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martes , 12 diciembre 2017
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“Sí puedo perdonar, pero primero la verdad”: Margarita Zamora de Pro-Búsqueda
Margarita Zamora, sobreviviente de la masacre del Río Sumpul en San Ignacio, departamento de Chalatenango; perdió a su madre, tres hermanos y un primo durante “La última guinda” provocada por la Fuerza Armada tras una “Operación Limpieza”. Foto Diario Co Latino/Ludwin Vanegas.

“Sí puedo perdonar, pero primero la verdad”: Margarita Zamora de Pro-Búsqueda

Gloria Silvia Orellana
@SilviaCoLatino

La “Guinda de Mayo” aún permanece clara en la memoria de Margarita Zamora, investigadora de Pro-Búsqueda, cuya parte de su familia desapareció ese mayo de 1982.

“A 35 años de esa operación militar hay gente que sigue teniendo miedo de hablar o dar información por lo que les puede pasar. Yo particularmente, sí creo que puedo perdonar, pero primero quiero conocer la verdad”, dijo.

– ¿Qué recuerda de su vida antes de ese operativo militar?

Soy del departamento de Chalatenango y, a raíz del conflicto armado tuve que emigrar de mi pueblo en 1982 cuando se da el operativo militar conocido como la “Guinda de Mayo”, que es el momento donde más desapariciones se dieron en ese departamento. Y donde desaparecen mis hermanos y mi madre.

Yo tenía 17 años, era la mayor de los siete hermanos, en Chalatenango, porque en total somos nueve, pero por las mismas razones del conflicto habían salido del lugar dos hermanos más.

Vivíamos en San Antonio Los Ranchos, uno de los municipios que fueron totalmente destruidos a raíz del bombardeo y del mortereo, eran de calibre 105,  los que nos tiraban; desde 1981 nos mortereaban como darnos los tres tiempos de comida.

Era terrible para los niños y ancianos que tenían que correr y buscar dónde refugiarse. Primero, los morteros caían en el Barrio El Centro, otras en el Barrio San Rafael o en un lugar cerca de Guarjila, conocido como El Gallinero, en diferentes zonas de San Antonio Los Ranchos. Y en Los Almendritos donde había un campamento guerrillero, lo hacían para agarrarlos completamente distraídos.

Recuerdo que en una de esas situaciones, una familia al oír el sonido del mortero, corrieron a refugiarse en un hoyo (tatú) y justo cuando iban a meterse, se dio la explosión. Fueron los primeros en morir que yo recuerdo en San Antonio Los Ranchos a consecuencia de un mortero.

Y no era que estuvieran en la guerrilla, sino que, simplemente no tenían los medios para irse a otro lado; como nosotros, por ser una familia numerosa era difícil movilizarnos a otro lado con los familiares, era sumamente difícil; entonces, mi padre y mi madre por los niños chiquitos optaron por quedarse y que fuera lo que Dios quisiera.

Por eso nos sacaron por el cantón Los Dubones, cerca del cerro Eramón, que pertenece a Arcatao,  entonces pasaron un tiempo ahí, hasta que se da la operación de la “Guinda de Mayo”. A todas las personas que estaban en esa zona los ubicaron en el cantón Los Amates los concentraron ahí y la mayoría eran niños, niñas, mujeres y hombres ancianos.

– ¿Cuándo se lanza el operativo?

El operativo se realiza entre el 27 y 28 de mayo y que llamaron “Tierra Arrasada” o “Quitarle el Agua al Pez”, reforzaron los diferentes puestos militares que ya estaban en la zona y fueron cercándola. Un grupo entró por San Antonio Los Ranchos, pasaron al cantón el Alto y bajaron por San Isidro, justamente para llegar a Los Amates, donde estaba concentrado este grupo de personas.

Cuando inicia el operativo la gente había pasado el río Sumpul hacia este lado de Los Amates, es entonces que se da el primer percance, una balacera que la gente confundió creyendo que eran los guerrilleros.

Había una persona que estaba cuidando el camino cuando viniera la tropa, pero lo atraparon los soldados y lo degollaron, entonces, no hubo ningún aviso y cuando sintieron ya estaban dentro, los tenían cerca para huir y ahí un buen grupo de personas murieron.

En Los Amates había un callejón… una callecita que en ambos lados tenían piñal y cerco de piedra… era súper estrecho para pasar y se acumuló la gente en ese espacio y murió. Cuando ya llegaron al río Sumpul la gente agarró por donde pudo, unos por las orillas, otros cruzaron el río cuando los mataron.

