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Martes , 28 Febrero 2017
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EL PERDON Y EL KARMA Dr. Chirstian Bernard, F.R.C.    (No. 2)

(Imperator actual de AMORC)
¿De qué sirve perdonar si las acciones no lo siguen?

El comportamiento señalado antes se encuentra generalmente en aquellos impregnados de una educación religiosa. Pero, ¿de qué sirve perdonar si las acciones no lo siguen, si conservamos la desconfianza y si nuestra actitud no refleja nuestro llamado perdón? En este caso, sería mejor no afirmar que hemos perdonado. De esta manera no hay ningún desacuerdo entre todos nuestros “yos”, entre nuestra mente y nuestro corazón. nuestras emociones no estarán en contradicción, bamboleados en todas las direcciones. La persona que dice que no perdona a la que me acabo de referir, me parece más serena que otras que afirman haber perdonado.

He reflexionado sobre este contraste y traté de encontrar una explicación racional a esto. Si se tratara de una persona totalmente egoísta y egocéntrica, pensaría simplemente que no tiene el nivel de consciencia adecuada para preocuparse, pero no es el caso, al contrario. He llegado a pensar que su concepción del perdón era el reflejo de una absoluta confianza en las leyes divinas. No pretendía ser el maestro del karma, no se arrogaba el derecho de decidir de poner en práctica estas leyes. No se consideraba como el canal o el intermediario entre la persona malintencionada y Dios. Actuando así no daba muestra de pretensión, ni de orgullo, defectos generalmente atribuidos a las personas que no perdonan.

En el mismo orden de ideas, he constatado que con los mismos que hablan de devoción y sacrificio, y que creen a veces, por supuesto con mucha modestia, llevar el mundo y sus miserias a cuestas, que su supuesto sacrificio era bastante moderado, incluso selectivo. Se trata más de quejas y palabras que de acciones y resultados.

El terrorismo en Noruega del 2011

Esta reflexión sobre la noción del perdón me vino a la mente cuando los medios de comunicación volvían a hablar mucho del terrorismo y de asesinos en serie, entre otros, en el marco del proceso de autor del drama que ustedes seguramente recuerdan aquello que ocurrió en Noruega, en el verano de 2011, en el que casi 80 personas perdieron la vida. Ese terrorista, que preparó sus crímenes de manera metódica, no se arrepiente de nada. Reivindica sus actos y no implora ningún perdón. Su actitud parece conmocionar completamente a todo el tribunal.

A riesgo de disgustarlos, su comportamiento me parece estar conforme con lo que él es y con lo que hio. Lo queme parece más extraño es que los comentaristas de televisión y de radio, al igual que toda la prensa, parecen focalizarse solamente sobre este punto: el de las disculpas. Pretenden estar ofendidos por su negativa de pedir perdón, como si este criminal, con sus disculpas públicas, aliviaría a las familias y satisficiera los deseos del Poder judicial. Como si su acto así lamentado, disminuyera el daño causado y la pena infinita de los que perdieron a uno o más seres queridos.

Si él lamentara sus crímenes premeditados, llevados a cabo en consciencia e inteligencia, con mucha precisión y cálculos, entonces no lo comprenderíamos. Esa solicitud de perdón, ¿no sería, al contrario, inadmisible e ilógica, otra provocación? Por mi parte, me disgustaría más si él presentara sus disculpas como si hubiera cometido una pequeña falta de cortesía.

En este caso, como en otros similares, parecería que el mundo contiene su respiración en espera de esta petición de perdón, como un fin en sí mismo, como una absolución. Nos vendría bien pensar que, en definitiva, el acto del criminal fue, en cierto modo, sólo un accidente, un error, una simple falta. Esto nos tranquilizaría, nos evitaría pensar de manera más profunda. Sus disculpas y su perdón nos permitirían poner punto final a esta terrible historia, dar vuelta a la página para nuestra sociedad y continuar con plena consciencia produciendo y reproduciendo los mismos errores que llevan incasablemente a los horrores que conocemos.

¿Por qué siempre hay que hacernos irresponsables de nuestros actos?

¿Sus excusas tranquilizarían a la sociedad? ¿Aliviarían la consciencia de todos y justificarían nuestro modo de vida y de pensar?

¡Pero, bueno! aparentemente, todos están satisfechos con una petición de perdón y de perdón concedido, como si fuera lo esencial y lo más importante en esta matanza de Noruega o en otras.

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