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lunes , 11 diciembre 2017
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La ruta: lento crecimiento y recesión del modelo económico neoliberal cumple 28 años en el 2016

Carta Económica
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Las tendencias de la economía salvadoreña siguen manteniendo una marcada ruta de crecimiento que no logra ni aliviar las condiciones de vida de la población, doctor fundamentalmente, search de la clase trabajadora más vulnerable y la ruta a la pauperización de sectores medios. Lo anterior, health en la medida que se mantiene el impulso a un modelo de desarrollo basado en la promoción de exportaciones de bajo valor agregado y terciarización de la economía. Esto provoca un mercado interno deprimido que alienta los bajos costes laborales como mecanismo de competitividad internacional y un paraíso fiscal inhumano.

Hace unas semanas, el Banco Central de Reserva (BCR) anunciaba complacidamente que en el año 2015, la economía salvadoreña creció a una tasa del 2.5%, la más alta en los últimos cinco años. La previsión del Banco, además, es de un crecimiento esperado entre el 2.3% y 2.6% hasta 2018. Sin embargo, estas tasas de crecimiento son incapaces de sustentar un verdadero desarrollo de las fuerzas productivas de la economía nacional 1. Esto, sobre todo si se analiza el tipo de crecimiento que implican estas tasas y los bajos niveles de desarrollo de las fuerzas productivas de un capitalismo primario, predominante en la mayoría del sector real de la economía.

Dentro de los resultados presentados por el BCR sobre el segundo trimestre de 2015, es necesario resaltar que casi el 40% de las exportaciones totales son parte del sector textil. Es decir, dado que las exportaciones totales representan el 40% del PIB, gran parte de ese 2.5% estuvo fundamentado en un sector maquilero que presenta las condiciones laborales más deplorables de las ramas productivas nacionales y una fiscalidad oprobiosa dadas las condiciones sociales de la población y la crisis financiera del Estado.

Otros de los rubros que destacan por su alta participación en la exportación son productos agrícolas como el azúcar. Una industria controlada por un sector oligopólico de ingenios, de bajo desarrollo de composición orgánica e intensiva en uso de métodos nocivos social y medioambientalmente. Esto se ha traducido en menores capacidades de desarrollo inter e intra-sectorial en las economías locales y la constitución de economías comunitarias de escala en los territorios donde se expanden los monocultivos de caña 2.

El problema del agua y el neoliberalismo en El Salvador. En plena crisis de acceso al agua, la tabla anterior muestra, que el agua es uno de los sectores de exportación más dinámicos, esto en el marco del lento crecimiento, o sea que el manejo del agua se da con fines lucrativos, en otras palabras es un negocio, que igual se ha conectado con los circuitos internacionales del capital radicados en El Salvador.

Las plantas embotelladoras y de elaboración de bebidas exportan del país aproximadamente 10 millones de dólares mensuales, quiere decir que en el año se estarían exportando alrededor de 120 millones de dólares de agua, habrá que determinar el volumen de agua exportada y relacionarlo con los niveles de escases de agua en el país y principalmente en los sectores pobres que sufren el desabastecimiento del agua y pagan altos precios por el acceso restringido a este líquido básico para la vida humana.

Este negocio se da con la extracción del agua del subsuelo, que por ley es propiedad del Estado, no obstante la empresa privada la está explotando, violando la constitución. Se deberá investigar las regulaciones ambientales, sociales o fiscales que rodean este negocio que atenta contra los intereses más fundamentales de la población como es el derecho al acceso del agua. Cabe mencionar que este no es solo un problema que sufren las comunidades aledañas a grandes plantas sino que es una problemática de dimensión nacional.

La exportación de agua en El Salvador debe ser prohibida y la población debe de exigirlo y el Gobierno corregir este abuso que las transnacionales están haciendo en nuestro país, en el marco del neoliberalismo reinante. Tenemos un país con serios problemas de agua, que crecen cada día y su solución exige medidas más allá del tipo de políticas de extracción y distribución que hace la institución ANDA, se necesita reconstruir el tejido acuífero continental a partir de la reforestación y conservación de los mantos acuíferos subterráneos, programas masivos de captación de aguas lluvias, tratamiento de aguas negras, descontaminación de las aguas continentales, etc. El problema del agua es un tema mundial creciente con fuertes repercusiones en el mediano y largo plazo, tanto es así que a nivel internacional ya se le conoce como el problema del “oro azul”, por la escasez mundial que se prevé, razón por lo que las transnacionales de los países desarrollados están con una estrategia de control del recurso hídrico en los países tropicales con grandes precipitaciones fluviales, para asegurarse uno de los negocios más lucrativos en el presente y el futuro y así tener garantizada agua para las poblaciones de los países ricos del planeta.

