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Miércoles , 28 Junio 2017
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El muro y deportaciones salvadoreñas 2016

César Ramírez
@caralvasalvador

El fenómeno visible del fracaso capitalista es la emigración. Emigran los marginados del tercer mundo hacia las metrópolis, es la lectura de la economía en cada persona que se aventura al desierto o la intemperie geográfica para desafiar su futuro errático y  su destino marginal; esa condición demuestra además que independiente de la ideología de las naciones el desplazamiento forzoso de miles de personas, es la imposición del materialismo sobre las naciones afectadas. Según el periódico Tiempo Latino de Washington 26FEB016: Desde que entró en vigencia ese acuerdo (El Salvador cobra $41 por cada deportado 2010) han sido deportados más de 128.165 salvadoreños, según los registros que maneja DHS – ICE. Para tener un conteo exacto: 2010 cerró con 20.361, en el 2011 retornaron 17.408, el año siguiente 19.694, para el 2013 la tendencia siguió al alza con 21.602 y 2014 alcanzó una cifra record de 27.180 deportados; en 2015 volvió a presentarse una baja con 21.920; justo antes que transcendiera que Estados Unidos reforzaría desde enero las reciente deportaciones de Centroamericanos”. En otro documento de prensa (26DIC016 ACAN-EFE) “entre enero y noviembre, solo El Salvador registró una ligera alza del 0.06 % de sus emigrantes retornados, pasando de 48,251 en 2015 a 48,279 en el corriente año (2016) éstas últimas cifras incluyen las personas retornadas de Estados Unidos y México”.

Los números son personas que encierran las esperanzas de un trabajo digno que la nación de origen no proporciona.

El fondo de esta dramática condición implica la negación del refugio en una patria extranjera,  la cual criminaliza el acto bajo una concepción de violación de las leyes locales, pero ello es absurdo, puesto que entonces es legal morir de hambre, aceptar la violencia de bandas terroristas, condenar a las familias a vivir por generaciones en la pobreza por el pecado de una geografía diseñada para explotar a las naciones excluidas del primer mundo, etc., es un panorama desalentador para los emigrantes y el mundo.

Un muro no detendrá la esperanza de los prisioneros del hambre, ni una sociedad injusta. Las lecciones del Muro de Berlín están documentadas, excepto que allá cada fuga era celebrada como acto heroico, mientras en la frontera de Estados Unidos con México es una sentencia a morir de hambre o violencia por las bandas terroristas.

La única solución posible son los acuerdos multinacionales, similar a las acciones de la Unión Europea con los refugiados Sirios, que ahora tienen una dificultad más, si han acreditado su condición en la poderosa nación del norte, mientras similares barreras enfrentan los emigrantes latinoamericanos… asistimos a un momento crucial en nuestras naciones, quizás es el inicio del fin del capitalismo, puesto que los trabajadores son los criminales por laborar en sus industrias, por primera vez en la historia una categoría filosófica se hace visible en millones de obreros y campesinos, es inédito como la ampliación de la vieja lucha de clases entre las naciones, como si la violencia propiciara el retorno a las antiguas demandas sindicales internacionales en el siglo XXI.

Parece la mundialización de los trabajadores versus un nuevo capitalismo nacionalista.

www.cesarramirezcaralva.com

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