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miércoles , 13 diciembre 2017
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Trenes de Miguel Ángel Espino

Trenes de Miguel Ángel Espino

José Fidel Santacruz
Colaborador

Siempre que leo una obra literaria tengo la necesidad de tomar algunos apuntes de sus personajes principales, cialis aspectos de la obra en general, sovaldi así como el género y el tiempo en que el autor ubica la obra.
En Suplemento Tres Mil he leído algunos comentarios sobre la novela TRENES de Miguel Ángel Espino. Muy excelentes por cierto, lo que me permite abonar criterios sobre dicha obra a mi empírica formación literaria.
Trenes fue publicada por primera vez en 1940 en Chile. Pero la obra yo la encuentro fuera del tiempo y del espacio, en el aspecto literario. Según algunos conocedores de literatura me han orientado a valorarla dentro de género del Realismo Mágico. Lamentablemente yo no estudié, por eso me auto reconozco como un empírico aficionado a la literatura.
La he leído más de una vez. El arte fluye en la obra, como ríos de aguas cristalinas en todas direcciones. La poesía más pura expresada en éxtasis fantásticas. El autor en primera persona dialogando con todas las fantasías, como si estuviese volando, apoyado únicamente entre los limbos del arco iris. Todas las sensaciones van a condensarse en una sola: poesía.
He buscado los personajes en la obra, Isabelia la de Anakiria, comparativa. Surge el nombre como nacido de ondas musicales, pero en la medida que el artista continua desgranando todas las fantasías entre los espejismos de metáforas, Isabelia nace, vive y se desvanece entre alegorías. “No te doy una novela panorámica, sino una novela intencionista”, define el autor el concepto de su obra. (P-16)
En todo ese torbellino de emociones el mismo autor define su poemática como una combinación de pedazos de polimetáfora, “definitivamente como lo eras: humor dormido en un paisaje del agua”. (P-18) El autor pareciera no ser un hombre, sino simple espíritu el que lucha por deshacerse de lo material. Desde mucho antes ese espíritu de la obra, viene en pelea desigual con esos ríos de emociones que se desbordan a lo largo de la obra, “es la fantasía descolorida sobre la última edición de tu esperanza, que se está poniendo triste de tanto estar guardada entre los trapos viejos, junto al noble autor”. (P-18)
Es posible que el llanto triste de los trenes de cada amanecer y atardecer, sobre todo en Ahuachapán, una ciudad rodeada de esplendorosa belleza, bosques, cerros y volcanes, ríos de aguas termales y de aguas frías como el granizo, más el cielo azul y transparente y una extensa y excelsa panorámica que transporta la imaginación más allá de donde surge la poesía. El traslado de esas relaciones del movimiento y del sonido de los trenes a la interioridad del poeta que surgió la obra. (P-19)
Pero también encontramos los trenes que surcaban las profundidades del alma del poeta. Esos eran como remolinos ascendentes hacia las cimas del placer. (P- 20 – 21) Una y otra emoción aquí descrita son producidas a partir de las percepciones objetivas del poeta, “sencillamente, con su sencillez de acero bebiendo paisajes” (P-20)
Hace uso de la critica lapidaria contra la cultura tradicional arcaica y sin sentido científico de análisis y se burla de los detestables métodos de enseñanza y de sus profesores. (P-30)
Los trenes van y vienen, se llevan las neblinas de los suspiros de la tierra, se llevan y traen los recuerdos entre los quejidos de la aurora y en las oquedades del ocaso. Por eso el nombre de la obra, surge a partir de aquellos silbidos flamígeros que emitían los trenes como los amaneceres diluidos de terneza, y saturados de suspiros de las rosas enamoradas del rocío. La palabra trenes es mencionada muchas veces en la obra, no por el hecho simple de mencionarla, sino por el contenido poético que llega, y llena todos los espacios a lo largo y ancho de la obra. Todo es poesía: “Oíamos la primavera salada, sorda, luminosa, muchacha bordada de estruendos, con algas en la boca”. (P-70)
“-No quisiera formar parte de tu atmósfera. Pero, sin embargo, encuentro que me hurtas algunas orientaciones. El título cruza por tu novela como un silbido infernal. Semeja un sátiro profanando un vergel. TRENES. No concuerda con el aroma romántico de tus ritos. Sin querer, has aceptado el artificio. La historia está llena de épocas de arte y épocas de artificio. Tú pregonas el primero, pero estás vencido por el segundo, que es una de mis propagandas estratégicas, para empantanar bobos.” (P-92)
Yo le agregaría: para jugar con los que conocemos muy poco la literatura de un contenido artístico como Trenes, que captamos solamente lo superfluo y se nos pierden en las enredaderas mágicas, las verdaderas conexiones artísticas que el poeta le imprime a la obra. Los trenes del poeta surgen, circulan, vuelan en las profundidades del universo poético, a través de metáforas que brillan en las crecientes emociones que viven en el artista. El autor, solo, no existe en la obra, se encarna una y otra vez en los personajes nacidos de sus interioridades y ellos son los que participan con uno u otro nombre. “Yo se que mis trenes pasaron, y que la oreja de la tarde manchó tus ojos.” “ Tú. Y… Los muñecos. Somos, apenas, sombras unidas por una razón musical.” “Nosotros somos la novela, hermano.” Algunas veces concibe la poesía a partir de la poesía misma, es decir, los poemas que van recorriendo el mundo, caen en al tornasol de su mirada y lo corta para que no se marchiten en las danzas de los recuerdos. Los diferentes estados de emoción son los que intervienen en la obra, son los personajes, los que se preocupan por la salud de la misma obra.
“-Ha tocado usted la puerta trágica de mi papel, Doralia. Fíjese que yo pertenezco a la fantasía de un novelista que no quiere crear un ambiente ni una moral como la atmósfera que envuelve a las novelas corrientes. Estoy expuesta a que me use como una querida, en un momento de precipitación, sobre las cuartillas indiferentes, o a que me declare paralítica, si no me muevo con la agilidad que él deseara, en sus horas de calor mental”. (P-135-136)
Es una especie de diálogo entre el autor y su personaje. Pero en muchos caso se trata de un diálogo entre los personajes mismos. Este tema lo desarrolla Roque Daltón en alguna obra suya, Taberna y Otros Lugares, si no me equivoco. Los personajes de Trenes en su mayoría son femeninos, algunas veces muy fugaces, otras se mantienen: la Señorita II, María Bulane, Doralia, Isa-Lu, Carlos, Doralba, Brisa.
Los impulsos, los disgustos, el interés o indiferencia. El ensueño, la ilusión, la fantasía, la cortesía, la satisfacción. Todas esas sensaciones se transforman en emociones que actúan y hablan entre si o entre unas y otros personajes como la Bulane, Doralia, Brisa. (P-138)
Se dirige al autor y utiliza las sensaciones de éste en diferentes momentos para hacer hablar al lector a través de la obra misma. Pero siempre inmerso en lo que surge de las emociones:

