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viernes , 24 noviembre 2017
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La Santa Inquisición Salvadoreña

Orlando de Sola W.

Inquirir es investigar. Por lo que la Santa Inquisición era una investigación de herejes, calificados así por quienes interpretaban el dogma de la Iglesia Católica.

Dicho proceso socio-político y religioso comenzó en Francia, en el siglo XII, contra los Cátaros y Albigenses. Mas tarde, a finales del siglo XV, se trasladó a España, donde el confesor de la Reina Isabel de Castilla supervisó la persecución de judíos sefarditas. Por matrimonio con Fernando de Aragón, la Inquisición pasó a ese Reino, que entonces abarcaba las Islas Baleares, Cerdeña y Sicilia, ahora de Italia.

La Inquisición fue llevada a América por los representantes de la Corona Española, que era la principal defensora de la Iglesia Católica y sus dogmas.

La Inquisición persiguió herejes que, además de enemigos de la Iglesia, eran considerados enemigos del imperio español. Se les investigaba porque el estado confesional-religioso no toleraba disidentes. Y esa persecución duró hasta el siglo XIX, cuando las colonias españolas se convirtieron en estados laicos e independientes, en sustitución de los virreinatos, capitanías generales y demás formas imperiales de gobierno.

La herejía, en términos religiosos, es una diferencia sustancial con el dogma oficial. Dogma viene de “Doxa”, que es creencia en griego. Y la creencia oficial de la Iglesia Católica quedó establecida en Nicea, no en Roma, en el año 325. Solo el Papa, Obispo de Roma, es infalible en ese tema.

Pero no solo en lo religioso hay dogmas. También en lo socio-político y económico existen. Por ello en esos campos, donde se supone que la política es el arte de gobernar, o conducir, no de subyugar, o someter, también hay persecución de herejes, contradictores, disidentes y opositores, llegando, en casos extremos, al exterminio.

En ese sentido, las investigaciones políticas y policiales pueden ser convertidas en cacerías de brujas, como sucedió con la Inquisición religiosa. Otra cosa son los delitos, que no pueden ser tolerados por los estados y sus gobiernos porque sería como contradecir su razón de ser, que es la protección de los derechos individuales a la vida, libertad y propiedad.

La persecución de herejes políticos, como sucedió cuando estaba en vigencia el referente constitucional de las “doctrinas anárquicas, o contrarias a la democracia” fue parecida a la Inquisición religiosa, cuyas torturas, confesiones extrajudiciales, juicios sumarios, ejecuciones y exilios imitaban la praxis de los grandes inquisidores de antaño.

La Guerra Fría terminó. También la Civil. Pero a pesar de los grandes cambios no logramos convivir en paz porque los dogmas socio-políticos y económicos del pasado nos persiguen. Seguimos buscando herejes políticos, enemigos de clase, o brujos económicos, a pesar que compartimos el mismo territorio y pretendemos ser una nación homogénea.

La inquisición salvadoreña no termina, ni la persecución de quienes no comparten el credo de la democracia capitalista, el estado de derecho, la división de poderes y las “reglas del juego”.

No comprenden los inquisidores que el sistema no es capitalista ni democrático, sino mercantilista y oligárquico. Y que un estado cuyos intérpretes del dogma y operadores de justicia confunden justicia con falsedad no puede ser llamado de derecho.

La división de poderes es una paradoja semántica. Y las “reglas del juego” son muestra del infantilismo de nuestra élite, que juega a la política como al fútbol, con amaños, ventajas, prebendas y privilegios. Esas son las “reglas del juego” mercantilista, pero la situación no mejorará hasta que abandonemos las actitudes de codicia, arrogancia e indiferencia, así como las de odio, envidia y pereza.

Debemos intentar ver la realidad con los lentes del prójimo, tratando de comprender sus necesidades, deseos y aspiraciones, que incluyen la dignidad, una condición fundamental para el bien común, la paz social, o como queramos llamar al pretendido estado de eudaimonia.

No es posible seguir investigando, persiguiendo y condenando herejes socio-políticos y económicos con dogmas extemporáneos, o verdades retorcidas.

Recordemos que Galileo fue condenado por contradecir el dogma geocéntrico que el Sol gira alrededor de la Tierra y esta permanece inmóvil. Le perdonaron la vida, pero cuando se enteró de la trasmutación de su pena exclamó: “pero se mueve!”.

No sabemos cuantos dogmas del presente son errores del pasado, que al investigarlos, aclararlos y corregirlos todos nos sentiremos mejor.

     

     

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