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martes , 21 noviembre 2017
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Nueve soy de Mauricio Vallejo Márquez, una breve muestra
Fotografía tomada por María Teresa Díaz Colocho

Nueve soy de Mauricio Vallejo Márquez, una breve muestra

A Santiago Vallejo Hijo de este nueve*

 

9

En el nombre de Yo mismo

En mi principio Surge la palabra Que me limita

Y me alienta Para ser creado Por yo

Sin más.

 

Y Yo mi(s)mo*

Conozco todos los rostros que vienen y van Que he visto moldear por los días y los años Finos rostros de rudo cantarero ciego

Que seguro auguran otro rostro

Como el que surge del error

De la casual casualidad

Para ser uno mismo

Ese yo sin forma

Que es uno

Fruto de la casualidad de nuevo

Como todo ser bajo el cielo.

Así, por los días

Por la palabra

Surjo

Yo yoooohhh

Un pronombre duro

Que me afirma (oh)

Y me describe en su ingenua palabra

Dos letras unidas que desconozco Que en cualquier idioma difieren

Y a pesar de su diferencia son iguales No semejantes, no parecidos

Así de simple

Llano y sencillo

Una palabra

Para existir en uno mismo

No Mauricio

Solo yo.

 

Y explico *

No me comprendo (Silencio)

Quizá ni busco hacerlo

No perder el tiempo (paro)

Mucho menos saber

Porque existir es suficiente.

Como los carros

Que ruedan, ruedan, ruedan

Como películas o videos

Haciéndose mella, y no toco

Que no existen aunque los veo

Surgen y desaparecen

Como Yo,

No existo aunque Soy

Aunque me fuerza la costumbre

La inducción de ser uno más (grito, grito) De ser parte de los Yo

Que no entienden

Y solo viven y existen para sí

Y para nada más (absurdo)

Donde no hay nadie,

Y nada más existe lo que no…

No me comprendo

Dicen que no hay yo sin nosotros

Un nosotros que es un solo yo

No me comprendo

Porque no existe nada qué comprender.

 

Existo Yo

Yo augusto me torno a mí

A mí mismo

Como único consuelo singular Porque no existe nadie

Así: nadie

Y no hay más verdad que esa -Aunque me afirmen de pensamiento- Ni palabra que este juicio

Que me doy sobre sentado

Del yo único indivisible

Que la superstición llama más Cuando solo uno existe

Aunque no existe la existencia

Y sin trabas confiesa

Que peca contra uno mismo

Yo (golpe)

Yo (golpe)

Yo mismo

(dos golpes)

Mi cuerpo es tambor de guerra

Embestida para mi inexistente espíritu

Que nunca he visto

Y nadie me asegura que veré

Mi yo mi yo

Cómo se me caía de la boca

Cuando era un niño y aún creía

Y sin comprender solo crecí para ser yo Como cualquiera de todos esos yo que soy.

Y rotundo

Seré implacable con cualquiera

Así como se oye

Con cualquiera

Con todo aquel que ose confrontarme Claudicarme y coartar

Ponerse frente a frente a mi altura

A verme, a osarlo

Porque el mundo no merece Formarse de mi mano (golpe)

Ni de nada

Nada nada

El mundo (silencio)

Es absurdo

Y sin sentido sin mí

Sin ese ser, que Soy

Soy (sin duda)

Yo rotundo

Para vivir.

 

Desconocen

Ingenuos (silencio)

Me ven como si fuera (atentos) Desconocen que no existen Que mi única mirada

Los hace presentes Antes nada eran (así) repito: na-da

Y tras mi nada serán

Yo habito singular el presente Es la dura verdad, la indivisible De ser Yo

Imprecisos (silencio) Desconocen la vida y la asumen No la entienden y se arrollan Van en desbandada a la quietud Ante miradas ajenas Desafiantes miradas

Yo en cambio observo

Como sus Yo quebradizos van Sin ser nada nada na-da.

La mañana

Me aclamo a mí mismo frente al espejo Mi reflejo me llena

Me llena de yo

Observo

Delineo mi rostro –lo corto–

Sigo el contorno –me hiero–

La quietud de la mañana en mi mano Me arropo la barba de agua y llueve Para ser un invierno de hombre

Y volteo y cierro los ojos y yo

Absurdo absorto realidad

Yo no soy yo

Me veo y no me encuentro

La faz frente a mí (silencio)

Me tomo, me dejo ir

No es la misma que yo

Yo

No soy yo,

El único

Ese

El innombrable nombre que nombró

Que no es mi nombre

y lo esbozo siempre

como yo no soy yo

ni mi nombre me nombra

me festejo para hundirme y darme abismo y en profunda huida

ser cima (arriba)

y sima (abajo)

con la caída honda

tener la osadía de profanarme

de negar que existo y vivo

porque yo no soy yo

y nadie es nadie todo es todo todo.

 

Mío temor

Yo

Que me temo por absurdo

Por no saber decir una palabra

Y creer

Que la pronuncio como la luz

A la sombra.

Me confieso

Ante mí

Único

Dios al que conozco

Único

Testigo a quien creo

Único

Juez de mi justicia

Yo

Que me temo por no tener reposo En el reposo inquieto del obrero Sin entender mi cuerpo de humo

Tras el incendio

Y el invierno

Yo

Simple Yo mortal

Al que le doy la espalda

Tras sentarme a beber su sangre Con una mariposa en mi cabeza Como único sombrero

Para andar

En esas calles en que soy

Esas que tatúo cuando marcho

Y me toman por temor

Yo

Que me temo por temerme

Debo aplacar la sed de la existencia Para saber si el vacío tiene lleno

Y no existe, existencia.

 

 

* Los títulos de estos poemas, así como la dedicatoria, por un error se escribieron de otra forma siendo correcto como se encuentran publicados en Suplemento 3000

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