“-No caben las angustias en la mano de una mujer. Nos sobra un mundo de penas, de suspiros, de sueños. Cada célula es un problema. El alma choca a cada segundo con una nueva enfermedad. No confesamos nada a la mujer, porque la mujer ama el triunfo, la alegría, el poder”: (P-140)
Y más adelante el poeta escribe: “”Yo soy el desorden. Estuve a su lado, cuando cantaba, como un miedo. Estuve a su lado, cuando besaba, como una curiosidad. Y como un licor y como un alarido y casi como la muerte, cuando huíamos… Eso es, cuando huíamos, ¡cómo nos dolían tus tropiezos! Tanto tropezones, que traigo el camino callado en la ceniza de los pies. Nos deteníamos para beber la paz de los grillos, me arrancabas la guitarra estrellada de la tarde y comenzaba su llanto de plata la distancia. Yo estaba ahí también, contando las estrellas en el pequeño crepuscular. Llegaste a sentir que el amor no estaba en la pasajera que nos presta su boca, ni la confianza estaba en la canción, ni el consuelo en la confidencia del vicio. Todos has sido tú mismo quebrándote en mil espejos, en el espejo mujer, en el espejo desgracia, en el espejo fuego. Cada estampa es un color del polvo pordiosero, besando la vida”. (P-141)
La última página de TRENES:
“Has perfumado el tiempo, indudablemente, pero has fastidiado la ilusión. Y, después de todo, ya casi no tienes derecho a sentirte una. Eres plural. Tienes la vaga unidad de un deshielo, de una metamorfosis. Siempre en las arterias de cada mujer que besa. Eres como la heroína de esos trenes de mi novela, con la que a veces te he confundido, que arrojas una sonrisa, transforman un destino, sellan una vida, y se pierden para siempre.” “Porque, ciertamente, en los trenes está la definición aérea y fugaz de tu cuerpo, encienden una esperanza, y se borran en la ausencia cantando.”

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