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martes , 12 diciembre 2017
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PEDRO PARAMO Una historia de muertos

PEDRO PARAMO Una historia de muertos

Mario Castrillo

Escritor

 

Pedro Paramo muestra un suceso desde diferentes perspectivas y tiempos, viagra por ello afirman que es una novela cubista. En la novela de Juan Rulfo (1917-1986) los personajes hablan a través del recuerdo. Muchos de ellos están muertos y cobran corporeidad para conversar con Juan Preciado, que ha llegado a Comala en busca de su padre, un tal Pedro Paramo, “un rencor vivo”.

Algunos críticos y comentaristas afirman que la novela de Rulfo posee dos partes; otros que posee dos tramas paralelas similar a  Las palmeras salvajes (1939), de William Faulkner (1897-1962). Pedro Paramo apenas está situada en un tiempo histórico: La Revolución Mexicana (1910-1920) y La Guerra de los Cristeros (1926-1929). Pedro Paramo monologando afirma que ha esperado durante 30 años a Susana San Juan, lo que ubica la salida de Susana de su pueblo aproximadamente en el año de 1880. Aparte de estas referencias históricas no hay alusión al desenvolvimiento en el tiempo en esta novela.

Las técnicas narrativas empleadas por Rulfo están tomadas del mundo de la cinematografía: los contrapuntos, el flash back, el slow motion, el close up. Es frecuente el monólogo.  La novela discurre por saltos en el espacio y en el tiempo.

Es una historia de muertos. Juan Preciado conversa en el camino con el arriero Abundio, quien ha muerto hace muchos años. Llega al pueblo buscando la casa de Eduviges Dyada en donde pasa la primera noche.

Al tercer día habría de morir sofocado por el eco de las voces. Aquí los vivos dialogan con los muertos. Y los muertos con los muertos y los vivos. Todo transcurre en el mismo plano. Los personajes se desdibujan como si fuesen fantasmas. De algunos de ellos ya no queda rastro físico en la faz de la tierra; pero permanece el recuerdo y las voces. Las voces,  breves susurros como si estuviesen hablando en secreto. Damiana Cisneros nos dice “Este pueblo está lleno de ecos. Tal parece que estuvieran encerrados en el hueco de las paredes o debajo de las piedras. Cuando caminas, sientes que te van pisando los pasos. Oyes crujidos. Risas. Unas risas ya muy viejas, como cansadas de reír. Y voces ya desgastadas por el uso. Todo eso oyes”. Esas voces en solitario o en diálogos van dando cuenta de la historia del pueblo y sus habitantes. Un pueblo del cual la gente empezó a irse para no volver jamás. Un pueblo solitario pero poblado de voces.

Así escuchamos a Juan Preciado decirnos “… recuerdo que me vine apoyando en las paredes como si caminara con las manos. Y de las paredes parecían destilar los murmullos como si se filtraran de entre las grietas y las descarapeladuras. Yo los  oía – nos dice Juan Preciado refiriéndose a su muerte -. Eran voces de gente; pero no voces claras, sino secretas, como si me murmuraran algo al pasar, o como si zumbaran contra mis oídos. Me aparté de las paredes y seguí por mitad de la calle; pero las oía igual, igual que si vinieran conmigo, delante o detrás de mí. No sentía calor, como te dije antes; antes por el contrario, sentía frío. Desde que salí de la casa de aquella mujer que me prestó su cama y que, como te decía, la vi deshacerse en el agua de su sudor, desde entonces me entró frío. Y conforme yo andaba, el frío aumentaba más y más, hasta que se me enchinó el pellejo. Quise retroceder porque pensé que regresando podría encontrar el calor que acababa de dejar; pero me di cuenta a poco andar que el frío salía de mí, de mi propia sangre”.

La vida de Pedro Páramo está relatada a trazos breves. Ligeros destellos van configurando la vida, los dolores, las pasiones de Pedro Paramo, su carácter y su muerte. Con ligeros toques de pincel da cuenta de sus amores. Una tal Susana San Juan que delira hasta el día en que el padre Rentería se apersona a darle la bendición, ya a punto de abandonar este mundo. Y Susana San Juan le dice.

– ¡Ya váyase padre! No se mortifique por mí. Estoy  tranquila y tengo mucho sueño.

Se oyó el sollozo de una de las mujeres escondidas en la sombra.

Entonces Susana San Juan pareció recobrar vida. Se alzó en la cama y dijo:

– ¡Justina, hazme el favor de irte a llorar a otra parte!

Después sintió que la cabeza se le clavaba en el vientre. Trató de separar el vientre de su cabeza; de hacer a un lado aquel vientre que le apretaba los ojos y cortaba la respiración; pero cada vez se volcaba más como si se hundiera en la noche”.

Los sucesos transcurren en un aquí  y un allá casi intemporal. Como si el tiempo se hubiese detenido, como si fuese eterno. Todo es un estar en un aquí y en un ahora que incorpora el pasado como parte de su actualidad. Tal el pensamiento filosófico griego que considera el tiempo como un fluir continuo. Un fluir sin principio ni fin. Sin antes, sin después. Diríase que la eternidad es la medida de lo permanente. Si algo se aleja de lo permanente se acerca a su fin. Cuando esto sucede acaecen los cambios, por ello “nadie se baña dos veces en el mismo río” como afirma Heráclito.

En la novela está presente la violencia. Pedro Paramo ordena a Fulgor sedano dar muerte a Bartolomé San Juan, padre de Susana, en la mina de La Andrómeda. Manda a asesinar a Toribio Andrade, por deudas. Fulgor Sedano es muerto violentamente. Miguel Paramo, hijo de Pedro, muere violentamente, no por la acción humana sino de una bestia. La muerte de Pedro Paramo es así mismo violenta, como la de su padre, Lucas Paramo. Esos espíritus andan “penando” en las calles del pueblo. La hermana de Donis le dice a Juan Preciado: “Aquí esas horas están llenas de espantos. Si usted viera el gentío de ánimas que andan sueltas por la calle.”

Pedro Paramo está escrito en un lenguaje coloquial y poético. Las creencias y la filosofía de la gente sencilla del pueblo se palpan en estas páginas. Es una novela construida con nostalgia. Con recuerdos.

Nostalgia proviene del griego nostos y algos. La nostalgia surge ante el recuerdo de una pérdida, de algo que se tuvo y ya no está, que nos produce sentimientos diversos. Ya lo dijo Jorge Manrique: “Cualquier tiempo pasado fue mejor”. Es un anhelo del pasado. Un deseo del ser humano de superar lo finito y lo temporal para revivir momentos felices y eternizarlos. Con este material está escrita la novela.

Su lenguaje es poético, y en algunos pasajes no exento de erotismo:

– “¿Qué es lo que dice Juan Preciado?

– Dice que ella escondía sus pies entre las piernas de él. Sus pies helados como piedras frías y que allí se calentaban como en un horno donde se dora el pan. Dice que él le mordía los pies diciéndole que eran como pan dorado en el horno. Que dormía acurrucada, metiéndose dentro  de él, perdida en la nada al sentir que se quebraba su carne, que se abría como un surco abierto por un clavo ardoroso, luego tibio, luego dulce, dando golpees duros contra su carne blanda; sumiéndose, sumiéndose más, hasta el gemido”.

Fotografía: Fundación Juan Rulfo

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