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viernes , 15 diciembre 2017
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Seis mil lunas de Julio Alejandre

Ernesto González

Unas cuantas lunas han pasado desde que Julio Alejandre y su familia dejaron El Salvador y decidieron establecerse en España, mind su patria natal; llegó a mediados de los años ochenta como cooperante a los campamentos de refugiados salvadoreños  en Honduras, sovaldi sale que buscaban escapar de la represión a que habían sido sometidos.

La dureza de las condiciones de vida, site la cantidad enorme de personas, principalmente niños, le sorprendieron, le causaron un enorme impacto y sin darse cuenta fue formando parte también de aquel pueblo en exilio obligado.

Ha sido un testigo de aquel acontecimiento histórico reciente de El Salvador, del cual muy poco se conoce y se conversa.

Las experiencias vividas en los refugios, el retorno y la postguerra salvadoreña le han impulsado en gran medida para convertirse en escritor, muchos relatos ganadores de premios en diversos concursos literarios han tenido como marco esa realidad.

SEIS MIL LUNAS, es precisamente un libro que consta de 14 relatos, en cada historia cobran vida para siempre personajes en su mayoría reales y otros ficticios, pero no por ello menos reflejo de aquel entorno.

El tiempo vivido entre los refugiados, principalmente campesinos y el involucramiento personal, llegando incluso a ser aceptado como  parte de la población, le permitió tener un conocimiento del comportamiento de la gente, sus motivaciones, valores, religiosidad, sus vicios, costumbres, cosmovisión, ingenio y valor frente a la adversidad.

Aprendió con ayuda de la gente a interpretar aquella realidad tan compleja, tan vital y a la vez tan  sencilla, desarrollando en él una admiración y amor por aquel pueblo.

Las catorce historias contenidas en SEIS MIL LUNAS, nos presentan un panorama fiel de El Salvador; encontramos distintos escenarios en donde los personajes, los lugares, las costumbres, los sentimientos son descritos con una maestría inusitada, representando imágenes con mucha fuerza y enorme calidad literaria.

Esta realidad tan contundente, tan brutal, tan desconcertante, tan llena de magia, le ha valido a Julio que los jurados de algunos concursos creyeran que era un escritor Centroamericano, pues su lenguaje está repleto de palabras novedosas para un lector español, es un salvadoreño más y cada vez que puede deja constancia de la impronta que nuestro pueblo le ha causado.

Estimado lector, creo inoportuno hacer un pequeño comentario de las historias, porque ya su maravilloso prólogo se encarga de ello; pero aunque parezca retórica quiero dejar en claro que cada historia empezada no se puede dejar a medias y una vez iniciada la lectura te será imposible no completar todas esas lunas.

Seguro que Julio Alejandre muy pronto nos sorprenderá con otros escritos, narraciones, novelas; esperamos que este artículo sirva para incentivar a seguirlo, hacerse con este primer libro que nos da a conocer  y que se puede adquirir ya en la librería de la UCA.

Como Educador y literato, Julio es un convencido del poder del arte y en este caso de la literatura, cree fielmente, como lo manifestó en una entrevista para Radio Victoria –en el programa Sin Farsas-, que la cultura es un arma poderosa para que los pueblos luchen por su liberación, su superación y por la construcción de un mundo más justo para todos, y principalmente para aquellos, que como los personajes de SEIS MIL LUNAS, se ven expuestos a condiciones que en muchas ocasiones le determinan su fatalidad prematuramente.

Damos así la bienvenida a este escritor Hispano-Salvadoreño  que haciendo gala del juego de la riqueza del idioma español ha llevado por la tierra de Don Quijote un trozo de este pequeño país, su dramática historia reciente, que sigue siendo todavía muy similar.

Y como muy bien lo sabés Julio, todo producto alcanzado es fruto colectivo, y por ello quiero también reconocer a tu esposa Felipa, tus hijas; Cristina y Carla, porque sé que son también parte de tu inspiración y tus historias. No hay duda que con ellas te acompañaran para siempre los ríos, los cerros, y los nahuales de nuestro pueblo.

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