Lo anterior refleja la lógica bajo la cual se monta la estrategia para asegurar el proceso de acumulación en el país. Atraer inversiones transnacionales que, bajo una alianza tácita con las burguesías locales, se instauraron en los rubros maquileros y terciarios de la economía salvadoreña y controlaron el proceso de transición de la economía hacia la articulación de los circuitos transnacionales de acumulación. El surgimiento del capital transnacional atrae a las clases capitalistas nacionales hacia el vórtice de la economía global. Este proceso ha generado una fuerte progresión en el proceso de centralización del capital.

Niveles de explotación del pueblo en el modelo neoliberal. Según cálculos propios3, de acuerdo a la tendencia del PIB y la masa salarial arrojada por las Encuestas de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM), la estructura de apropiación del excedente se mantiene en un 75% para las empresas y 25% para el fondo salarial durante los últimos 10 años de funcionamiento neoliberal imperante en la economía salvadoreña.

Esta estructura distributiva tiene a su base un modelo de acumulación fundamentado en una economía terciarizada y liberalizada al comercio exterior, sin condiciones que tomen en cuenta asimetrías. Este modelo de acumulación se verá también reflejado en la técnica tributaria como expresión institucional de la pugna política entre clases. Las fuertes asimetrías de los países generan que, ante un régimen comercial más liberalizado, los países más rezagados productivamente verán que la tendencia de largo plazo es el encarecimiento de los costos laborales unitarios, esto es, una apreciación real de los términos de intercambio. Esto profundiza el aumento de su déficit comercial.

El incremento del déficit comercial, genera la necesidad creciente de divisas en la economía más rezagada, que viene a ser resuelta a partir de los flujos de capital transnacional, tanto en inversión directa como de cartera. Sin embargo, los capitales que se movilizan hacia estos países serán los que busquen rentabilidad mayor a la esperada en las economías más avanzadas y, por tanto, las características de los capitales serán rentista, con empresas transnacionales que manifiestan menor respeto a los derechos laborales, sociales o ambientales y los capitales financieros más especulativos.

La alta presencia de las transnacionales en la IED se ha caracterizado por estar constituida por empresas rentistas que además tienen muy poca o nula fiscalidad, lo que las ha convertido en exportadoras netas de capital. Es así que en los últimos 14 años, estas empresas enviaron a sus matrices 8,327 millones dólares en concepto de utilidades y 3,192 millones de dólares por repatriación de capitales.  En total las empresas transnacionales sustrajeron del país 11,519 millones de dólares en lo últimos 14 años. De esta manera, bajo el esquema de dolarización y tratados de libre comercio, por cada dólar invertido en el país por las transnacionales, han extraído 1.40 dólares.

Este comportamiento de la IED explica, en buena parte, la bajísima inversión en El Salvador y permite inferir que la política implementada para atraer inversión extranjera limita las capacidades de desarrollo de la estructura productiva, a partir de la promoción de empresas rentitas que no transfieren tecnología, con bajo encadenamiento en la matriz productiva doméstica y que generan muy bajo valor agregado, al encontrarse en los últimos eslabones del encadenamiento productivo internacional. Además, estos capitales transnacionales mantienen competitividad por reducción de costes laborales, lo que implica condiciones de empleo precario.

Este entramado económico y político sobre el que se erige el modelo de acumulación de la economía nacional puede ser ejemplificado con los regímenes de incentivos fiscales a la inversión que se han creado. Estos son esquemas de exenciones o beneficios fiscales para estimular determinados sectores económicos.

Hay que señalar que gran parte de los beneficios fiscales han sido absorbidos por sectores que no compensan las supuestas ventajas de la inversión. Las leyes de zonas francas, por ejemplo, ha estimulado un sector maquilero textil de muy poco valor agregado, que para ser internacionalmente competitivo se fundamenta en la sobre explotación de la fuerza de trabajo y el no pago de impuestos. También se han beneficiado los centros de atención de llamadas que se desarrollan a partir de bajas condiciones laborales. De modo que es necesario examinar la pertinencia de estos esquemas de beneficios fiscales.

Con un esquema de atracción de inversiones por exenciones, el país está subsidiando la extracción de rentas nacionales y promoviendo la precarización laboral, a favor del capital transnacional. Esto exige una verdadera redefinición de la política sobre inversión extranjera.

