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Martes , 19 Septiembre 2017
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Nunca Es Tarde, Monseñor José Luis, Para Promover La Verdad

Juan Vicente Chopin

Con Monseñor José Luis Escobar Alas nos conocemos porque somos sacerdotes de la misma Diócesis, la Diócesis de San Vicente. La misma que cuenta entre sus obispos a Mons. Pedro Arnoldo Aparicio Quintanilla y a Mons. José Oscar Barahona Castillo, ambos declaradamente opuestos a la persona y ministerio de Mons. Romero.

Mons. Aparicio, sacerdote salesiano, fue el primer obispo de San Vicente. Antes de su llegada, dicha Diócesis fue administrada por Mons. Luis Chávez y González, el maestro de la organización social y pastoral en la arquidiócesis de San Salvador. Mons. Aparicio, en los primeros años de su ministerio episcopal al frente de la Diócesis de San Vicente, tenía como Mons. Romero, un tono profético. Son memorables sus palabras cuando afirmó que «en El Salvador comían mejor los caballos que las personas». Sin embargo, en cierto momento cambió su línea profética y se alineó con el aparato represivo hasta suspender un buen número de sus sacerdotes, sobre todo los que intentaban aplicar los lineamientos del Concilio Vaticano II, Medellín y Puebla.  Algunos de ellos incluso fueron asesinados: Alirio Napoleón Macías y Rafael Palacios.

A Mons. Aparicio lo sucedió Mons. José Oscar Barahona Castillo, un sacerdote diocesano, muy fiel en sus planteamientos políticos e ideológicos a Mons. Aparicio. Mons. Oscar Barahona falleció el 22 de octubre de 2016. Mons. Aparicio se retiró del ejercicio del episcopado el 6 de junio de 1983. A partir de ese momento, tomó la dirección de la Diócesis Mons. José Oscar Barahona, quien siempre y en modo sistemático prohibió que se promoviera la devoción a Mons. Romero.

A Mons. Oscar Barahona lo sucedió en el cargo episcopal Mons. José Luis Escobar. La gestión de Mons. José Oscar Barahona duró hasta el 4 de junio del año 2005. Mientras tanto, Mons. José Luis Escobar ejercía como su auxiliar desde el año 2002. La instalación de Mons. José Luis Escobar como obispo de San Vicente fue el 9 de julio del año 2005. En San Salvador fue instalado como arzobispo el 14 de febrero de 2009. No obstante en su ordenación episcopal, Mons. José Luis Escobar dijo que se encomendaba a Mons. Romero (los fieles en la misa aplaudieron al escuchar eso), en lo que respecta la promoción de su figura, siguió las líneas de los dos obispos anteriores.

Mons. José Luis Escobar ha dado un giro en su modo de ejercer el episcopado, por lo menos eso es lo que aparece ante nuestros ojos en estos días. Me han llamado la atención sus declaraciones en su Segunda Carta Pastoral, en donde reconoce un vacío pastoral a la hora de reconocer la memoria de los mártires de la Iglesia salvadoreña: «En mi condición de pastor de esta Iglesia particular debo reconocer con humildad, que hemos cometido muchos yerros. La sombra se agiganta al reconocer que dejamos de lado, el tema de la muerte martirial de los hombres y mujeres… Como autoridades eclesiásticas en El Salvador, no hicimos nuestro el llamado del Papa con la seriedad requerida» (Carta Pastoral “Ustedes también darán testimonio, porque han estado conmigo desde el principio”, n. 1).

Y continúa diciendo: “…quiero y tengo que aceptar por justicia, verdad y caridad que atravesamos en la Arquidiócesis salvadoreña, el umbral del tercer milenio sin haber pronunciado una palabra de reconocimiento sobre todas y todos aquellos que fueron víctimas de persecución, tortura, represión; y en sus últimas consecuencias, de muerte martirial en el seguimiento a Cristo y vivencia encarnatoria del Evangelio en el país… Lamento que no se haya realizado años antes, este acto de justicia y caridad para con nuestros mártires (Ibídem, n. 3).

En realidad, nunca es tarde para promover y defender la causa de los pobres. Por ello, vemos con buenos ojos el que la Iglesia retome la misión para la que fue creada, es decir, la promoción de las causas de los marginados y tome distancia de una de sus formas de perversión, esto es, reproducir y encubrir los desmanes de las formas radicales de la oligarquía salvadoreña. Según la tradición bíblica, los pobres deben ser los protagonistas de la evangelización.

Las reacciones de estos grupos de poder ya se hicieron sentir. Pero en estos temas y en estas acciones a favor de las mayorías populares no dejaremos solo al arzobispo. La próxima reivindicación es la que toca la Ley General del Agua y la Soberanía Alimentaria. Con ellas se estarían tocando de nuevo los intereses de los grupos de poder y es de esperar su reacción.

En hora buena Mons. José Luis Escobar. Nunca llega tarde la promoción de la verdad. Y me alegra mucho que los temas que en otro tiempo estuvieron ausentes de su agenda pastoral ahora lo estén.

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