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miércoles , 13 diciembre 2017
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Nueva novela de David Hernández rememora a Roque

Ramón D. Rivas*

Ramón D. Rivas*

Ramón D. Rivas*

Magnífica novela. Así lo he experimentado leyéndola de un solo tirón.  Me refiero concretamente a la  nueva producción literaria del escritor nacional David Hernández: Roquiana, ailment título en el que se intuye que  la obra versa sobre lo perteneciente o relativo al controversial poeta salvadoreño Roque Dalton, cialis sale la que el autor enmarcó en algo así como  una historia-ficción o ‘realidad irreal’. Se entiende por novela histórica aquella que, online siendo una obra no del todo de situaciones o hechos sucedidos, recrea un período histórico en el que forman parte de la acción personajes y eventos no ficticios pero salpicados con la creatividad imaginaria del escritor. En esto es precisamente en lo que debe distinguirse, por consiguiente, entre la novela histórica propiamente dicha, que cumple estas condiciones, y la novela de ambientación histórica, que presenta personajes y eventos ficticios ubicados en un pasado coyuntural. Puede establecerse una distinción más con lo que se ha denominado “historia novelada”, en la que esta es narrada con estrategias propias de la novela, aunque sin incluir elementos de ficción. Roquiana la ha concebido Hernández como un juego de ajedrez cuyo final es predecible: el  asesinato del protagonista principal, el poeta. El libro tiene tres partes: Roque, Enroque y Desenroque. La primera se desarrolla en el San Salvador de los años juveniles del poeta; la segunda son sus años en La Habana, Praga y otros países de Europa, y la tercera, su regreso final al país para caer víctima de sus propios azares.  Me contó David que la idea de escribir esta novela, que hoy reseñamos, surge en 1973 cuando un amigo de infancia, Pancho —alias de Armando Artiaga, un obrero ebanista de la plazuela Ayala, en San Salvador, de donde David también es originario—, le da información fragmentada sobre la militancia de Roque en lo que después el escritor conocería como Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Él me habla del “tío Julio”, que es el mismo Roque, y de su peculiar sentido del humor y de la revolución, que le abre nuevas perspectivas a la lucha de la naciente guerrilla en El Salvador. En mayo de 1975 es cuando Hernández se da cuenta de que Pancho es asesinado junto con el poeta Roque Dalton García por sus mismos compañeros.  A raíz de estos asesinatos surge la curiosidad del escritor, a partir del 10 de mayo de 1975, por conocer a los asesinos “del más puro revolucionario que he conocido, que es Pancho, muerto por apoyar la línea revolucionaria del tío Julio”. Ello conlleva averiguar quiénes son los autores intelectuales y materiales de la inmolación del poeta. En la trayectoria internacional de David Hernández, y debido a su trabajo literario y periodístico, y con los poetas, artistas y periodistas con los que se encontró en diferentes partes del mundo: México DF, La Habana, Moscú, Praga, Paris, Roma, Viena y hasta en Kiev, Ucrania —así me lo contó—, siempre le hablaron de sus experiencias con Dalton. Encontró amigos personales de Roque que le relataban sus convivencias con el poeta. Hasta el año 2005, todo este bagaje de información constituyó el material básico que conformo el corpus de la novela.  Y sobre el personaje  “gran Capitán”, como se le nombra en la novela, se trata de Edgar Alejandro Rivas Mira, entonces el máximo jefe del  ERP, quien  fue el autor intelectual de los asesinatos de Roque y Pancho. Me cuenta David Hernández que durante su estadía en Alemania, y ya enfrascado en la producción de esta novela, él va a tener acceso al expediente académico de ese tal  Rivas Mira en la Universidad de Tubinga donde estudió ciencias políticas, becado por el Servicio de Intercambio Académico Alemán (DAAD). “Un tipo brillante académicamente —comenta el escritor—, que además fue también el primer bachiller de la República, graduado del Liceo Salvadoreño. Y su formación política en esa universidad alemana, que era foco del trotskismo en Europa, lo hizo desarrollarse mucho más. El tipo, además, era un poliglota y un refinado intelectual de izquierda, que venía impregnado de las ideas de las revoluciones estudiantiles en París  y Alemania de 1968. En fin, de acuerdo al escritor, este Rivas Mira es todo un personaje de novela”. La lectura de Roquiana lleva al lector a una especie de sentimiento y de reflexión sobre la figura de este gran poeta nacional autor del “Poema de amor”. La obra logra separar al hombre del mito, desmarcarse del discurso oficial y oficioso que se le hace a todos los héroes pero solo después de muertos; mostrar al poeta tal como fue, con sus grandezas y miserias, que en resumidas cuentas es como toda la vida de los que nacimos y vivimos en este país (‘me permito remitirle al interfecto por esquinero sospechoso y con el agravante de ser salvadoreño’).  La obra es un monólogo interior con contrapunto en tiempo y en espacio, desarrollando el esquema básico de toda novela clásica, como son la introducción, el nudo y el desenlace. Con la diferencia de que en esta novela ya se sabe el final; y ese es desafío: cómo capturar la atención del lector, sabiendo de antemano que el personaje en torno al que gira la trama va a morir. “Ese fue el gran reto mío como narrador” —me dijo el autor—. Es decir, irle poniendo ingredientes. Para captar el interés y para que el lector no suelte el libro hasta el final, utilizó una táctica de escritura que él mismo llama “narrativa de campo minado”, y que consiste en ir poniendo “minas informativas” que sorprenden al lector y le despiertan su curiosidad por lo que sigue, y que es algo que ha sabido lograr muy bien. El libro se lee de un tirón, de principio a fin. David Hernández, autor de la obras  Salvamuerte, Sucesos del amor y una guerrilla, Putolión y Berlín, años guanacos, considera que en Roquiana hay un desarrollo en él como escritor, “sobre todo porque la escribo en Alemania y prácticamente pensándola en alemán, pero escribiéndola en español. Estoy alejado de El Salvador, rodeado de gente que tiene otro idioma, otra cultura, creencias, religión y modo de vida. Entonces la nostalgia y el recuerdo  de hechos concretos como que están más presentes. Es una obra de madurez porque hay una distancia geográfica y de tiempo de esta tragedia nacional ocurrida el 10 de mayo de 1975”. En suma, Roquiana es para mantener viva y rescatar la memoria histórica, es realidad nacional. Enhorabuena.

*Director. Dirección de Cultura. Universidad Tecnológica de El Salvador

Un comentario

  1. siro monterrosa

    Te felicito David; aunque hay muchas otras cosas que definen a Roque dentro de la RN

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