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viernes , 17 noviembre 2017
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La pintura  en Salarrué
REAL15

La pintura en Salarrué

Mario Castrillo*

Escritor

 

Salarrué (1899-1975) es un artista que pinta en su literatura. Su lenguaje suele ser gráfico y metafórico. Alcanza una situación en la cual las cosas inanimadas y aquellas animadas: los minerales y los objetos, healing los vegetales, salve los animales, decease sin excluir al ser humano, incluso el agua y el aire y lo que en éste transita, como el olor y el sonido, todo aquello que normalmente nos rodea, asumen otra personalidad, otra naturaleza y otra virtud. Peculiar sustancia los transmuta transportándolos a una especie de zona intertidal entre la realidad y la ficción, entre lo concreto y lo ilusorio y lo abstracto, entre lo filosófico y lo esotérico también.

Alfredo Cardona Peña, escritor costarricense nacido en 1917 y fallecido en México en 1995, lo expresa así: “Porque usted es un acuarelista sin llegar a cromo, que es el defecto de los que buscan el color. Sus cuentos están producidos con criterio objetivo de pintor, están meditados de acuerdo con las leyes de la perspectiva y el volumen, y de ahí la comunicación directa y el hecho de que los lectores “vean” lo que usted está diciendo, o pintando”. (A propósito de “Trasmallo”. Carta pública a Salarrué. Alfredo Cardona Peña. Cultura No 1. Ministerio de Cultura. El Salvador, enero-febero de 1955).

Y la escritora Matilde Elena López nacida en 1919 y fallecida en San Salvador en el año 2010 lo expresa de la siguiente manera: “Sus cuentos son pinturas magistrales, envueltos en diáfana poesía y llenos de un noble amor y comprensión del destino humano y sus cuadros extraños, son como emergidos del abismo de las edades prehumanas o relatos de un mundo sobrehumano de luz y oscuridad como los dioscuros”.(Crayones. La pintura de Salarrué. Matilde Elena López. Cultura No 4. Revista del Ministerio de educación. El Salvador, octubre-noviembre-diciembre de 1967).

Al alcanzar esta cualidad en su literatura, Salarrué inicia una elaboración plástica de la imagen literaria, colmándola no sólo de las cinco partes en que Leonardo da Vinci divide la pintura: superficie, figura, color, sombra y luz, vecindad y lejanía, sino, indudablemente, de espiritualidad.

Cito nuevamente a Salarrué para graficar lo que acabo de exponer: “El bosque cobraba, así al sol, un tono profundo de pedernal. El color gris oscuro era monótono pero aquí y allá surgía una grieta imprevista, en tono rosa o amarillo, debido a las copas de guarumos, palisandros y guachipilines que sobresalían del palmar. Únicamente allá muy al fondo, donde las ramazones eran ya un solocoágulo prieto aparecían ligeras peladuras moradas o azules que denotaban la presencia del agua”.(La virgen desnuda. La espada y otras narraciones. Hugo Lindo. Editorial Universitaria. Universidad de El Salvador. El Salvador, 1969).

Voy a hacer hincapié en una contradicción. Salarrué, como podemos apreciar, asigna cualidades pictóricas a elementos diversos -de los más diversos- de la naturaleza. Sin embargo, para Salarrué, el “Artista moderno es un pintor introvertido y esta pintando IDEAS y no FORMAS.” En Salarrué, pues, la pintura es la concreción de una idea, una especie de ejercicio intelectual y espiritual. Así, en otra ocasión nos dice: “Creo que el aspecto más característico de mi pintura actual es el sentido de síntesis. No siempre es de carácter abstracto y algunas cosas aun parecerán un tanto realistas. Cuando lo son, lo pintado pertenece al realismo de un mundo de mi propia invención.” (Salarrué. Obras Escogidas. Hugo Lindo. Editorial Universitaria. Universidad de El Salvador. El Salvador, 1969). E ahí su dialéctica, porque la contradicción es una de las leyes de la dialéctica. Y Salarrué, además de artista, es un filósofo. Dos filósofos importan ha tenido El Salvador: Alberto Masferrer, nacido en Alegría, departamento de Usulután en 1868 y fallecido en el exilio en Honduras, después de la matanza de 1932, el 8 de septiembre de ese mismo año. Masferrer elabora planteamientos filosóficos a partir de la sociología y Salarrué de la metafísica.

