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martes , 21 noviembre 2017
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“Todos contra uno; uno contra todos”

Carlos Girón S.

Arlington, treatment Dallas, mind Tx. “Todos contra uno; uno contra todos”. Tal parece haber sido la consigna concertada por 10 de los precandidatos, frente al undécimo Donald Trump, para el segundo debate televisivo del pasado miércoles 16 de septiembre, que se realizó en la biblioteca Ronald Regan en Simi Valley (California), buscando todos ellos ser el elegido para ocupar la Casa Blanca como sucesor de Barak Obama.

El “todos contra uno” pareció evidenciarse frente a Trump, quien curiosa y extrañamente le ha tomado la delantera a todos sus contendientes, pues la intención de voto sigue manteniéndolo en primer lugar. En la primera ronda de debates la consigna pareció ser el de ignorarlo y quien ahora se defendió como lobo acorralado lanzando mandobles a izquierda y derecha,. Pero no perdió nada de su arrogancia.

En el ínterin, mientras llegaba este otro debate, el clown, como le dicen a Trump, se dedicó a ofender y mofarse de la otra aspirante mujer a la Casa Blanca, Carly Fiorina, junto con Hillary Clinton. No sólo se mofa de que pretenda llegar a ser la primera mujer gobernante en los Estados Unidos, sino que la ofendió en lo personal. “Miren esa cara”, dijo en cierto momento, y preguntaba: “¿votaría usted por ese rostro?”.

Durante este segundo debate Trump trató de congraciarse con Carly Fiorina diciendo hipócritamente avergonzado que ella “Tiene un rostro hermoso, y es una mujer muy bella”. Fiorina no le creyó y lo desdeñó.

También el contendiente Jeb Bush se sintió molesto con el mismo Trump diciéndole que necesitaba disculparse por atacar los orígenes de su esposa, Columba Bush. Ella es una ciudadana estadounidense nacida en México. Trump ha insinuado que Bush es demasiado condescendiente con los inmigrantes debido a su matrimonio con Columba. Para tratar de sacar la pata, el clown dijo que ha escuchado “cosas fenomenales” de ella, pero que no se disculparía. Dijo que sus palabras fueron sacadas de contexto y mantuvo su crítica a Jeb Bush por responder en español a algunas preguntas de la prensa.

La cosa es que así, como en el caso de las ofensas al pueblo mexicano, al mofarse de Fiorina y mirar con malos ojos la ascendencia de Columba Bush, Trump ha ofendido al género femenino como género. Con esto, las mujeres y la comunidad hispana en Estados Unidos, solidaria con México y la esposa de Jeb Bush, las féminas deberían sentirse ofendidas y negarle todo voto.

Tal vez por las ofensas inferidas por el bocón, la precandidata Carly Fiorina ha revertido las cosas a su favor. Ha subido al segundo lugar detrás de “su admirador denigrante”. Llevaba apenas un 3% de aprobación en las intenciones de voto  y ahora ha alcanzado un 15%.

Se señala que la sorpresiva beligerancia de Trump ya había forzado a algunos de sus rivales a modificar su estrategia y que buscarían enfrentarse directamente con él, particularmente por la interpretación de lo que está pasando con el magnate, quien, según consideran estrategas de la campaña presidencial en 2088, del senador John McCain,  “tiene el control total y absoluto del campo de batalla político”.

Algo más, lo consideran como una piedra en el zapato del establishment republicano, debido a su discurso antiinmigrante, que temen que perjudique la imagen del partido ante el electorado latino. De hecho, se cree que este electorado ni se acordará más de él.

Escozor también les causa el hecho de que haya expresado su apoyo a la idea de aumentar los impuestos, así como al seguro de salud universal, todo lo cual la derecha conservadora estadounidense considera tabú.

En los enfrentamientos, por querer atacar al magnate algunos se llevaron de encuentro al presidente Obama. El precandidato Scott Walker se dirigió a Trump diciéndole clara y directamente: “Señor Trump, no precisamos de un aprendiz en la Casa Blanca, ya tenemos uno”.

La señora Fiorina lanzó guijarros también al presidente. Con todo desparpajo dijo que el “75% de los estadounidenses piensa que el gobierno es corrupto”. A la par se declaró militarista y hegemónica diciendo que los Estados Unidos necesitan contar con las fuerzas armadas más fuertes de todo el planeta y que todos los norteamericanos necesitan saberlo. Agregó que hay que apuntalar el departamento de defensa (como si no lo estuviera ya abrumadoramente al contar con una enorme tajada del presupuesto de la Nación).

Por el contrario, hubo varias declaraciones descalificando anteriores intervenciones militares estadounidenses en países al otro lado del mundo. Rand Paul se mostró en desacuerdo con los guerreristas que quisieran derrocar al presidente Assad de Siria, aunque dijo que tal vez no convendría porque el ISIS asumiría el mando. Y fue enfático diciendo que cada vez que Estados Unidos ha derrocado a algún “dictador”, han tenido caos. “Yo no voy a enviar de nuevo a nuestros hijos e hijas a Irak”, sentenció

La señora Clinton no escapó a la andanada de dardos que iban y venían. Ted Cruz dijo con sorna  que quienes votaran por Hillary estarían votando por el ayatollah Khamenei (de Irán). Por su parte, Christ Christi sentenció que hay que poner a un fiscal detrás del caso de Hillary Clinton, que es cierto que pudo haber sido hackeada por los rusos o por chicos para divertirse, pero que ella no puede decirle al pueblo la verdad.

La realidad es que hubo tanto dimes y diretes en este pugilato televisivo entre los 11 precandidatos republicanos, pero no quedaron claras muchas cosas relacionadas con temas álgidos como es el de los 11 millones de inmigrantes, excepto lo que sostiene Trump, que echaría a un lado la famosa enmienda 14 para no seguir legitimando a los niños nacidos en suelo norteamericano de padres extranjeros, que también irían en la colada de los 11 millones deportados. Fue muy duro al decir que “somos los únicos estúpidos al darles legalidad a esos niños”.

Irónicamente, los restantes 10 precandidatos, que iban con la oculta estrategia de dejar mal parado al sañudo magnate, se retiraron con el rabo entre las piernas, pues éste salió del debate como héroe, con más simpatía que ninguno. ¡Ah caray!

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