Este esquema de exenciones fiscales genera una política tributaria totalmente regresiva, en la que el peso de la carga fiscal recae en los hogares. En promedio, durante los últimos 6 años, los hogares han aportado el 80% de los ingresos del Estado. La tasa de fiscalidad de los trabajadores, que es el porcentaje de ingresos que se brinda al Estado por medio de los impuestos, es superior a la tasa de fiscalidad que paga el capital. En promedio, la alícuota de ingresos del fondo de salarios que se destina al pago de impuestos tributarios en los últimos 10 años ha sido de 25.32%, mientras que los pagados por las empresas ha sido de 3.59% del excedente bruto de explotación.

Para 2014, la parte de los ingresos de los hogares destinada al pago de impuestos, directos e indirectos, alcanzó el 25.1% y la parte de excedente bruto de explotación destinado a pago de tributos fue apenas el 4.1%. Esta lógica se profundiza cada vez que se impone un nuevo impuesto indirecto, de ahí que en el año 2015 estos porcentajes se incrementaron en contra de los hogares.

Este esquema de liberalizaciones y desregulaciones de mercados, al buscar reducir las capacidades del Estado, promueve los mecanismos de evasión y elusión fiscal para obtener altas tasas de rentabilidad. Esto, en la medida que las empresas son las que poseen mayor capacidad para hacer uso de estos mecanismos. Los impuestos destinados al consumo, como el IVA o impuestos específicos son trasladados al consumidor, que no posee capacidad de evadir ese pago. Del mismo modo, la retención de la renta de las personas asalariadas tiene muy poco margen para evadirlo. Sin embargo, existen múltiples mecanismos de ingeniería contable para que las empresas evadan y eludan el pago tributario correspondiente, tanto de los impuestos indirectos retenidos, como de los correspondientes a sus utilidades.

La defraudación al fisco es enorme año tras año, solo para el 2014 dicho monto superó los dos mil millones de dólares. La evasión fiscal durante los últimos 13 años asciende a $22,341 millones de dólares, mientras que la elusión fiscal es de $5,259 millones de dólares en el mismo período. Los cuales en conjunto suman más de 27 mil millones de dólares.

Con estas cifras, resulta indignante el espectáculo montado por sectores empresariales que claman por transparencia en las cuentas públicas cuando sus empresas enhebran complejos entramados contables para desviar fondos que deberían pasar al presupuesto público. Las recientes publicaciones sobre las empresas offshore manejadas por la firma Monsak-Fonseca en Panamá, permiten dar rostro a estas aseveraciones. Demuestran como integrantes de la alta burguesía salvadoreña, que claman como voceros de la transparencia y anticorrupción, son los mayores evasores de impuestos y son señalados por tránsitos irregulares de fondos.

Deberían investigarse de parte del Ministerio de Hacienda, cada una de las operaciones de venta de las empresas que la burguesía oligárquica salvadoreña le ha hecho a las transnacionales y establecer no sólo la evasión fiscal, sino igual el lavado de dólares que estas han implicado, unos pequeños ejemplos: venta de los bancos, del monopolio cementero CESSA, la empresa de bebidas La Constancia, S.A., etc. Igual buscar en los paraísos fiscales los recursos que salvadoreños manejan en estos, Europa ha emitido una Ley para que en los próximos años estos paraísos fiscales le informen sobre los fondos que cada europeo posea en ellos; la Asamblea Legislativa por iniciativa del Ministerio de Hacienda y Casa Presidencial debería hacer lo mismo. Esto demostraría seriedad en cuanto al ataque a la corrupción pública y  privada, sin tener que estar clamando por medidas impuestas por el Imperialismo Americano, como es el de imponer una Comisión Internacional Contra la Impunidad en El Salvador (CICIES).

Ahora bien, el reto de justicia tributaria va más allá de los alcances de la elusión y evasión. Se trata de un problema estructural de una técnica tributaria funcional a un modelo perverso de acumulación. Si se eliminaran los canales de corrupción fiscal y las empresas tributaran lo legalmente correspondido, los hogares seguirían pagando más impuestos con respecto a sus ingresos. Las empresas pasarían de pagar los 4 centavos por dólar, a pagar 17 centavos, todavía inferior a los 25 centavos de los hogares. Es decir que la estructura legal misma de la política tributaria no cumple criterios de justicia fiscal,  resultado de su alta regresividad y su permisividad a la elusión y evasión4.

Este panorama se vuelve aún más apremiante en la medida que, con la cuenta corriente deficitaria y la continua extracción de capitales, la oferta total de dinero extranjero es mayor a la demanda total. Esta brecha se ha ido paliando con los flujos de remesas y el creciente endeudamiento externo. Las remesas dependen del ciclo económico de los Estados Unidos y sus políticas migratorias, mientras el endeudamiento implica egresos por servicio de deuda cada vez mayores.

