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lunes , 20 noviembre 2017
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Monseñor Romero, ejemplo de servicio al pueblo y procurar justicia a los pobres
El Sacerdote Fredy Sandoval, del Colegio de Santa Teresa del Niño Jesús, de San Marcos, celebra la Santa Misa en la Cripta de Catedral Metropolitana. Foto Diario Co Latino / Jorge Rivera.

Monseñor Romero, ejemplo de servicio al pueblo y procurar justicia a los pobres

@AlmaCoLatino

En la misa dominical celebrada en la Cripta de Catedral Metropolitana por el sacerdote Fredy Sandoval señaló que Monseñor Romero es un ejemplo de servicio al pueblo, quien procuró justicia a los pobres.

“Nosotros debemos creer como Monseñor Romero, que es modelo de fe actual y reciente, de cristianismo auténtico, de miembros auténticos del pueblo de Dios en El Salvador. Este es un templo lleno de historia, ya que es el lugar donde reposan los restos de Monseñor Romero, quien fue el escogido para dirigir al pueblo salvadoreño en momentos de sufrimiento”, expresó el padre Sandoval.

Según el religioso, muchos humanos ante un problema serio se pueden dejar absorber por el problema pensando que no hay salidas, ninguna posibilidad de cambio o solución, así como la realidad que denunció por tres años Monseñor Romero, pero es de entender que quien somete al pueblo son aquellos que se benefician de los problemas generados por los intereses mezquinos, egoístas e injustos a nivel económico, político y social.

“Los problemas no son males comunes o circunstanciales, son acciones programadas y monitoreadas. Esa injusticia es fruto de la desigualdad, la maldad y el pecado, generado no solo por individuos sino por estructuras económicas, sociales y económicas que viven y se mantiene como el dios Molov de esa mezquindad, de ese dolor, de la sangre del pueblo”, recalcó el padre Sandoval.

Se profana la memoria del mártir Romero quienes pretenden resolver los graves problemas sociales del país con la violencia, porque él siempre propuso el diálogo y el entendimiento. Es hipocresía solicitar al papa Francisco la canonización del beato e invitarlo a El Salvador cuando se pretende resolver el conflicto social con el uso de la fuerza y no con el diálogo; cuando en lugar de humanizar la sociedad, la deshumanizan; cuando no se ocupan del pueblo salvadoreño, el mismo pueblo del que monseñor Romero dijo que no costaba ser pastor.

Conmemorar a un mártir como Monseñor Romero exige conversión, es decir, vencer el deseo aparentemente irresistible de acumular dinero y juntar propiedades, de imponer la propia voluntad mediante el uso de la fuerza, de vengar las ofensas recibidas, de destruir al adversario, de abusar de los débiles, de aprovecharse de los desprevenidos, es seguir el ejemplo de él que  sirvió al pueblo y procuró justicia a los pobres.

La fidelidad al evangelio del reino de Dios y su justicia ha hecho de Monseñor Romero una piedra de tropiezo para quienes se niegan a convertirse. El mártir pone en evidencia la hipocresía de quienes lo celebran sin aceptar su palabra profética, solo quienes aspiran a que se haga verdad sobre el pasado de violaciones a los derechos humanos y justicia, donde predomina la mentira y el despojo, celebran con verdad a Monseñor Romero. Ellos recogen su palabra profética y sueñan con una sociedad igualitaria, solidaria y fraterna. Ese era su sueño y por eso lo mataron. Pero no ha muerto, tal como quisieron sus asesinos, sino que vive en lo mejor de su pueblo.

Su función como arzobispo la vivió a plenitud y se sentía responsable de la población, especialmente de los más pobres, por eso se hizo cargo desde su magisterio y desde su tarea de la sangre, del dolor y de la violencia, denunciando las causas que enfrentaban a la nación y que se conocían a través de su predicación dominical, seguida a través de la radio por toda la nación.

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