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martes , 12 diciembre 2017
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Sindicatos al servicio del Capital

Diana Castro

Desde el surgimiento del Capitalismo, patient los trabajadores se vieron sometidos a largas jornadas laborales, bajos salarios, insalubridad laboral, incorporación y abuso del trabajo infantil, inseguridad social, entre otras condiciones deplorables. Ante ello, la clase obrera tuvo que organizarse y luchar por sus derechos. Así, en la historia destacan grandes gestas de las personas trabajadoras por lograr condiciones de vida más decentes y justas. De tal forma que, en 1864, se funda la Primera Internacional que buscaba promover la organización política del proletariado en Europa y el resto del mundo. En 1889, la Segunda Internacional estableció el 1 de mayo como el día internacional de los trabajadores, en homenaje a los Mártires de Chicago, trabajadores que fueron condenados a muerte y a reclusión por la denominada “Revuelta de Haymarket”, donde se luchó por una jornada laboral justa.

Las mujeres no se quedaron atrás en las luchas obreras, precisamente, el 8 de marzo de cada año, se conmemora el día internacional de la mujer, en un principio conocido como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Tal fecha sirve para recordar, entre otros hechos relevantes, a las víctimas del incendio en la fábrica textil Triangle Shirtwaist de Nueva York, quienes habían protestado por mejores condiciones laborales y murieron precisamente por las deplorables condiciones de tal recinto laboral. Más de 100 mujeres perdieron su vida, incendiadas por la negligencia capitalista. Las condiciones laborales de estas mujeres y su desastrosa muerte potenciaron una serie de reformas en legislación laboral.

Nuestro país también fue escenario de grandes luchas lideradas por la clase obrera. Si bien el miedo, producto de las masacres, había reducido la capacidad organizativa de la clase trabajadora, en los años 40, el país asiste a un proceso de reconstrucción organizativa de los movimientos obreros. Mario Lungo (1989) plantea que de 1945 a 1957, se reconstituyó el movimiento sindical y estudiantil universitario en el país, bloques que darían un gran impulso a las luchas populares. Desde 1957 hasta 1975, el país experimentaría una constante y a la vez contradictoria lucha a la cual se fueron sumando nuevos sectores sociales, potenciando los bloques que ya habían sido constituidos.

Lungo (1989) señala que, en los años 50, el Ministerio de Trabajo desplegó una enorme actividad con intención de formar una central sindical sumisa a los intereses de las clases dominantes, la cual en efecto fue creada y denominada como “Confederación General de Sindicatos”. Lungo (1989) plantea una serie de conclusiones políticas de dicho proceso. Resulta clave destacar una de ellas: “Las luchas sostenidas por el movimiento obrero en este período demuestran que sólo la lucha contra las clases dominantes posibilita la obtención, consolidación y ampliación de los derechos de las clases explotadas y que los derechos se adquirieron a través de la lucha y no fueron concedidos por las clases dominantes”.

En la actualidad, pareciera que tal lección política y las vidas sacrificadas a lo largo de la historia, fueron olvidadas por los sindicatos, concretamente, por los supuestos representantes de la clase trabajadora en el Consejo del Salario Mínimo, quienes de manera irresponsable han llegado a un acuerdo con los representantes de la empresa privada para aprobar un “aumento” de $0.11 diarios, con el que una persona trabajadora no podría ni siquiera pagar el pasaje de un bus. Pareciera irracional que acepten y apoyen un salario mínimo inferior al propuesto por organizaciones sociales y sindicales, inclusive al propuesto por el mismo gobierno, que dicho sea de paso, tomó la decisión de abandonar indefinidamente la mesa de negociación, ante el perverso acuerdo entre los representantes de los trabajadores y los empresarios. La realidad exige un ajuste salarial significativo, situación ignorada por los mismos representantes de los trabajadores.

La precariedad del salario mínimo resulta evidente. Por ejemplo, si comparamos el salario mínimo del sector maquila con el costo de la Canasta Básica Alimentaria Urbana, se observa que se logra cubrir su respectivo costo, pero únicamente se tendría disponible $4.36 para suplir el resto de necesidades, es decir, tendrían menos de $5 para pagar: educación, salud, vivienda, transporte, recreación, etc. En el área rural la situación es aún peor, donde el salario promedio del sector no alcanza a cubrir el costo de los alimentos mínimos. ¿Por qué no otorgarle a las personas trabajadoras un aumento digno en el salario mínimo?, si, según estimaciones del Departamento de Economía de la UCA, del 100% de lo producido en El Salvador, el 60% se está yendo a la ganancia de las empresas capitalistas salvadoreñas y a los trabajadores únicamente el 30%.

Ante esta realidad cabe preguntarnos: ¿A quiénes realmente representan los supuestos “representantes sindicales” en el Consejo del Salario Mínimo? ¿Qué intereses protegen? ¿Cuál es la legitimidad de estos “representantes”? ¿Por qué se oponen a un justo aumento del salario mínimo? ¿Por qué se oponen sistemáticamente a las propuestas gubernamentales en materia de salario mínimo? ¿Por qué se adaptan constantemente a las propuestas de la empresa privada?.

A mi juicio, los representantes del sector laboral en el Consejo del Salario Mínimo son sindicatos al servicio del capital. Son personas que ignoran las históricas luchas de la clase obrera, se disocian de las necesidades de la clase trabajadora, sustituyen la lucha obrera por sus intereses personales. Los sindicatos al “servicio del capital” no solo asumen los intereses de la clase capitalista como suyos, sino que le sirven al sector empresarial, se transforman en su instrumento.

Ante este panorama, vale la pena recordar la siguiente afirmación de Carlos Marx: “El obrero tiene más necesidad de respeto que de pan”. En el caso de la clase trabajadora salvadoreña está evidentemente necesitada de “pan”, pero también de respeto, no solo de la clase capitalista sino de los mismos representantes sindicales, quienes se suponen se organizan para velar por los intereses de los trabajadores. En esta situación, contrario a lo que planteaba Marx, el Estado no es el instrumento opresor utilizado por la clase capitalista contra la clase obrera, esa tarea la han asumido, de forma excelente, los pseurepresentantes del sector laboral en el Consejo del Salario Mínimo.

Urgen sindicatos fuertes y representantes dignos, con memoria histórica, con claridad política y a la altura de las necesidades de nuestra clase trabajadora.

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