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martes , 12 diciembre 2017
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Soliloquio virtual

Soliloquio virtual

Salvador Juárez

Escritor y poeta

 

«Cuando te vi en mi clase de Literatura la primera vez, store me imaginé que tus temas de conversación en la vida cotidiana serían de olimpos, buy cialis metafísicas y jitanjáforas, y por eso, al principio, me daba pena conversar contigo; pensaba que en la plática estarías pendiente de las construcciones gramaticales, morfosintácticas y textuales, y, al oírte y sentirte tan sensible, llegué a creer que tu única música era la clásica, la sinfónica, y que por ello serías tajante con las canciones populares. Y también, por tener en mi mente una imagen estereotipada del poeta, la imagen del poeta romántico trasnochado, me figuraba que tu forma de entregarte en el amor era bien recatada, comedida y escrupulosa, y mirá que, ahora, por vos sé de Miller, del Marqués de Sade y de la poesía pornográfica medieval y antigua, pero no sólo por lo erótico y morboso como se nos presenta a estos autores, sino por el valor literario de sus obras, de modo que he podido saber porqué Barthes pondera a Sade como representante de la novela picaresca francesa, e igual no me extraña lo desbocado en otros grandes como Catulo y Rebalais, en fin, he degustado contigo un mundo que no es el santurrón que yo me imaginaba, ése en el que, por ciertos aires de enamoramiento a la antigua, como los de don Florentino Ariza, suponía que únicamente pasaríamos discurriendo lo ontológico y gnoseológico de tus ocurrencias en lo que, digamos, desayunábamos con todas tus mistiquisencias, tú con tu juguito de naranja, tus frutas frescas, tu leche con cereal y almendras, y tu omelette con pancake, mientras yo me servía, con mucha reserva, mi plato favorito, el plato típico tradicional, cohibida porque, al colocarte tú la servilleta con mucha parsimonia, y al limpiarte con sus puntitas y con suma delicadeza tus comisuras, tú me estarías viendo, con tu rigurosa etiqueta, mis frijolitos fritos con crema, mi tamal y mis platanitos, mirándome como si me estaba sirviendo un plato de sancocho con zurrapa, como decía mi mami. Pero por suerte me di cuenta de que sos todito lo contrario: no te la llevás de meticuloso ni para comer, ni para vestirte, no presumís con que sólo a vos te va ese matiz y esa marca. Y es que, por prejuicios alimentados por cierto tipo de diletantes, creí que también en la música vos andarías sólo elevado, hablándome de cosas difíciles, como de los distintivos de Mozart y Beethoven, y de las mínimas diferenciaciones entre los genios del barroco, por lo que yo ya empezaba a consultar obras de denso contenido sobre Bach y Handel, sin pensar que pasaríamos largas noches bailando boleros y sones, y oyendo canciones de las diversas corrientes populares, desde las patrióticas y de denuncia como Lamento Borincano y las de Atahualpa,  Violeta Parra y Víctor Jara, enseñándome curiosidades en esta tendencia como la ranchera clasista de José Alfredo Jiménez, Juan El Herrero. Y otras joyas en creaciones de la Nueva Trova. ¡Quién iba a pensar que yo dedicaría, con sumo ensueño, una buena parte de mi tiempo para bajar música de internet y armarte álbumes como tributos a compositores y antologías con las canciones populares más interpretadas de Nuestra América!, por ejemplo, Un mundo raro con Plácido Domingo, Pedro Vargas, Eugenia León, Tania Libertad y el mismo José Alfredo; Cucurrucucú Paloma, en dúo entre María Dolores Pradera y Paloma San Basilio, y con Caetano Veloso, Joan Baez, Lola Beltrán y Miguel Aceves; Todo Cambia, con Mercedes Sosa, Dany Rivera, Norma Gadea y tantos otros que vocalizan esta composición, y Flor de la canela con Bola de Nieve, Nicolás Urselay, Caetano, Eva Ayllon, María Dolores, Plácido y Chabuca Granda por supuesto, y así pude prepararte otras diversas variaciones con Solamente una vez, Júrame, Bésame mucho y, de esta manera, la compilación de sones, salseros, boleros en tríos y orquestas y solistas como Daniel Santos, Benny Moré, Compai Segundo, en fin, me ha sido una enorme sorpresa, positiva y beneficiosa, que en la vida práctica seás lo contrario de lo que yo conjeturaba, pues, además de que no sos intelectualoso, jactancioso y fufurufu, me has enseñado a que conozca, en el amor, muchas de las pasaditas habidas y por haber; a que sepa, como vos decís, que en el sexo no hay fórmulas ni posiciones preferidas, sino que es como el juego mágico del