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domingo , 24 septiembre 2017
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¡Laudato si´! Un canto profético, de solidaridad y de esperanza… (PARTE I)

German Rosa, sildenafil s.j.

En el mes de abril del año 2010 el P. Adolfo Nicolás, case Superior General de los Jesuitas, visitó El Salvador. Una de las cosas que expresó fue que los desafíos de la Compañía de Jesús eran los desafíos de la humanidad. En la actualidad el Papa Francisco, en sintonía con esta manera de ver la realidad histórica, ha escrito la encíclica: Laudato si´ (Papa Francisco, Laudato Si’, Ancora Editrice, Milano, Italia, 2015, N° 106). Desearíamos una red internacional con líderes mundiales que tengan esa sensibilidad humana ante los graves problemas de la humanidad.

En la encíclica Laudato Si’ (LS) el Papa Francisco aborda uno de los grandes temas que preocupa a toda la humanidad, sobre todo a los más pobres y vulnerables porque se encuentran siempre en zonas de riesgo y están más expuestos a las grandes catástrofes naturales. El problema de la crisis ecológica es un tema que se ha tratado desde hace algunas décadas. Hay grandes foros internacionales que han tratado el tema de la crisis ecológica. Por ejemplo, se ha abordado el 11 de diciembre de 1997 cuando los países industrializados se comprometieron, en Kioto, a ejecutar un conjunto de medidas para reducir los gases de efecto invernadero. Los gobiernos signatarios de dichos países pactaron reducir en al menos un 5 % en promedio las emisiones contaminantes entre 2008 y 2012, en comparación a las emisiones de 1990. Se ha hablado desde entonces del protocolo de Kioto, que es un Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y un acuerdo internacional que tiene por objetivo reducir las emisiones de seis gases de efecto invernadero que causan el calentamiento global: dióxido de carbono (CO2), gas metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), y los otros tres son gases industriales fluorados: hidrofluorocarburos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y  hexafluoruro de azufre (SF6). El protocolo fue inicialmente adoptado el 11 de diciembre de 1997 en Kioto, Japón, pero no entró en vigor hasta el 16 de febrero de 2005. En noviembre de 2009, eran 187 estados los que ratificaron el protocolo (Cfr.https://es.wikipedia.org/wiki/Protocolo_de_Kioto_sobre_el_cambio_clim%C3%A1tico). Estados Unidos, mayor emisor mundial de gases de invernadero, no ratificó el protocolo y luego se retiró en el año 2001. El Presidente George Bush consideró que este convenio dañaría gravemente la economía del país. Anunció el retiro del Protocolo porque el mismo imponía costosas obligaciones a su país y no a las naciones en desarrollo como China e India, que en pocos años producirían más gases invernaderos que el país americano (Cfr. Ildefonso Camacho, José L. Fernández, Joseph Miralles, Ética de la Empresa, Desclée De Brouwer, S.A., Bilbao, 2002). Poco se ha avanzado desde entonces, no obstante, la crisis ecológica se va convirtiendo poco a poco en un reto universal para todos los ciudadanos del mundo.

En principio el Papa hace un análisis crítico de la situación ecológica. Nos habla del calentamiento global y sus consecuencias para la humanidad (LS, N° 18); aborda el problema de la producción y la contaminación medioambiental consecuencia de los procesos industriales, los desechos que producen la acidificación del suelo, del agua, el uso de fertilizantes, insecticidas, fungicidas y pesticidas tóxicos (LS, N° 20); trata el problema de la basura y de los residuos tóxicos de distinta naturaleza: domésticos, comerciales, clínicos, industriales, algunos de los cuales son altamente tóxicos y radioactivos (LS, N° 21).

Encontramos en la Encíclica un despliegue del pensamiento del líder máximo de la Iglesia Católica sobre la crisis ecológica global, según nuestra opinión, desarrollando los siguientes aspectos: el principio y fundamento es la espiritualidad cristiana que hunde sus raíces en la Sagrada Escritura para revelar el origen y el fin de la creación; la propuesta de una cultura ecológica universal; la propuesta de un diálogo entre todas las instancias institucionales y de la sociedad civil para revertir las consecuencias nefastas del deterioro ecológico; también destaca la importancia de un orden jurídico internacional y de los Estados nacionales para controlar los agentes económicos y los ciudadanos que atenten contra el medio ambiente; finalmente ofrece algunas medidas prácticas que pueden iluminar para la dar lugar a las acciones que busquen el cuidado del medio ambiente.

Desarrollemos los puntos más importantes que nos pueden iluminar para el cuidado del medio ambiente y para enfrentar la crisis ecológica. Analizaremos los aportes más importantes de la encíclica Laudato Si’ (LS), enfatizando los aspectos que se destacan más por su talante profético, y tal como lo explica el mismo Papa Francisco, un verdadero análisis ecológico desarrolla siempre un enfoque social, que debe integrar la justicia en la discusión sobre el ambiente, para escuchar tanto el grito de la tierra como el grito del pobre (LF, N° 49).

1°) La espiritualidad cristiana hunde sus raíces en la Sagrada Escritura y está atenta a los signos de los tiempos

Al leer la encíclica nos percatamos que la reflexión ecológica que nos ofrece está fundada sobre la base de una espiritualidad cristiana encarnada que está atenta con realismo al problema de la crisis ecológica global. Siguiendo la tradición del Concilio Vaticano II de una Iglesia que asume los gozos, las esperanzas y las angustias de la humanidad. Una Iglesia al servicio de las preocupaciones de la humanidad.

Encontramos una clara denuncia profética al modelo antropológico del “homo economicus” que representa a los agentes económicos que buscan su propio beneficio sin considerar los costos o las consecuencias de sus acciones económicas, y en consecuencia son verdaderos depredadores de la naturaleza y de los ecosistemas. Figura de la economía clásica que ofrece John Stuart Mill (Cfr.https://es.wikipedia.org/wiki/Homo_%C5%93conomicus).

Este modelo representa el hombre que racionalmente analiza las posibilidades de las que dispone para lograr su propio enriquecimiento, y que es capaz de comparar racionalmente la eficacia del uso de los medios para la obtención de ese fin. Dicho estereotipo se ha ido adecuando en el pensamiento, según los autores que han retomado este enfoque que comenzó en la economía clásica, y se ha convertido en proyecto económico para disminuir los costos y utilitaristamente alcanzar los máximos beneficios en la economía de mercado. Tal modelo es llevado adelante por agentes económicos inescrupulosos que trasfieren los costos de sus actividades económicas al medioambiente.

El Papa desenmascara la libertad humana esclavizada al mercado, subsumida en el esquema de la producción y del consumo exponencial de bienes y servicios, también critica el mercado financiero que favorece las inversiones sin restricciones, teniendo como consecuencia el incremento del consumismo  y el deterioro del medio ambiente.

Desde la realidad histórica que muestra esta crisis ecológica global, el Papa Francisco recupera una visión de la historia en la cual se manifiesta la historia de la salvación. Ella  nos revela la bella figura de la naturaleza, muestra la armonía y la comunión del ser humano con el universo. Al mismo tiempo en su discurso se diseña la bella figura de la libertad que no está aprisionada de las pasiones exacerbadas del tener, acumular, que conducen a la destrucción de la “casa común” como el planeta es llamado por el Papa Francisco. La bella figura de la libertad, desde la fe cristiana, está diseñada con el color verde ecológico porque somos seres naturalmente ecológicos, ésta libertad está fecundado de esperanza, porque asume el cuidado con delicadeza de la creación depositada en nuestras manos desde el Génesis. Los textos de Génesis capítulos 1 y 2, relatan cómo Dios creó ex nihilo (de la nada) solo con su palabra creadora. Dios es el artista que ha diseñado el universo, y el ser humano es la cúspide de la escala zoológica de la creación y forma parte de ella (LS, N° 65, N° 66). La ruptura de la armonía con la creación, reclama un cuidado y una reconciliación universal para restañar las relaciones fundamentales con la naturaleza, con la biodiversidad, y los ecosistemas, con los seres humanos que han creado separaciones y rupturas no solo de orden económico y financiero, sino también abismos políticos que llevan a la guerra, al maltrato violento de la naturaleza, al distanciamiento entre los seres humanos, rompiendo la armonía (LS, N° 66). La creación ha sido confiada al género humano para cuidarla y cultivarla, no para explotarla irracionalmente, ni para destruirla. Este cuido y esta armonía es una vocación humana y cristiana cristalizada en el gran personaje de San Francisco de Asís que logró una relación de comunión con todo lo creado. La bella figura de la naturaleza que podemos apreciar y sentir con todos nuestros sentidos, no es otra cosa que el arte creador de Dios (LS, N° 80). Pero la figura inspiradora de Jesús destaca en la encíclica Laudato si’, porque él es Dios encarnado en nuestra humanidad y nuestra historia; vive, crece, trabaja, predica en comunión con la creación, los otros, de manera especial, con esa cercanía física y real con los pobres, los humildes, los sencillos y los pecadores. Disfruta la comida, la bebida, predica en parábolas con imágenes de la creación. La predicación de Jesús que hace del Reino de Dios, tiene un contenido utópico profético con imágenes de la creación: la semilla, la perla, los peces, los pájaros, el banquete, todas estas imágenes tienen una relación directa con la creación. Habla de vida, tierra y cielo (Cfr. LS, N° 98).

La belleza de la creación, del medioambiente, es un recurso y un valor de suma importancia que pone límites a la acción individualista e utilitarista de la libertad  que asume un esquema de crecimiento exponencial industrial, del comercio y del consumo que han llevado al desastre ecológico. La encíclica nos hace descubrir el sentido de las cosas reales, de la biodiversidad, de los ecosistemas y se convierte en un himno de esperanza (LS, N°11). Ante la crisis ecológica global que nos afecta a todos, no se puede pactar con la frustración, el desinterés y la indiferencia, necesitamos una mística para construir una solidaridad universal (LS, N° 14).

2°) La crisis ecológica afecta más a los empobrecidos y los excluidos

El Papa nos dice que no podemos construir el futuro sin mirar el medio ambiente y el sufrimiento de los excluidos (LS, N° 13). Desde las consecuencias humanas desastrosas y el futuro amenazado por la realidad de la crisis ecológica, el Papa describe el fenómeno que está ocurriendo en la actualidad. Critica el hecho que prevalece la cultura de lo descartable, lo desechable, sin lograr el ciclo productivo del reciclaje de los desechos para garantizar los recursos no renovables para las futuras generaciones (LS, N° 22). Por esta razón propone cambiar el estilo de vida, de producción y de consumo para evitar el efecto invernadero o el recalentamiento global (LS, N° 23, N° 24). El análisis que hace el Papa muestra que la crisis ecológica no golpea a todos los sectores sociales por igual, pues son los más vulnerables y los que viven en zonas de riesgo quienes sufren más los efectos: muchos pobres que viven en lugares golpeados por el fenómeno del recalentamiento, que dependen de las reservas naturales, de la agricultura, de los recursos forestales, la pesca, es decir, personas que habitan en su mayoría en los países en vía de desarrollo (LS, N° 25). De esta manera expresa que la carencia de agua arrastra al mismo tiempo el problema de la crisis alimenticia, pues no se produce alimentos sin agua (LS, N° 28), la contaminación del agua produce enfermedades, sobre todo en los sectores empobrecidos. Dicha contaminación es producto de procedimientos industriales que generan desechos químicos que se vierten en las fuentes de agua que abastecen a los grupos humanos. Dada esta situación el agua deviene un bien raro y por eso se privatiza, negándose así un derecho humano fundamental. Proveer de agua limpia y depurada para estos sectores sociales más vulnerables es una forma de saldar la deuda social que se tiene con ellos (LS, N° 30).

La encíclica indica que la crisis ecológica y el deterioro del medioambiente es debido en gran parte a la razón instrumental individualista y utilitarista en las relaciones de producción y de mercado (LS, N° 32). Esta racionalidad empuja al crecimiento y al consumo ilimitado que lleva a agotar las riquezas y reservas naturales. Esta praxis lleva a pagar a los más afectados por la crisis ecológica el precio de las ganancias de unos pocos, porque tienen que sufrir sus consecuencias. El Papa Francisco, además denuncia el hecho que la política está sometida a la tecnología, a las finanzas, y denuncia que los intereses económicos prevalecen sobre el bien común,  y que la lógica del mercado se impone sobre la política y el Estado (LS, N° 54, N° 56).

