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viernes , 24 noviembre 2017
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Poemas de Carlos Manuel Villalobos

Poemas de Carlos Manuel Villalobos

Costa Rica, medical cialis 1968. Es Profesor Catedrático de Teoría Literaria y Semiótica en la Universidad de Costa Rica. Del 2004 al 2012 fue Vicerrector de Vida Estudiantil de esta Institución y actualmente ocupa el cargo de Director de la Escuela de Filología, Lingüística y Literatura.

Es doctor en Letras y Artes en Centro América por la Universidad Nacional de Costa Rica, máster en Literatura Latinoamericana y licenciado en Periodismo por la Universidad de Costa Rica.

 

El espejo oculto

Por aquí pasan dos veces: lunes de fijo

y jueves salvo la Semana Santa.

Yo les dejo el asco, mi carroña

y toda la verdad de todo

en paquetes de silencio.

Ellos vienen, no preguntan,

y recogen este rastro de mi sombra.

Ellos vienen y se llevan

todo el polvo que le arranco

a lo que pienso.

Ellos vienen y tiran al camión

de la basura

las huellas que vomito por el alma.

Ellos vienen y recogen

uno a uno mis pecados.

Pasan por aquí temprano,

no preguntan

y se llevan mis olores,

los avisos de la muerte

y todas las palabras

que le sobran al poema.

Ellos vienen y se llevan

este espejo que ocultamos.

 

Afilador de colmillos

Es curiosa y casi loca esta manía

de andar de puerta en puerta

preguntando por el filo de las cosas.

Es curioso, pero es cierto:

paco a poco los puñales van perdiendo

su donaire,

y de tanto morder maderas

los serruchos, diente a diente,

se desgastan la finura,

y de tanto cortar los hilos de la vida,

yarda a yarda,

las tijeras van perdiendo el apetito.

Es por eso, que sí, que desde luego,

que venga y toque el timbre

el hombre de amolar cuchillos,

que afile todo en la cocina,

y de paso afile el ojo,

la lengua y el oído.

Que sí, que pase

y que lo afile todo:

el espejo que perdió el encanto

el reloj que se cansó del tiempo,

los colmillos de la historia

que dejó el olvido en el olvido.

Que sí, que entre, desde luego,

que traiga la piedra de afilar y el esmeril

y deje con todo el filo de besar

el beso

que hace tiempo no besaba

con locura.

 

Canto a los pezones

Desnuda,

te vistes solamente con mis ojos

y el encaje de mis labios tejiéndote la ropa.

Una iguana de fuego

sube por las lomas

a bañarse con la luna.

Soy riachuelo de cascadas

subiendo hacia tus pechos.

Soy la lengua del incendio

que se arrastra por tu piel.

En la cima, dos cráteres gemelos

me gritan que los muerda.

En la cima, dos hadas bailarinas

cabalgan sin montura hacia el orgasmo.

 

La orquídea

Me gusta el cántaro de canto a mar abierto.

Me gusta, amor, el polen de la luna

y esta piel antera tuya de humedales

y de fuego.

Me gusta la tintura madreperla

de esta flor que se abre así para mis besos.

Me gusta el gozo incendio, así desnuda,

la mano que toca el arpa

y el río creciendo

así creciendo

por los atrios de mi lengua.

Me gusta, amor, tu pétalo sin riendas.

Me gusta este botón,

el húmedo botón de los potreros.

Me gusta tu corola de salvaje labio.

Me gusta, amor, esta orquídea tuya suculenta

que baila con el baile de mi boca.

 

Oruga de fuego

A las bailarinas

“El alma del filósofo habita en su cabeza; el alma del poeta en su corazón; mas, el alma de la bailarina late en todo su cuerpo”.

Gibrán Jalil Gibrán

Se mueve el corazón de la semilla

y ella sabe la espiral de su camino.

Giran la luna el sol y los cometas

y ella entiende la magia de la elipse.

Danza el viento su serpiente de andar por los potreros

y ella puede seguirle el rastro sin perderse.

Se mueve el río por las piedras y los valles

y ella danza como danza el agua cuando salta por la piedra.

Viene el mar marcando sus amares en la arena

y ella salta sola, sola salta como el sueño por las olas.

Ella baila el miedo, la alegría, un pez del arrecife

Ella baila la esperanza, el odio, la luz de la mañana.

Ella baila los espejos, la tristeza, un cuchillo en el costado.

Ella baila flores, magia, rito  y todos los besos de la Tierra.

Solo ella sabe cómo escribir en el viento una metáfora,

cómo gritar a gritos con el pie desnudo.

Solo ella sabe cómo decir un cisne con el ala moribunda

y a la vez salvarlo con un beso de amor enamorado.

Mueve el pie, el vientre y cada una de sus alas

Mueve la cintura, el silencio y todos los deseos.

Toda bailarina es una oruga

que se desgaja el vientre y se convierte en llama.

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