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Martes , 19 Septiembre 2017
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¿Salvadoreñización de la sociología salvadoreña? (3)

@renemartinezpi
renemartezpi@yahoo.com*

Fueron los sociólogos militantes (los utopistas que no pueden olvidar y por lo cual son olvidados por la reacción académica moderna) quienes formaron el primer contingente de la nueva orientación crítica que, stuff en el caso salvadoreño, pilule nos invadió desde el Sur del continente. Varios años después (años 70 y 80) esa orientación crítica de los sociólogos y estudiantes de sociología derivó en que muchos de éstos tomaran las armas para darle otro sentido a los libros y enfoques sociológicos, unhealthy con lo que quedaron más claras las teorías en pugna, reproduciendo a su nivel la confrontación norte-sur. Tanto en esos años como hoy -en el siglo XXI- la camada de sociólogos y estudiantes de sociología vio como una pugna generacional el enfrentamiento de las tendencias sociológicas, sobre todo hoy por cuanto los más jóvenes no reconocen ni aceptan (o ven de menos, en el sentido teórico) la referencia crítica (marxista) de los pocos sociólogos que le sobreviven, a quienes ven como “desviados” de la ciencia, con lo cual vuelven al cauce de la sociología academicista y descomprometida de los años 40 y 50 del siglo XX.

Incluso en el período en el que la tendencia crítica marxista tomó fuerza, ésta no fue unánime, pero sí significativa por su impacto político de transformación. En los años 60, varios sociólogos argentinos distinguían entre: los egresados de escuelas latinoamericanas, caracterizados por su mala formación técnica y metodológica, su carencia de autonomía de investigación y su elevado compromiso ideológico con la burguesía, y los graduados en universidades norteamericanas (o en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales –FLACSO-) que se caracterizarían por rasgos opuestos a los enunciados críticos y por cierta tendencia a convertirse en tecnócratas bien pagados. Estos últimos disfrutarían de gran movilidad ocupacional e internacional que fomentaría su descompromiso sociopolítico, un descompromiso que hoy es motivado por la proliferación de consultorías y por el divorcio con lo ideológico que es fomentado en los doctorados centroamericanos. La distinción resulta de interés para mostrar la necesidad de relativizar la tesis de la pugna generacional que era y es manejada para explicar las tendencias. Hoy como ayer, es muy clara la existencia de dos grupos con opciones ocupacionales muy diversas y que, en general, se adhieren a orientaciones básicas divergentes. Mientras los utopistas se adhieren a la postura crítica, porque va mejor con su radicalización política, los graduados en el exterior o en las universidades privadas prefieren la asepsia ingenua del cientificismo. Sin embargo, debe destacarse que en los últimos tiempos muchos de los que deberían pertenecer al grupo crítico han defeccionado de tal posición para pasarse con armas y bagajes teóricos a la otra. Por ello es que he propuesto que las ciencias sociales deben regirse bajo el lema: Sentir y actuar con las ciencias sociales.

Esta breve excursión por los grupos sociológicos muestra que la explicación del surgimiento de la sociología crítica en América Latina (y en el país con la primera salvadoreñización), no tiene su explicación en la pugna generacional, sino en el dinero y el conformismo reaccionario y ello explica que representantes de las más diversas generaciones se encuentren en partidos opuestos en esta pugna sobre la naturaleza y el significado práctico del que hacer sociológico, aunque sea verdad que la proporción de contrarios al proyecto “cientificista” debería crecer en las generaciones más recientes al avaluar las condiciones de vida.

Las críticas a los sociólogos y a la sociología descomprometida de las posguerras (la II Guerra Mundial y la guerra civil en El Salvador) pueden clasificarse en políticas y teóricas. Pertenecen al primer rubro todas aquellas que muestran a unos y a otra como defensores del capitalismo e incluso como instrumentos de la dominación imperial que la neocoloniza. El segundo, en cambio, resulta más amplio: va desde una concepción alternativa de la manera de hacer sociología que lleva a criticar-negar el postulado de la neutralidad valorativa, a discutir las relaciones entre ciencia e ideología, y a postular la necesidad de abandonar el neopositivismo en beneficio de orientaciones marxistas, hasta el rechazo de las teorías basadas en tales supuestos, como el estructural-funcionalismo y, más particularmente, las teorías de la modernización que hoy esgrimen conceptos como el de la globalización y el fin de la historia. Ellas no son aplicables a la realidad salvadoreña, por lo que sostengo que los sociólogos “cientificistas” o descomprometidos carecen de un conocimiento adecuado de la realidad nacional.

El postulado de la neutralidad valorativa, por ejemplo, fue el sustento del enfoque “cientificista” de las ciencias sociales y ha sido también el postulado más negado por los críticos. Orlando Fals Borda sostuvo que no es posible ser neutral, pues siempre existe el compromiso, sea con el status quo –como en el caso de aquellos que amparados en el principio de la neutralidad valorativa ayudan al sostenimiento del régimen vigente- sea con el cambio social. En ese sentido, es inevitable tomar posición en cuanto que los juicios de valor son los que llevan a articular una determinada comprensión de la sociedad comprometida con el desarrollo humano o con el crecimiento económico. Ahora bien, esto no implica una nueva y única escuela -per se-, porque ello significaría negar la existencia misma de la sociología como ciencia social con vertientes, sino que postula la adopción de un enlace sartreano: “la acción o actitud del intelectual que, al tomar conciencia de su pertenencia a la sociedad y al mundo de su tiempo, renuncia a un posición de simple espectador y coloca su pensamiento o su arte al servicio de una causa”, en este caso la de la transformación de la situación actual. Este es el resumen del compromiso social de las ciencias sociales.

El compromiso implica dos planos: por un lado, la conciencia crítica de los problemas sociales; por otro, el conocimiento de la teoría y los conceptos aplicables a esos problemas. Podemos afirmar que no son dos mundos paralelos ni autónomos, sino que se trata de una totalidad científica –con su propia lógica de movimiento- que ejerce muchos efectos en el proceso de sistematización y avance del conocimiento, por eso el compromiso-militancia, aunque ideológico, no queda fuera de los procesos científicos. Todo ello no es contradictorio con la objetividad de las ciencias sociales. Estas no son neutrales, pero sí objetivas, lo que sucede es que en la mayoría de los casos se confunde objetividad con apatía moral, lo que es una forma de compromiso con el status quo.

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