En este marco deficitario de carácter macro-financiero, el país solamente puede mantener la dolarización por medio de la implementación de políticas que no son sostenibles en el tiempo, tienen altos costos económicos y sociales, y sumergen al país en un proceso recesivo permanente. Esas políticas incluyen:

•Gastar dólares, en términos netos, de las Reservas Internacionales del Banco Central de Reserva (RIN) para financiar el déficit externo.

•Incrementar el endeudamiento externo e interno del Sector Público y Privado para ampliar la oferta de dólares.  Esta política tiene su límite en que las deudas deben también pagarse y no es factible continuar endeudándose cuando los acreedores ven que el país ya llegó a su límite de endeudamiento.

•Reducir la demanda global de dólares impulsando medidas de restricción de crédito y de contracción en el gasto público, que tienen por objeto restringir la Demanda Doméstica Agregada para ahorrar dólares. El límite de esta política recesiva es la consecuente inestabilidad social y política que resulta del desempleo y del colapso de los ingresos de los trabajadores.

•Castigar los sectores productivos nacionales con la esperanza de que los TLC’s resolverán problemas estructurales de la falta de dólares.

•Obtener dólares de los inversionistas extranjeros mediante la privatización de la salud, agua, el aeropuerto, los puertos, la generadora de energía eléctrica; las acciones de telefonía en manos estatales, el ferrocarril, el zoológico. Esta política tiene su límite en que las privatizaciones tienen un efecto de “una sola vez” y no resuelven el problema estructural del déficit del Sector Público No Financiero.

Estas condiciones son las limitantes imputadas por un modelo liberalizado a un comercio internacional sin consideración de asimetrías, en el que se impone una visión teórica sesgada de la realidad social y económica. Un modelo que abre la cuenta de capitales sin considerar el complejo ramal estructural que provoca una fuerte descapitalización de la economía y utiliza la precarización laboral para insertarse competitivamente en los mercados globales. Un modelo cuya culminación se encuentra representado en la imposición monetaria de la dolarización y los TLCs.

Los costos sociales y económicos de este modelo condenado al bajo crecimiento en el corto y mediano plazo, y de recesión entre el mediano y el largo plazo, se seguirán incrementando, y se vuelve necesaria la construcción de alternativas. Sin embargo, una transformación real de esta esfera no puede ser simplemente realizada por la burocracia estatal, en tanto el Estado se encuentra sujeto a las leyes del modelo de acumulación. Esto implica que un proceso de cambio de este modelo neoliberal debe estar impulsado por los sectores populares, la clase trabajadora organizada y las comunidades.

Se necesita transitar en el camino de una reforma fiscal completa, una revisión de los acuerdos de liberalización, los esquemas de incentivos a sectores productivos, la estructura y origen de la deuda contratada e incluso del régimen monetario mismo.

1. ADESES (2015). Lento crecimiento, estancamiento y recesión: pasado y perspectivas de la economía salvadoreña. En cartaeconomica.com. En línea disponible en: http://cartaeconomica.com/lento-crecimiento-estancamiento-y-recesion-pasado-y-perspectivas-de-la-economia-salvadorena-parte-i/

2. Magaña, J. (2015). Tendencias del CAFTA-DR y AdA en los monocultivos. Caso de la caña de azúcar en El Salvador. En “Impactos de los TLC en la Soberanía Alimentaria de Centroamérica”. Observatorio Regional de TLC’s, Managua.

3. ADESES (2015). En El Salvador los hogares pagan 25.9 ctvs. x dólar recibido y las empresas sólo 4.7 ctvs. x dólar de utilidades ¡Ya no más impuestos al pueblo! En cartaeconomica.com. En línea disponible en: http://cartaeconomica.com/en-el-salvador-los-hogares-el-pueblo-pagan-25-9-ctvs-x-dolar-recibido-y-las-empresas-solo-4-7-ctvs-x-dolar-de-utilidades-ya-no-mas-impuestos-al-pueblo/

4. ADESES (2015). Lineamientos y medidas urgentes para establecer una Política Fiscal que rompa con el esquema neoliberal y permita financiar un proceso de transición hacia el socialismo. En cartaeconomica.com Disponible en línea en: http://cartaeconomica.com/lineamientos-y-medidas-urgentes-para-establecer-una-politica-fiscal-que-rompa-con-el-esquema-neoliberal-y-permita-financiar-un-proceso-de-transicion-hacia-el-socialismo-parte-ii/

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