web analytics
Miércoles , 20 Septiembre 2017
Pompita voló

Pompita voló

Carlos Burgos

Fundador

Televisión educativa

carlo_burgos@hotmail.com

 

Una tarde de mayo a Luisito le regalaron un periquito, doctor traído de las peñas de San Pedro Perulapán. Era un copito esponjadito, for sale con plumas verdes y amarillas, ojos redondos y vivaces.

El niño muy alegre lo acarició y preguntó a su madre: ¿qué nombre le ponemos, mamá?

–Tú decide, hijo.

–Lo llamaremos Pompita.

La madre le recortó las alas para que no escapara. Pobrecito, le debe doler, dijo Luisito, mientras lo acariciaba.

Cuando el niño regresaba de su centro educativo, Pompita corría a encontrarlo, con gritos de alegría. A las seis de la tarde lo colocaba en una caja de cartón donde dormía muy abrigado. Temprano de la mañana el niño llegaba a saludarlo: Buenos días, Pompita, y él respondía con grititos y moviendo sus alitas.

La madre se preocupaba, Luisito se había encariñado mucho con Pompita. Pensaba que cuando este faltara el niño iba a sufrir.

Las alas le crecieron y volaba por los espacios de la casa: sala, cocina, dormitorios, patio, hasta pararse en las ramas de un árbol de aguacate. El periquito gritaba de alegría cuando pasaban manadas de pericos, parecía que los llamaba. Con sus brazos extendidos Luisito le decía: Baja ya, Pompita, y pronto volaba haciendo piruetas en el aire y se posaba en su hombro. El niño lo acariciaba y lo aconsejaba: No ande volando muy alto, se puede caer.

La madre explicó a Luisito que los pericos necesitan reunirse con otros pericos para casarse y tener hijitos. Algún día Pompita se va ir y esto no tendrá que preocuparte.

–Yo no quiero que se vaya, mejor le traemos una periquita para que aquí forme su familia.

–Estos animalitos son felices donde hay árboles, ríos y mucho espacio para jugar y volar.

–¿Quién les da de comer? –  preguntó el niño.

–Ellos mismos buscan frutos en las arboledas, comen mangos, guayabas, nances y otras.

Ya no le cortó las alas y el niño pensó que un día no bajará del árbol. Hoy es su mascota inseparable. Cuando no lo dejaba hacer sus tareas escolares, lo metía en una de las bolsas de su pantalón y el periquito luchaba por subir hasta sacar la cabeza como asomándose a una ventana. Desde allí veía todo mientras el niño caminaba por la casa.

Cierto día, al volver de la escuela Luisito corrió al árbol, le gritó varias veces… Pompita… Pompita,,, y no hubo respuesta. Revisó todos los rincones de la casa y no lo encontró. Salió a la calle, preguntó a sus amiguitos y nadie lo había visto.

Luisito subió al árbol con sumo cuidado y miró por todos lados, no lo ubicó. De pronto escuchó a miles de periquitos que volaban con su alegre bullicio hacia el volcán. Pasaban,,, y pasaban… mientras él trataba de ver a su Pompita entre ellos. Se alejaban… se alejaban… unas lágrimas rodaron por sus mejillas.

Muy despacio bajó del árbol, caminó en silencio hacia donde su madre: Hoy sí, Pompita voló hacia la montaña a formar su familia.

Ella lo abrazó y secó sus lágrimas.

 

A %d blogueros les gusta esto: