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lunes , 11 diciembre 2017
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Las elecciones del 3 de enero de 1932 y el evento electoral del 2 de febrero próximo

*Jorge Vargas MéndezJorge Vargas Méndez*

A comienzos de enero, decease hospital pero hace exactamente 82 años, thumb los ánimos estaban caldeados entre los sectores populares, sobre todo en el segmento obrero-campesino y comunidades indígenas. Entre otras causas, aquella reacción obedecía a la hambruna que la población más pobre venía padeciendo, al golpe de Estado que los grupos de poder dieron al presidente Arturo Araujo en diciembre y que dejo en su lugar al despótico general Martínez, así como al reciente fraude electoral que había arrebatado el triunfo en algunos municipios al Partido Comunista Salvadoreño (PCS), tras las elecciones celebradas el domingo 3 de enero de 1932.

No se requiere de mucha imaginación para advertir que aquel escenario había sido forjado históricamente por el autoritarismo y la injusticia social. La proletarización de la población rural, principalmente indígena, a la que definitivamente se le quitó su base económica (la tierra) a finales del siglo decimonónico en beneficio de un reducido grupo cafetalero, habría sido el principal caldo de cultivo de aquella rebeldía popular que se alimentó con el paso de las décadas y que ese año se extendió cual pólvora encendida, sobre todo, en el occidente y centro del país.

Desde principios de enero, reportes periodísticos señalaban que la cosecha de café se estaba perdiendo por falta de braceros, que se rehusaban a trabajar ante la negativa latifundista de mejorar la paga. Así, el 16 de enero de 1932, un diario local informaba que la hacienda San Isidro de Concepción v. de Regalado, estaba sitiada por unos 1,500 trabajadores que entre otros reclamos pedían aumento salarial y mejorar la ración de comida. Al día siguiente, la misma fuente reportó que el conflicto se había resuelto satisfactoriamente para ambas partes con la mediación del coronel Ernesto Bará, quien nueve días más tarde resultaría herido cuando reprimía a la población indígena-campesina en los municipios del departamento de Sonsonate, donde comandaba el 8º Regimiento. ¡Ya imagínese usted cómo resolvería el aludido militar aquel conflicto laboral!

Para el 21 del mismo mes, probablemente ya preparada la celada contra la población, se anuncia el decreto que declara Estado de Sitio en seis departamentos, que luego se amplió a todo el territorio; y el sábado 23, la Comandancia General del Ejército ordena a los comandantes departamentales dar de alta a toda persona que tuviera intereses particulares que defender para que, por sí misma, enfrentase el “ataque comunista”. El resto de los sucesos… ocurriría en una fecha como hoy, justo mientras usted lee este artículo, pero hace 82 años; y el saldo real de muertes ordenadas por el Estado y el potentado, que implicó luto para millares de familias pobres, se perdió en la penumbra del tiempo.

Algunos paralelismos entre aquellas elecciones y las próximas

Algunas notas periodísticas de aquellos días permiten constatar cómo la prensa escrita azuzó al gobierno, al ejército y a la elite económica para que reaccionaran en forma violenta contra sectores populares que simpatizaban con partidos no tradicionales. Y así, culpaban al ex presidente Dr. Pío Romero Bosque y al depuesto Ing. Arturo Araujo por haber fomentado la rebeldía entre la gente con ofrecimientos de mejorar sus condiciones de vida. Pero luego se inclinaron por justificar el genocidio pretextando que era en defensa del orden social establecido ante la “amenaza comunista”.

Lo anterior se colige al leer algunos renglones publicados en aquellos días: “(…) basta recordar que nuestro país está en la zona de influencia del país más poderoso de la Tierra; que si se ufana de tener un Gobierno legítimo, éste no está reconocido a la sazón por el resto de las naciones del mundo. Y este peligro es tan inminente que si el Gobierno mismo de El Salvador no demuestra su capacidad de reprimir los desórdenes comunistas, la intervención vendrá, a pesar de todo” (Diario del Salvador, 21 de enero de 1932)”.

Utilizando epítetos peyorativos y racistas el diario La Prensa también la emprendió contra el descontento popular en diferentes ediciones. Afirmaba que eran “partidas de indios ebrios”, “indios terroristas”, “hordas rojas”, etc., incitados por agitadores comunistas. Y el 25 de enero del mismo año, como atribuyéndole un “esfuerzo patriótico”, entre otras cosas se afirmaba: “(…) El presidente Martínez y sus colaboradores trabajan día y noche, sin descanso, en  Casa Presidencial. La inmensa mayoría del pueblo apoya al gobierno en su campaña contra el comunismo (…)”. Pero la inmensa mayoría del pueblo no leía los diarios porque era analfabeta (80%), la radiodifusión estaba en pañales con la única estación: Radio República de El Salvador (RES), y la televisión no existía. ¿De qué pueblo hablaba la nota periodística? ¿Y a qué público se dirigía? Desde entonces, la mayoría de medios de comunicación y los grupos de poder económico, han venido utilizando, con mayor énfasis en momentos preelectorales, los mismos epítetos y discurso: la lucha contra el comunismo. Y ello mediante la manipulación del miedo y la demagogia, aun cuando constitucionalmente la población históricamente marginada y excluida tiene todo el derecho de votar libremente por el partido o candidato que realmente represente sus intereses.  En nuestros días, todavía un matutino impreso no vacila en referirse a los sectores populares y a sus liderazgos con los adjetivos de “chusma”, “populacho”, etc. Insiste, supinamente, en sostener una tesis donde la democracia aún no asoma: sólo el gran empresariado tiene derechos y sólo esa gente, que es la “decente”, la “honrada” y “honesta”, tiene capacidad para tomar decisiones. El resto, que es la inmensa mayoría, es incapaz de optar por la mejor candidatura. ¡Clasismo puro! Pero volviendo al paralelismo, por aquellos días de enero de 1932 también cundía la alarma en la zona oriental: el volcán Chaparrastique había lanzado cenizas a finales de noviembre del año anterior (ahora fue a finales de diciembre). Y el 2 de febrero, fueron sepultados los restos de Agustín Farabundo Martí, fusilado por el régimen el día anterior. Pero esta vez, según la vox populi, el 2 de febrero será totalmente diferente, con júbilo. ¡Y ahí estaremos todos y todas, usted también!

*Poeta, escritor, integrante del Foro de Intelectuales de El Salvador.

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