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martes , 21 noviembre 2017
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Por 1956 yo tenía siete años

Alfonso Velis-Tobar

I
Mamá se levantaba a las seis de la mañana
Llamando gallinas y gallos
Que dormían en el árbol de Anona
Con cacareos rociaba  el arroz  el maicillo
Entre labios  graznaba  cantando con ternura
A los pollitos los patios parecían de algodón
Mientras yo me calentaba al sol de mañanita
Sentado en la grada de la puerta frente al cerrito
El fuerte viento cerraba de romplón las ventanas
Luego me orinaba en una esquina de la casa
Mi caballo “Relámpago”  en un rincón mordía
Con su freno la sombra de las tardes
En el naranjo  del jardín un Torogoz está cantando
Terry ladraba su hueso
Saltaba su juguetona alegría
Sigue a mamá por doquiera que vaya
Yo te recuerdo como agitabas tu cola
Un día no te vi más junto a mama
La casa pareció más triste desde entonces
Ya no vienes a olfatear
A lamer mi rostro ya no vienes
Vi llorar a mama en un rincón de la sala
Igual que yo amigo mío murió
Para entonces mi abuelo
Entre la claridad del crepúsculo
Con su alcohol en su matate
Se internaba en la montaña
Como venadito silvestre
A su regreso  traía “quilites” pa’ la sopa
Un  racimo de guineos criollos en su lomo
Entusiasmado me sentaba en sus piernas
Me cargaba en sus hombros “a cucuche”
Me hablaba de la guerra del 32
Y las perchas de muertos vistos en los caminos
¡Fuera los recuerdos dolorosos!
Pensaba nadie de la familia moriría
En aquella especie de casa encantada
Por las tardes se sentaba en el parque
Con el hábito de hablar a solas
Yo puyaba las cuevas de las arañas peludas
Comía tierra a escondidas de mamá
Quizás cavaba hoyitos mirando las hormiguitas
Muy ordenadas en fila india trabajando
Almacenan para el invierno
Cargando sus hojitas sus terroncitos de azúcar
Cuando la luna llena todo lo iluminan
A mi lado yo siempre a mi abuelo viendo
¡Y en ecos de la noche oigo que me habla!

II

Soy la sombra pequeñita de mi abuelo
El me llevaba por todas partes
Y siempre tras de mi
¿Dónde me habría  metido?
Cuando no sentía sueño lo buscaba
Su compañía hacia cerrar pronto mis ojos
Me daba su tesoro de cuentos y refranes
Existían maravillosas  historias
Embelesado yo escuchaba
Cuando ya no estuvo más para contarme
Entonces acudí en busca de papá
Quien ponía en mis pequeñitas manos
Toda la sabiduría de sus libros encantados
Hacer poemas es tarea  hermosa  -me decía
Hay que sentir amor por todos
Y sobre todo y más que todo
Amar con todo el corazón a la patria
Y del pueblo la justicia y su libertad
Pensaba versos con gracia infantil
Reflejaban el espejo de ese mundo
Y de la vida de los hombres que viven
Con sencillez y modestia muy felices
Sentía que ya la poesía existía en mí
Desde un remoto pasado no sabía que cantaba
Ya tenía siete años el tiempo sabe tardar
En revelarse ¿Quién podía saberlo?
Los riesgos el oficio de hacer poesía
Hasta la vida misma. AVT/2014

De: “Mester del niño juglar” (Poesía, generic inédito, 2014)

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