“Me ha preocupado siempre la naturaleza entera del hombre en su tremenda dualidad, la naturaleza de su alma y de su cuerpo y sus aspectos de Bien y de Mal,- afirma Salarrué-. He meditado mucho sobre este abstruso problema y he escrito más de una página en mi afán de llamar la atención sobre el misterio de misterios que preocupa a muy contados individuos. Para la mayoría todo es obvio e intrascendente y no saben por qué se han de romper la mente dilucidando una cosa tan elemental.” (La Lumbra, El Libro Desnudo. Estancias del camino. Salarrué. Obras escogidas. Hugo Lindo. Editorial Universitaria de El Salvador, El Salvador, 1969).

Así nos dice Salarrué:  “En este mundo tenido por nosotros como algo real, hay un camino y este camino no es un camino sino El Camino. Este es el camino del cual habla El. No es un camino que conduzca a alguna parte, sino a dos partes como dos parajes perdidos en la bruma incosutil del Universo: el Bien y el Mal.

El camino conduce en cierto rumbo a un lugar muy sombrío que es el Mal y en otro rumbo a un lugar muy bello que es el Bien, y estos dos caminos no son sino uno solo: el Camino.” (Un Camino. El Libro Desnudo, Estancias del camino. Salarrué. Obras escogidas. Hugo Lindo. Editorial Universitaria de El Salvador, El Salvador, 1969).

Así se expresa del color, “pretexto” para discutir sobre el Bien y el Mal:

El color está dotado en Salarrué de materialidad, de vibración pura, de igual manera de esencia sutil y espiritual. Salarrué nos dice, aun del negro y el blanco: “No hay color que pueda llamarse malo. Todo el Universo, después de todo, funciona a base de lo que se denomina relatividad. Si hace calor, el blanco refresca. Se hace frío, el negro calienta. El blanco refleja, rechaza los rayos deluz y, no obstante, se tiene generalmente por un color bueno. En cambio, el negro absorbe la luz y se considera, en cierto modo, un color indeseado. ¿Quién puede decir que la luz no sea lo mejor?… ¿Quién ama la luz, el que la rechaza o el que la absorbe y la difunde en su interior?”

Y más adelante, en el mismo texto, nos dice: “Todo es relativo. El blanco rechaza la luz, no porque no la quiera, sino porque no la necesita. El es la luz. El negro es la ignorancia y por eso absorbe la luz, para mejorarse”.(La Lumbra, El Libro Desnudo. Estancias del camino. Salarrué. Obras escogidas. Hugo Lindo. Editorial Universitaria de El Salvador, El Salvador, 1969).

“Creo que no hay pintor que no tenga una percepción consciente o inconsciente del mundo astral, porque el ojo se va haciendo a medida que uno trabaja en la pintura; se va tornando capaz de percibir el color como lo ve uno directamente en el mundo astral. Entonces, por lo menos en gran parte, el que domina el color y sus afinidades, es porque tiene el ojo mejor construido que cualquiera otra persona que no se haya ocupado de los temas pictóricos. Uno empieza pintando del natural, y pronto se da cuenta, de lo que la demás gente, ni aun uno mismo, había visto nunca.” (Salarrué. Obras Escogidas. Hugo Lindo. Editorial Universitaria. Universidad de El Salvador. El Salvador, 1969).

*Charla impartida junto a Roberto Galicia, Ricardo Aguilar y Edgardo Quijano en junio de 2013.

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