3°) El poder absoluto del mercado y la necesidad de una civilización ecológica

A partir de la encíclica podemos hacer nuestra reflexión sobre la globalización en la que todos estamos inmersos. La globalización ha desatado un nuevo Leviatán. Figura metafórica que aparece en el pensamiento del filósofo Thomas Hobbes. La filosofía política moral de Thomas Hobbes otorga los derechos de los ciudadanos al Estado para someter el instinto de conservación e interés de éstos, cuyo estado natural es una guerra de todos contra todos (bellum omnium contra omnes), dicha concepción la podemos extrapolar en nuestro contexto; aunque no somos partidarios de la antropología que convierte al hombre en lobo para el hombre (homo homini lupus), pues éste no es un ser antisocial sino todo lo contrario es sociable por naturaleza, no obstante, sí vemos el dinamismo en que muchas veces nos subsume la competencia individualista y utilitarista del mercado. Si el Estado es la instancia a la cual los ciudadanos ceden todos sus derechos para someter su conducta a la ley civil en la concepción de Hobbes, en consecuencia, el poder del Estado debe ser tan absoluto e ilimitado como el derecho que los individuos le han cedido para que vele por su seguridad. Sin embargo, en el comienzo del siglo XXI el Estado ha sido re-emplazado por el mercado. La globalización económica y financiera ha convertido al mercado en la instancia rectora de la humanidad, y el Estado se ha convertido en su gendarme. El mercado cristaliza el poder absoluto de la sociedad global al que se conceden y subordinan todos los derechos de los ciudadanos y es la instancia que ha relegado a un segundo plano el rol del estado. Para Hobbes el estado absoluto es el Leviatán al que se le transfieren todos los derechos de los ciudadanos y les garantiza el contrato social para que puedan vivir en sociedad. Su obra maestra del Leviatán remite a la figura mítica que aparece en la Biblia. Desde las profundidades del relato de Job emergen estas dos figuras míticas y simbólicas: Behemot y Leviatán (Job 40,15-41,26): “Sobre ellos se dice que son símbolos de las fuerzas del caos y del desorden, que por creación están bajo el dominio de Dios, cuya decisión y voluntad es que el ser humano tome como tarea llegarlos a dominar”.  Lo interesante del relato es cómo nos describe a Behemot y al Leviatán. En ambas figuras la descripción es bien detallada. Se destaca su fortaleza, su majestuosidad imponente, ambas son bestias imposibles de domesticar y tienen pleno dominio de su medio físico – natural (Job 40,15-24; 40,25-32; 41,1-26). Estas bestias no se pueden cazar o atrapar, no se les puede dominar, no se puede jugar con ellas, son animales prácticamente invencibles e indómitos, además son aterradores; el Leviatán de manera particular tiene la capacidad de echar fuego por sus fauces. Ambos animales propagan el espanto. El Leviatán tiene un corazón duro como roca, resistente como piedra de molino (Job 41,16). No hay fuerza humana, ni arma que se haya inventado para vencer tan semejante bestia. El gran Leviatán de la civilización del capital en la globalización es el mercado. Es como si la humanidad viviera una guerra económica y financiera, en la que cada agente económico está seducido por el reino del mercado, y se persuade que es necesaria una lucha legítima en la que se impondrá la ley de la oferta y la demanda para asignar de manera óptima los recursos, los bienes y servicios, así como los capitales. Esta civilización del capital ha dejado un lastre de víctimas, de ganadores y perdedores, la estela del dinamismo del capital ha llevado a un conflicto tal, que los seres humanos viven como si esta guerra fuera su estado natural, en una especie de “Bellum omnium contra omnes” (“Guerra de todos contra todos”) y “Homo homini lupus est” (“El hombre es un lobo para el hombre”). Hay que encadenar al monstruo del Leviatán del mercado con las cadenas políticas del Estado y de la Sociedad Civil. Es tiempo de domesticar al Leviatán y dar lugar a una nueva etapa de la historia que sea fundada en la justicia y esté orientada a la construcción de la civilización ecológica. Es tiempo de restañar la dignidad humana, a la cual debe estar subordinado el Leviatán del reino del mercado y se imponga el reino de la fraternidad, la justicia, el Reinado de Dios.

En nuestro próximo artículo reflexionaremos sobre la importancia del diálogo de las instancias de la sociedad civil, del orden jurídico internacional y de las medidas y aplicaciones prácticas que nos propone la encíclica Laudato si’.

(CONTINUARÁ LA II PARTE EN UNA PRÓXIMA PUBLICACIÓN)

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