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Martes , 19 Septiembre 2017
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Poesía de Brenda Monzón

Poesía de Brenda Monzón

¿Encenderás mi boca con un beso?

¿Encenderás mi boca con un beso?
Los florecidos labios tendrán la suavidad del terciopelo,
Tus dedos dibujarán caricias exquisitas en mi cuerpo,
Los suspiros se confundirán con el aire y con el viento.

Quiero enredarme entre tu cabellera,
Para que en un segundo se agite todo el universo,
Invéntame un juego prohibido en tu pensamiento,
Y consúmeme en tus brazos, como el fuego.

Alójame en tus ojos eternamente,
No quiero perder de vista tu mirada,
Sé que si no me amas yo me muero,
Y no quiero morir de amor en la alborada.

 

¿Cuántos besos podré robarte con diez rosas rojas?

¿Cuántos besos podré robarte
Con diez rosas rojas?

Hoy lo sabré, te regalaré flores
Y te llevaré serenata….

Te diré que te quiero,
Que por las tardes extraño verte junto a mí,
Cerca de la fuente de la plaza.

¿Cuántos besos podré robarte
Con diez rosas rojas?

Quizá sea uno, o ¿será que ninguno?
Déjame probar de nuevo tus labios,
Que saben a almendra,
A fresca mañana de otoño.

Quiero morder suavemente tu boca,
Quiero sentir tu piel,
Quiero verte de nuevo a los ojos,
Quiero embriagarme con el olor de tu pelo.

¿Cuántos besos podré robarte
Con diez rosas rojas?

No me castigues más con esa duda,
Y regálame la miel de tu boca,
Que no resistiré más el deseo.

 

Mujer de trigo, tierra y agua

Yo no sé ni siquiera quien soy,
Sólo sé que soy,
Lo que tú quieres que yo sea.

Soy los ojos que reflejan tu mirada,
La lluvia que empapa tu cuerpo,
La caricia que no se reprime.

Soy lo que es y será,
El llanto hecho risa,
La mañana clara que te despierta.

Esa soy yo,
La esencia del amor y la pasión hecha mujer
Mujer de trigo, tierra y agua.

 

Hombre

Hombre,
pecado al rojo vivo,
invitación a perder la cordura,
a amarte con tanta dulzura,
para morir de pasión entre tus brazos.

 

Llama ardiente donde quemo mis deseos,
isla de encantos donde me pierdo,
para renacer en las llanuras de tu vientre
como una loba sedienta de tus labios.

 

Ser que perturbas mi razón
¿dónde escondes el cajón de tus deseos?
quiero abrirlo para que me correteen
en los laberintos de mi cuerpo.

 

Un lucero distante

Un lucero distante
Coquetea conmigo,
Me invita a mirarle,
Se hace mi amigo.

Aparece en la noche
Tranquila y callada,
Es amante de la luna
Pero no se atreve a besarla.

Allí está todo el tiempo
El plácido amante,
Su luz es intensa
Como pasión desquiciante.

Se ha hecho mi cómplice
Pues sabe que te amo,
Que noche a noche te espero,
Con el alma en las manos.

 

¿Te diste cuenta cómo te miraba la luna?

¿Te diste cuenta, cómo te miraba la luna?
Quise esconderte bajo la sombra de un árbol
Para poder besarte,
Pero ella te sonrió con su brillo coqueto
Y alcanzó tu cabello para tocarte.

¡Qué inoportuna la luna!
No dejó que te acariciara,
Ella quería seducirte
Con su manto luminoso.

¿Te diste cuenta, cómo te miraba la luna?
Quizá no le gusta ver
A dos amantes enredados de pasión
En la noche,
O es que ¿acaso no quiere ella que yo te toque?
Me dieron celos de
Como te miraba la luna.

 

Manos de hombre

Manos de hombre
Que acarician mi cuerpo,
Manos fuertes
Que me brindan sosiego.

Regálame tus manos
Que me gusta tocarlas,
Quiero sentirlas,
Acariciarlas, besarlas.

Quiero cuidarlas
Como grandes tesoros,
Cubrirlas del frio,
Protegerlas de todo.

Que nunca se dañen tus manos de hombre,
Que me gusta sentirlas
Recorriendo mi piel,
Escribiendo tú nombre.

 

Viento…

Viento,
Corre y persigue su oído
Rompe el silencio de la distancia,
Habla por mí,
Dile que lo espero
Una taza de café
Y un cigarrillo me acompañan.

Su voz resuena en mí
Pero no lo entiendo,
Lo he visto pasar
Pero no se detiene a mi lado.

Habla por mí
Dile que lo extraño,
Aun la lluvia cae
Pero no moja mis labios.

El Cigarrillo sigue encendido,
El tiempo pasa,
Y aun lo espero.

 

Me atrapas…

Me atrapas con tus brazos de enredadera,
Que suben desde mis pies
Hasta el pelo,
Hasta llenarme de primaveras.

Botones de rosas se abren en mis campos
Cuando haces tu jornal cada día,
Siento los pasos de tu cuerpo,
Que abren caminos en la tierra prohibida.

Tus manos de hombre labriego surcan mi cuerpo,
y siembras en mis entrañas la semilla de la vida,
Riegas mis campos con besos,
Que alimentas con caricias.

 

 

 

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