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martes , 12 diciembre 2017
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Poder

 Orlando de Sola W.

Querer no es poder”, generic decía un amigo que estudió derecho pero se dedicó a la agricultura. La praxis legal le parecía alevosa y alejada de la justicia. No es cierto que “querer es poder”, decía, porque el deseo no es suficiente; se necesita poder. Y aunque todos lo tenemos en mayor o menor grado, la voluntad y el raciocinio no bastan para satisfacer nuestras necesidades; necesitamos poder, entendido como autoridad, potencia e influencia.

Esas formas de poder rara vez coinciden en nuestras organizaciones sociales, políticas y económicas; compiten entre si, pero no son excluyentes, ni en la familia, ni en los gobiernos, ni en las grandes corporaciones. Y cuando se tiene uno, por ejemplo la fuerza armada, hacen falta otros. Pero cuando se tienen otros, como los bancos, las fábricas y las haciendas, hacen falta las mentes y los corazones.

La monarquía era la principal forma de gobierno en la antigüedad. A veces se convertía en imperio, pero el poder lo ejercían monarcas, que también eran jueces y generales. Los magos y los trovadores jugaban un papel importante, ahora cubierto por las iglesias y los medios de comunicación, que son fuentes de autoridad e influencia.

Coordinar esas tres formas de poder no es fácil, pero es necesario para gobernar. Cuando no sucede así hablamos de “estados fallidos”, sin examinar las verdaderas causas del fracaso, sino sus efectos.

Culpamos la polarización político-ideológica. Pero esa no es la razón del caos. Culpamos la corrupción, la falta de transparencia y la impunidad, pero esos son efectos, no causas. Y castigar a los culpables no es la solución, porque todos terminaríamos presos, por lo que necesitamos un nuevo enfoque que combine autoridad, poder e influencia con misericordia.

Querer no es poder, pero comprender su naturaleza es importante. Entre mas cerca estemos del poder formal, mayor la posibilidad de realizarnos como personas. Si delegamos nuestro poder individual en instituciones de arrogantes e indiferentes no avanzamos. Y si delegamos en envidiosos, perezosos, o iracundos, tampoco podremos satisfacer nuestras necesidades individuales y colectivas. Por eso es importante descentralizar, devolviendo poder a los pueblos y municipios.

El Salvador necesita un nuevo mapa geopolítico que tome en cuenta población y cuencas hidrográficas. Los actuales mapas están desfasados porque obedecen el esquema centralizado y antidemocrático.

El oligopolio partidista se vale de esto para impedir nuestra participación, como ciudadanos, en los asuntos nacionales. Y para recuperar ese poder perdido propongo un plebiscito municipal, en todos los municipios, para preguntar si deseamos seguir con el centralismo autoritario, o si queremos devolver poder a los ciudadanos, en una especie de federalismo municipal. Por sus características especiales, el área metropolitana requiere un enfoque especial. Pero también tiene solución.

El mercantilismo era el sistema económico que utilizaban las monarquías absolutas en el pasado. Se basaba en ventajas, favores y privilegios que los monarcas otorgaban a sus favoritos. Aunque ya no hay monarquías absolutas, el mercantilismo sobrevive en algunas repúblicas democráticas y representativas.

Por eso, para salir del centralismo y el mercantilismo necesitamos devolver poder a las personas en los municipios, dejando que el gobierno central cumpla su función primordial de proteger vidas, libertad y propiedad, especialmente de nuestro cuerpo, sentimientos y pensamientos.         

Los gobiernos municipales pueden ampliar sus funciones, prestando servicios públicos de calidad que ahora acapara el centralismo.

Para financiar esa descentralización propongo a los gobiernos municipales un Impuesto Municipal Sobre Ingresos (IMSI), que sustituya al que cobra el gobierno central, al que llamamos Impuesto Sobre la Renta. Los municipios podrán competir entre si para atraer mayor inversión pública y privada en Personas, Recursos y Bienes.

El gobierno central seguirá cobrando el IVA, bajándolo al 10%, como antes del Pacto de San Andrés, para ampliar su base. Recordemos que cuenta con un cuerpo de cobradores, que somos los portadores de crédito fiscal. Eso nos obliga a cobrar el IVA por cuenta del gobierno, pero somos muy pocos en relación al volumen de transacciones.

Los cambios geopolíticos y la nueva política tributaria provocarán el retorno de muchas familias a sus lugares de origen, donde vivirán mejor y más barato, contribuyendo a descongestionar el área metropolitana.

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