijo Serrano.

Sin embargo, esta participación activa en el movimiento revolucionario le trajo grandes costos personales a este sobreviviente de varios ataques armados en Cinquera, Guadalupe, Santa Cruz Michapa y su mismo pueblo que fue atacado en horas de la madrugada en 1980. Acá resultaron fallecidos cruelmente sus tres hermanos a manos de las Fuerzas Represivas.

Además, se suma el abandono de su hogar a los 15 años para refugiarse en Ateos. “Pasé tres años ahí, trabajé en las granjas huyendo de mi hogar porque era una persecución inmensa y continué la lucha, estuve en la toma del Ministerio de Economía, del Ministerio de Trabajo, de la Iglesia El Rosario y Catedral”, sostuvo.

Serrano recalcó que su caserío Rosario El Perico es histórico porque fue ahí donde tuvo lugar la primera rebelión a nivel del frente central, “donde peleamos 30 días, día y noche con corvos, machetes, hondillas y armas populares con las patrullas cantonales de San Pedro Perulapán que eran muy malos en ese tiempo. Luego que se da una represión y capturan a mucha gente de mi caserío y que nos buscaban a los más jóvenes”.

Aunque el momento más duro de su vida fue el 20 de marzo de 1980 cuando visitaba a su familia. “Fuimos en la noche y dormimos fuera de la casa porque nos dijeron que podía llegar La Guardia pero a las 4:00 de la mañana, entramos dos hermanos, a las 5:00 llegó otro y nos dice ‘bichos viene La Guardia’, y se corrió”, comentó con la voz entrecortada.

“Fue cuando mi mamá gritó ‘¡La Guardia!’, pero en ese momento inició una balacera tremenda, mi mamá se corrió y le hirieron la pierna izquierda con un disparo de fusil G3, despierto y veo que tienen a mis tres hermanos (una hermana y dos hermanos de 20 y 21 años) manos arriba, me sacaron y empezaron a torturarme”, detalló.

Asimismo, relató que “los vi morir cortados con machetes y violar a mi hermana para después hacerla pedazos, creo que terminé ese día muerto en vida. Esa vez, pude escapar, me corrí a una quebrada, cuando regresé al caserío lo habían quemado y matado a otros nueve campesinos, a mis hermanos los recogieron en canastos”.

Tiempo de paz

Esto lo motivó a integrarse de lleno a las FPL desde 1980, luego de una constante búsqueda de venganza que acarreó graves secuelas físicas y psicológicas recibe el estatus de asilado y refugiado político en Estados Unidos y un año después establece a CRECE, bajo las leyes del estado de California como una forma de ayudar a migrantes y salvadoreños menos afortunados.

Ese año en El Salvador es la ofensiva “Hasta el Tope” por fuerzas paramilitares, posteriormente inician las negociaciones para alcanzar una salida al conflicto armado que duró 12 años y dejó más de 75 mil muertos y desaparecidos.

Finalmente, el 16 de febrero de 1992 el Gobierno y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) firman en el Castillo de Chapultepec, México, los Acuerdos de Paz. Al preguntar a Serrano si la lucha valió la pena, respondió sin duda alguna que “en ese tiempo era revolución o muerte, así creímos y así luchamos, creo que esta lucha fue más del sector campesino del país. Allá en las afueras de la capital, donde no teníamos acceso a nada, estábamos olvidados por los Gobiernos, por la oligarquía avara”.

La labor altruista de este cuscatleco fue reconocida por diferentes entidades como el Banco de América, El Club de Rotarios, El Departamento de Salud del Condado de Alameda, La Congresista Bárbara Lee y el vicepresidente de la Alcaldía de Daily City, entre otros.

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