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lunes , 11 diciembre 2017
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Parábola del rico epulón y el pobre Lázaro

*Carlos Girón

Carlos Girón S.

Carlos Girón S.

La parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro o del hombre rico y del mendigo Lázaro, sildenafil es una parábola de Jesús de Nazaret. Relata la historia de dos hombres y el destino final de cada uno de ellos: el pobre Lázaro llega a la gloria del cielo y el rico Epulón es condenado al infierno.

El hombre rico se vestía de púrpura y lino fino, discount y hacía cada día banquete con esplendor; el mendigo, medical llamado Lázaro, estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y los perros le lamían las llagas.

Cuando murió el mendigo fue llevado por los ángeles –dice la parábola– al seno de Abraham; el rico también murió, y fue sepultado, y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces el rico, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú, atormentado. Además de todo esto –sigue diciendo la parábola de Jesús—una gran alma está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.

“Entonces le dijo el rico –prosigue la parábola—te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y  Abraham le dijo: a Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. El rico dijo entonces: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos, de entre los muertos, se arrepentirán; mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se  levantare de los muertos”.

Aquí termina la parábola del Nazareno, Quien diría: “El que tenga ojos, que mire; y el que tenga oídos, que oiga”…

Por ventura, ¿tendrá esta parábola alguna aplicación en el mundo de los vivos y en sociedad alguna, como la nuestra, en el pasado o ahora, en estos momentos? Quizá. En estos días y desde hace unas semanas la Asamblea Legislativa debate sobre el proyecto de un ajuste de tributos fiscales, presentado en las postrimerías de la Administración Funes. No ha sido posible aprobarlo por la feroz oposición de fracciones legislativas bien conocidas, que aducen que dicho ajuste “afectará a toda la población”; esto a pesar de las innúmeras explicaciones dadas por funcionarios del actual Gobierno exponiendo que sólo pagarán más tributos quienes tienen la capacidad de hacerlo, como, por ejemplo, que poseen casas o ranchos playeros con un valor arriba de los 350 mil dólares y grandes ganancias…

El hecho de que en el proyecto de ajustes fiscales se elimine el privilegio consuetudinario que han tenido, por ejemplo, las grandes empresas periodísticas, de gozar de exención de impuestos para la importación de sus insumos de operación, y que sus dueños se vean obligados a pagar los impuestos de renta que nunca han pagado a pesar de las fabulosas ganancias que obtienen, impuestos que pagan hasta los descalzos, tal hecho, digo, no afecta en nada al resto de la población y menos que “atente contra la libre expresión”, como absurdamente se alega.

Lectores amables, ¿no encuentran ustedes cierta similitud de quienes se niegan a pagar lo que deben y compartir con sus semejantes sus grandes ganancias, con el rico Epulón? Forzando un poco las cosas podría decirse que el Lázaro de la parábola vendría a ser el pueblo más necesitado, que requiere mejor atención para su salud, más médicos y medicamentos; más paquetes escolares, calzado, vasos de leche, más sedes de Ciudad Mujer en la forma eficiente como funcionan las ya establecidas, gracias al amor y la generosidad de esa mujer del pueblo, Vanda Pignato, que no se cansa de seguir trabajando y buscando más y más beneficios para las mujeres salvadoreñas.

La parábola del buen Jesús es muy aleccionadora, reflejando hechos de la realidad en todos los tiempos y  lugares. Al final de las vidas de los humanos sin duda hay un balance según lo cual, cada uno tiene las recompensas que merece, como Lázaro en el cielo, y Epulón en el infierno, implorándole a éste que remoje sus sedientos labios…  Abraham le niega mandar a nadie a advertir a los parientes del rico para que no se apeguen a sus riquezas y hagan partícipes de las mismas a sus semejantes.

Abraham les diría que no basta que se ufanen diciendo que crean empresas y generan puestos de trabajo, pues al cabo que no lo hacen como obras de beneficencia, pagando salarios pírricos a quienes les ayudan a generar sus grandes fortunas…

Sí, no hay duda, las enseñanzas de Jesús fueron y han sido para todos los tiempos, para todos los hombres y mujeres de todas partes…

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