OA, ese juego que practicaban muy inocentemente las cipotas de antes, pero cuyo rezo engarza cabal a como yo me he sentido durante las más intensas, interminables y maniáticas pasiones contigo: OA, sin moverme, sin reírme, con una mano, con un pie, torbellino, caballete, rodillete, adelante, atrás, adelante y atrás, atrás y adelante, media vuelta y vuelta entera. Gozando también en nuestras pláticas re-creativas, incluso por la analogía de las posiciones eróticas, del porqué, por ejemplo, esa de la gallinita frente al teatro, el collar de perlas, la carretilla, la patilla de ángel, el coche romano, la entrada de payaso que, según la figuración onomatopéyica y la imagen policromada de la bocota payásica, este antojo lo puede hacer el hombre sólo cuando la mujer está en su período privativo, tema éste que por cierto nos ha llevado más allá de lo higiénico-científico, igual que el otro tema peliagudo y cada vez más mencionado, el beso negro, dejándoselos entonces a la terapia orgónica y optando mejor por la vía poética, intuitiva, sensitiva y emocional, más que por la vía filosófica pundonorosa, lo cual nos ha permitido gozar, en los momentos más desaliñados, de esa perspicacia del vulgo para nominar las posiciones, capacidad que conjunta varios factores y elementos al propio tiempo, como para los chistes, apodos y otras expresiones antropológicas, los cuales conllevan leyes y mecanismos creativos muy precisos, y que también, por ser productos culturales, van modificándose unos y desapareciendo otros, según las generaciones y los contextos con sus  respectivos inventos y artefactos. Esas imágenes me han hecho reír como nunca, por ejemplo al figurarme el porqué se le denomina a cierta postura el acordeón. ¡Es formidable la plasticidad con que se ha logrado esa denominación, bastante quevediana por cierto al reflejar hasta las minucias de su plisado!  Y entre nosotros es más maravilloso el hecho de revelarnos estas cosas y lograr la empatía alegórica al reír unísonamente, y, aun más, poder penetrar en nuestras concernientes psicologías, identificando nuestras fantasías predilectas en estas lides, nuestros fetiches, fijaciones, etc. O sea esas relaciones con las cuales nos gusta jugar: palabras, cosas e intermitencias que nos traen a este mismo punto, siendo aquí en donde nos decimos mutuamente las palabras que nos connotan, por asociación fonética, el acto o los órganos sexuales, pero que no son, recalco, los tantísimos sinónimos con que se les conoce comúnmente, sino las palabras que, aun conformando otro texto, y otro discurso alejado de estas referencias, de un modo más sutil evocan o recurren a nosotros con esos significantes, tales son los términos abigarrado, envergadura, bigornia, añorga, corrugada, pistón, pérgola, bisoño, etc. También llegamos a las precisiones morfológicas para no caer en trilladas y patéticas designaciones como bisagra y espátula, y mencionamos aquellos términos que incluso gozan de cierto afecto artístico y reverencia religiosa, pero que aun con todo lo sacro y lo lírico que puedan significar, estimulan ese mismo dispositivo, por ejemplo la fonética de milonga y el signo del cirio. Claro que del mismo modo jugamos con esas otras expresiones más “especializadas, cultas y técnicas”, que a veces sólo nos hacen sonreír íntimamente, así como ahoritita que, en vez de esperar encontrarnos hasta la noche -para comentar los quehaceres cotidianos- en este ínterin te estoy escribiendo la presente para contarte: “Fijate que al redactar el texto sobre Gramática, acabo de hallar un término de aquellos que nos provocan, y es la virgulilla, que es como se le llama a la uñita de la eñe, y que al darle clic derecho al ratón, para ver sus sinónimos, me aparece otra similar que es vírgula, aunque ésta, va más para fregar a las (y los) que se la pican de castidad y celibato… y no para clasificarla en nuestra lexicografía orgiástica”. Ha sido este hallazgo, pues, el generador de todo este rollo, que para variar de actividad dejo por un rato la redacción formal y me recreo pensando en nosotros. Y ésta, es otra manera de tu compartir, otra de tus enseñanzas: que, en sensualismo, erotismo y porno, más vale vivenciar que discurrir qué fue primero, si el huevo o la gallina…»

Post scriptum: Ah, me doy cuenta de que al estar soliloqueando en esta forma, mental-hablada-escrita, va implícito el tema lingüístico sobre el voseo y el tú, ya que con vos y contigo es igual.

San Salvador, 2008

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