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sábado , 16 diciembre 2017
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Los 50 millones de Fusades

José M. Tojeira

En estas fechas en torno al 16 de noviembre suelo escribir sobre los mártires de la UCA. Pero estoy seguro que Ellacuría preferiría que en vez de hablar de él, hablara de la civilización de la pobreza y de todo aquello que impide la realización de nuevas formas civilizatorias más humanas. Por eso tocaré, y en honor a los mártires, el tema de los paraísos fiscales. Durante la semana pasada se habló bastante de los aproximadamente 50 millones que la institución Fusades depositó en el paraíso fiscal de las Bermudas. Fusades se quejó lastimera y confusamente de un reportaje del periódico digital El Faro, sintiéndose injustamente tratada como institución. De parte de El Faro pudimos también leer una carta de excusas un tanto generales y no muy especificadas de parte del director el periódico y otra de otro destacado periodista del mismo medio informativo reconociendo algunos errores en el reportaje y defendiendo en buena parte la pertinencia de la información. Pero más allá de estas discusiones del Faro, los hechos están ahí: FUSADES, la más importante institución de pensamiento vinculada a la gran empresa del país (basta revisar fundadores y directores de este “tanque de pensamiento”), envió dinero en una alta cantidad, un poco más de 50 millones de dólares, a un paraíso fiscal. Analizar este dato nos ayuda a reflexionar sobre uno de los problemas más graves de este país: La falta de ética que sacude los grandes movimientos de nuestra economía. Es necesario repetirlo una vez más: No es ético, ni para empresarios ni para nadie, enviar dinero a paraísos fiscales. Allí suelen ocultar su dinero criminales de dictaduras y guerras sucias con delitos de lesa humanidad, narcotraficantes, evasores de impuestos y personas que quieren mantener en secreto fortunas, gastos especiales y otras formas no trasparentes de transacciones.

En efecto, enviar dinero a paraísos fiscales tal vez no constituya delito en El Salvador, pero sí es inmoral. Y una institución como Fusades, que pretende orientar al empresariado en muy diversos puntos, no debería dejar al margen la ética. De hecho, entre sus múltiples servicios al empresariado nacional, debería contar con una orientación ética. En un quinquenio, y según una agencia autorizada y responsable, Global Financial Integrity, son cerca de siete mil millones de dólares los que pasan por paraísos fiscales provenientes de El Salvador. Muchos de estos fondos tratando de eludir impuestos a través de las empresas offshore de nuestros grandes empresarios. Que el director de Fusades diga que, dado que Fusades tiene exención de impuestos, es lo mismo poner el dinero en El Salvador que en las Bermudas, es en primer lugar falso. Y además alienta a otros empresarios a hacer lo mismo, y con la ventaja de eludir impuestos. Lo que debería decir Fusades es que va a repatriar ese capital y que recomienda a los empresarios que no envíen dinero a paraísos fiscales. Pero da la impresión que la mentalidad de nuestros empresarios está en estos puntos bastante alejada de la responsabilidad. Pronto se celebrará el ENADE de este año y es muy probable que no condenen el envío de capitales a paraísos fiscales, a pesar de que podemos decir que está de moda hablar del tema. Al revés, ese pensamiento neoliberal que pone la ganancia como bien absoluto, incluso por encima de la ética y de la responsabilidad social, seguirá siendo lo dominante. Y por supuesto sin dejar de presumir, aún encima, diciendo que los empresarios son los que crean la riqueza nacional, los que más ayudan a la gente, etc.

Ellacuría, cuando hablaba de la civilización de la pobreza, proponía la prioridad del trabajo sobre el capital. Todavía un sueño, en muchos aspectos, aunque algunos países han conseguido ya que al menos el trabajo sea respetado en coherencia con la dignidad humana. Pero es evidente que si no se prioriza el trabajo sobre el capital, los abusos continuarán en demasiadas partes del mundo. Las palabras de Pío XI poco después de la crisis económica mundial de 1929, parecen escritas para algunos empresarios de nuestros días: “Esta acumulación de poder y de recursos, nota casi característica de la economía contemporánea, es el fruto natural de la ilimitada libertad de los competidores, de la que han sobrevivido solo los más poderosos, lo que con frecuencia es tanto como decir los más violentos y los más desprovistos de conciencia” (QA, n° 107). ¿Es necesaria la empresa? Claro que sí. Es el mejor modo de producir riqueza. Pero debe estar sujeta a dimensiones y normas éticas, consciente y coherente con el hecho de que el trabajo es más importante que el capital. En ese contexto el tema de los paraísos fiscales, de las empresas offshore, del miedo y la oposición al impuesto sobre el patrimonio debían ser elementos de medición ética de nuestro empresariado. La definición de propiedad como derecho al uso y abuso de las cosas adquiridas no tiene sentido en un mundo con pobreza. Y menos aún cuando ese mismo mundo se está agotando ecológicamente precisamente por el abuso de los recursos naturales. Los empresarios no dan lo que deben dar al desarrollo de El Salvador. Al contrario, reciben de los pobres y de las clases medias mucho más de lo que comparten. Errores personales tenemos todos y nadie puede decir que es mejor que otro. Pero los errores sociales deben ser combatidos tanto con la propia sinceridad como con la denuncia pública. Al Estado, al que todos nos debemos, le corresponde corregir esos errores. Decir que se lleva dinero a los paraísos fiscales para reinvertir las ganancias después en El Salvador es algo parecido a lo que alguna vez oí decir a alguien que recibía limosnas de un grupo de narcos: “Para los pobres recibiría dinero hasta del propio diablo”. Colaborar con el mal y la indecencia por unos dólares más no es la mejor manera de construir una sociedad sobre valores éticos. Y menos dando un ejemplo perverso a nuestros propios evasores de impuestos.

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