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sábado , 16 diciembre 2017
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Los mesones: reflejo de la pobreza y de la exclusión habitacional en El Salvador

Ramón D. Rivas*

Ramón D. Rivas*

Ramón D. Rivas*

Por lo general los días miércoles y los domingos era ya costumbre ir a ver los partidos de fútbol al estadio Flor blanca, illness hoy en día Estadio “Mágico González”, sovaldi sale y ese hecho se caracterizaba porque eran marabuntas de zapateros seguidores de un determinados equipo quienes aprovechaban para ir a joder, tadalafil pues no hay otra palabra, a la entrada y la salida del estadio lanzando orines, polvillo de pan caliente y por su puesto distinguiéndose por las putiadas contra uno y otro fanático. Y es que habían de esos zapateros que no veían el partido pero sí disfrutaban de las travesuras que hacían para algunos incomodar a la gente pero para otros para darla sabor al partido. Se bebía, se jayaneaba y se gozaba pero también al final de los partidos, cuando no había servicio de transporte, se tenía que caminar desde el estadio hasta el mesón. Todos los inquilinos del mismo mesón se esperaban para hacerse acompañar juntos. Entre los habitantes de un mesón aunque hubiera rencillas, de carácter doméstico en el mesón, ya en ese tipo de situaciones como las que aquí se describen había solidaridad. Era todo un acontecer eso de ir a ver los partidos de fútbol ya que los gritos de bolos y las carcajadas era el reflejo de las jodarria que se traían entre todos de camino al respectivo mesón. En la ruta cada quien se dispersaban para su barriada y su respectivo mesón. Y es que en uno de esos encuentros deportivos Águila- Alianza, me cuentan que venía “la majada” del mesón San Rafael entre ellos “pata cuta”, “el cholco” Romero, “el Camello o el negro milo”, “el pato búho” y Wilfredo “Borolas”, entre otros y a la altura del parque Cuscatlán, precisamente donde hoy es la Sala Nacional de Exposiciones, venía un camión que transportaba ganado, posiblemente se trataba de un camión de San Miguel ya que había jugado Águila-Alianza. Sucede que uno de los mozos del camión,  alegre porque el Águila había ganado al Alianza, al ver las camisetas blancas del alianza se acurrucó, enterró y enterró la pala para hacerse de inmediato de una senda palada de mierda de vaca y la dejó ir contra nosotros los aliancistas que al único que baño fue al Wilfredo Ascencio, alias “el Piguie” que además de haber visto perder a su equipo predilecto salió premiado con una palada de mierda que le calló de trofeo en el lomo y parte de su cara. Pero todo eso al final fue una de pueda a caro al camionero y al mozo que por más que corrimos no se pudo alcanzar y comenzó la jodarria con el tufo a mierda de vaca que el compañero llevaba impregnado. El Alianza y el Águila eran los equipos preferidos en el San Salvador de los años sesenta. Hay que hacer mención también que el gremio de los zapateros  dispersos en todos los barrios, por lo general los días lunes, no trabajan  y lo dedicaban para afilar cuchillas e ir a ver los “dobles a algunos de los cines antes mencionados. La pregunta es por qué este gremio buscaba de preferencia los cines antes mencionados, la respuesta es que precisamente, en esos espacios, tenían libertar para compartir sus finas leperadas y jayanadas muchas veces acompañados con un sonoro pedo que era característico como saludo de llegada al que todos respondían con un rechifla, “Ya vine hijos de la gran puta…” gritaba alguno de ellos al entrar al cine y otro le respondía. “Si cabrón pues aquí está tu madre conmigo…”. Y es que  precisamente en aquellas películas de misterios o entretenidas con escenas de silencio  y justo al momento de una acción y con la música de fondo pertinente más de alguno gritaba “Porque tan callados hijos de la gran puta…” a lo que otro respondía de inmediato “porque se murió tu madre hijo de puta…”. Era todo un acontecer y regocijo de la audiencia presente. Tenemos el caso del “Chele cuajada” y su flota de jayanes que era entrando al cine se caracterizaban porque su saludo era una chorrera de pedos. Y decía “ya vine hijos de puta…” y se armaba la de puteadas y jayanadas. Algunos afirmaban que el “chele cuajada” preparaba su estómago tomándose medio litro de leche y un vaso de jugo de naranja con bicarbonato de sodio.

Y es que se afirma que hasta sus eructos parecían pedos.  Otro caso de las vida de los mesones y esos personajes que le cotejaban es el de los huele pegas que se asociaba con los zapateros por el hecho de oler pega como es el caso de Miguel “payo mota” quien se escondía en las letrinas para que no lo vieran y se quedaba ahí entre el tufo a mierda y orines de la letrina absorbiendo el aroma ya combinado del pegamento. Continuará…

*Director de cultura. Universidad Tecnológica de El Salvador.

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