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sábado , 23 septiembre 2017
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El mensaje de la paz

José M. Tojeira

El Papa Francisco ha enviado este primero de enero un mensaje más a favor de la paz. Su título es: “La no violencia: Un estilo de política para la paz” Y es un hondo llamado a convertir la no violencia en un modo de vida y de construcción social de la paz. El Papa comienza ligando la no violencia con la racionalidad y el diálogo. Ante los problemas no se debe utilizar ni la ofensa ni la manifestación de fuerza, sino la búsqueda racional de las soluciones. La no violencia es un modo de exigir desde el amor al prójimo, desde la racionalidad y desde el diálogo, que la justicia y la solidaridad se impongan en las relaciones sociales. Los ejemplos que el Papa pone de Madre Teresa, Gandhi, Khan Gaffar Khan o Martin Luther King no dejan duda sobre la fuerza que contiene el concepto de la no violencia para cambios tanto personales como estructurales. Los mencionados fueron personas que ante diversas formas de violencia pusieron toda su energía y su ánimo en la tarea de transformar, cambiar, renovar. La madre Teresa llamando a la generosidad frente a la pobreza, Gandhi impulsando la identidad cultural para lograr la independencia de la India, lo mismo Gaffar Khan en Pakistán, y Martin Luther King utilizando la palabra eficaz y la fuerza del Evangelio para contrarrestar  una marginación racial oprimente y anti humana.

La tentación de la violencia está siempre presente en el ser humano porque éste tiene la experiencia del éxito y control inmediato que pueden dar las armas o la fuerza bruta. Pero Francisco, desde el profundo humanismo de su fe, nos recuerda que no hay ningún problema que no se pueda solucionar desde la razón y la capacidad de diálogo del ser humano. La paz debe conseguirse “sobre la verdad, sobre la justicia, sobre la libertad, sobre el amor”. Y son precisamente ese tipo de valores los que le dan su racionalidad y su permanencia en el largo plazo a la paz, y no la amenaza o el equilibrio de fuerzas. La no violencia activa parte precisamente de esos valores y de un apego firme a lo humano y a la racionalidad humana. Cuando en nuestro país se quieren tomar decisiones amparándose en una supuesta racionalidad económica que no se corresponde con la racionalidad humana se cae en esa especie de guerra por partes de la que habla el Papa.

Esa idea de la guerra por partes, subdividida en regiones y actividades, que vive nuestra época es uno de los elementos indispensable para entender la Carta-mensaje. El mundo sufre guerras en varios países, pero también terrorismo, narcotráfico y  otras formas de violencia organizada que se asemejan a las guerras y ocupan, como las guerras, armas de fuego. Los abusos contra los pobres y sencillos son considerados también como formas de esa guerra por partes. El mal trato a los emigrantes, que de tantas maneras se arriesgan en todo el mundo buscando mejores condiciones en países distintos, lo ve también el Papa como parte de esa guerra. Algo falla en la humanidad en su conjunto para que estos conflictos sangrientos, extendidos de diversas maneras a lo largo de todo el mundo, no puedan solucionarse pacíficamente.

Frente a esta situación realmente opresora el Papa propone la no violencia activa como actitud y compromiso personal. En El Salvador deberíamos entender con claridad este mensaje, dado que hemos tenido extraordinarios ejemplos de personas profundamente activos desde la no violencia. Cuando estamos próximos a celebrar los 25 años de los Acuerdos de Paz en El Salvador es indispensable recordar, entre otros muchos, a Mons. Rivera, que durante los 11 años de guerra lideró sistemáticamente un esfuerzo por establecer diálogos entre las partes en conflicto y encontrar una salida adecuada y pacífica de aquella guerra fratricida. La costumbre de celebrar casi exclusivamente a los firmantes de los Acuerdos de Paz, nos lleva normalmente a olvidar a quienes llevaron el peso de cambiar las mentalidades durante largos años y lograron abrir los corazones en favor de la paz. Firmar fue más fácil cuando ya se veía lo absurdo e irracional de la guerra y cuando las mentes de la ciudadanía estaban más enfocadas a la paz. Pero soportar el peso de los años impulsando la paz, mientras demasiadas fuerzas estaban en favor de la guerra, es lo que nos aclara lo que significa la no violencia activa.

Porque efectivamente la no violencia activa no es una actitud pasajera, un decir no al conflicto y continuar posteriormente con la vida ordinaria pensando que ya se ha cumplido. La no violencia activa nos lleva a ver la realidad de abusos  y golpes contra la vida como un problema grave y antihumano que hay que solucionar. Solucionarlo investigando sus causas, enfrentando con frecuencia a unos autores del miedo que se esconden detrás de la riqueza, los cargos públicos o la capacidad de amenaza. El no violento no deja nunca su empeño. Se mantiene firme frente al poderoso que desde la economía mata, bien por hambre, bien por la desesperación de salarios mínimo de hambre. Permanece activo aunque algunos grandes rotativos lo marginen o lo ataquen. Confía en la fuerza de la razón.

El cristiano, inspirado en la persona de Jesús y en tantos de sus seguidores que fueron amantes de la verdad y de la paz, debe comprometerse en la construcción de la paz desde la no violencia. El Papa Francisco aprovecha este mensaje de paz para animarnos a ser no violentos activos y nos informa que la Iglesia ha diseñado un nuevo instrumento para enfrentar la violencia y la guerra: “El 1 de enero de 2017 -nos dice- comenzará su andadura el nuevo Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, que ayudará a la Iglesia a promover, con creciente eficacia, «los inconmensurables bienes de la justicia, la paz y la protección de la creación» y de la solicitud hacia los emigrantes, «los necesitados, los enfermos y los excluidos, los marginados y las víctimas de los conflictos armados y de las catástrofes naturales, los encarcelados, los desempleados y las víctimas de cualquier forma de esclavitud y de tortura». Ojalá este mensaje nos ayude también a salir de nuestras rutinas y construir un El Salvador más justo y con menos violencia.

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