Había personas al otro lado del río con un lazo para pasar a la gente, otros con cayucos todos hechos puño iban, pero algunos por agarrarse de otros se ahogaron. Ahí murió mucha gente ahogada por la desesperación, la angustia y todo el ataque militar.

Margarita Zamora, representante de las víctimas del conflicto armado de la Asociación Pro-Búsqueda. Foto Diario Co Latino/Ludwin Vanegas.

– ¿Qué ocurrió con su familia?

En el caso de mi familia lograron pasar el río, pero, en realidad no sé como lo hicieron, porque llevaban niños pequeños, mi mamá andaba enferma del paludismo y estaba alimentando a la bebé de 9 meses, era la más pequeña, era Carla Catalina, además de ella, estaba otro niño chiquito de 5 años, Germán Rutilio, mi papá cargaba a José Orlando de 3 años, pues ellos pasaron el río y subieron para llegar a Nueva Trinidad donde había un cerco… pero en ese momento, mi hermano José Mauricio, de 8 años, y Pedro, de 12 años, corrían por un monte en el momento de un enfrentamiento por el lado de Los Alvarenga, ahí asesinaron a mi tío y su hija de 12 años.

Pedro de 12 años, cuando oye la balacera se escondió en un zacate alto, ahí se quedó inmóvil ocho días y tomó agua solo de la lluvia que cayó en esos días; tenía miedo y era fácil que lo tomaran como guerrilleros los soldados y lo mataran; por eso aunque Mauricio le gritaba (buscándolo) él nunca le contestó, por miedo a ser asesinado. Esa fue la última vez, que supimos de Mauricio, después, y cuando volvieron para buscar  los restos de mi tío no había ningún cuerpo, y José Mauricio desapareció, hasta la fecha.

Mi mamá logró pasar y llegar a  Nueva Trinidad, y nos contaron que andaba con los tres niños pequeños, porque se tuvo que separar de mi papá cuando huían; y un tío recuerda, que mi mamá le dijo a mi padre -yo hasta aquí voy a llegar y que sea lo que Dios quiera- y era, porque los niños andaban todos desangrados sus pies de correr entre piedras, zacatal y cercos.

Además, todos estaban exhaustos  y ella con paludismo nada era fácil. Yo he ido, hacer esa caminada y son dos horas hacia un camino en lo alto donde ellos quedaron; estamos hablando de más de seis horas de andar huyendo y escondiéndose; (contiene las lágrimas) si hubo un ángel que la ayudó, por eso le tengo una gran fe al ángel de la guarda, quizá la ayudó a ella con los niños, eso fue una pesadilla, yo los recuerdo siempre. Mi madre solía decir “no voy a dejar a ninguno (hijos), donde yo quede ahí van a quedar conmigo” .

A mi papá, lo vi hasta 15 días después de la Guinda de Mayo,  estaba irreconocible, andaba todo patojo porque los pies estaban  destrozados llegó con unos caites que encontró por ahí, caminó bajo la lluvia y totalmente a la intemperie llegó a La Montañona, por la Laguna y luego a Monte Redondo, esos fueron momentos terribles para mi familia.

– ¿Qué espera a 35 años de la Guinda de Mayo?

Desde que mi padre interpuso su caso en 1994, por mis cuatro hermanos, he venido trabajando como activista y ahora, como investigadora de campo, y me identifico con las familias porque he vivido su situación.

Y si bien no he podido resolver el caso de mis hermanos he podido ayudar a otras familias a encontrar a sus familiares, es una mezcla de alegría y tristeza porque pienso que quizá algún día pueda ser yo pero si no; tengo la satisfacción que ayudé a otros, es como vivir el reecuentro como si fuera el mío, saber que hay una familia menos que dejará de sufrir porque encontraron al familiar también me llena.

Ahora, estamos tratando de cambiar la forma de investigar y documentar los casos, pero necesitamos los espacios como la Fuerza Armada que abra los archivos. Y pueda ser que algunos documentos no existan porque los destruyeron, pero hay posibilidad de reconstruir hechos, porque las personas que participaron en los operativos están vivos y saben lo que realmente ocurrió, no es difícil de lograr establecer porque esto marcó la vida de cualquiera; así como solicitar el perfil genético y una campaña a nivel nacional.

Este próximo 3 de junio vamos a conmemorar los 35 años de la “Guinda de Mayo”, como siempre tendremos una Misa a la memoria de las víctimas, testimoniales y una jornada cultural, será en las orillas del río Sumpul que tiene mucha historia del pueblo, en su parte de arriba la Masacre de Las Aradas, y nosotros en 1982, con la Guinda de Mayo.

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