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sábado , 16 diciembre 2017
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La pérdida de credibilidad

Salvador Ventura

El periodista, prescription tantas veces los comentaristas y columnistas, pills tienen la tendencia de halagar los instintos del público para atraer poco a poco, a un mayor número de lectores, se habla entonces de una especie de “espejo del público”, lo censurable es cuando se manipula la información o se alaba y entrega la independencia de un medio a un grupo de presión.

El Diario de Hoy, quizás no es objeto de presión, porque sus propietarios por propia iniciativa hace rato entregaron su independencia al sector económicamente más poderoso de la sociedad salvadoreña, los miembros de la oligarquía no tienen acciones pero de una u otra forma influyen en la línea editorial de este medio de publicidad y propaganda.

Esa sumisión o tendencia a distorsionar las noticias le ha hecho a este medio de difusión bajar la calidad de sus contenidos puesto que en ese perverso afán de atacar a una corriente política determinada, a un gobierno de izquierda, y supuestamente favorecer a la derecha y a una minoría de la sociedad, le ha hecho perder credibilidad.

El periódico en mención y otros medios televisivos consideran que la exaltación de los vicios y no las virtudes los hacen más atractivos al público. Para ellos el sadismo, el crimen, la sensualidad, las fotografías y videos grotescos, expresan la “realidad de esta sociedad” y lo poco que “hace” el gobierno para combatir la violencia y la criminalidad.

La exaltación del crimen, el resumen permanente de hechos sangrientos con nombres de víctimas, lugares, hora y fechas donde se cometieron, los hace apologistas y hasta cómplices de este tipo de “satisfacciones” sin ninguna calidad moral, por el contrario el buen periodista debe repudiar lo malsano en esta forma de sensacionalismo.

En su editorial “Si ustedes dejan de mentir, yo dejaré de decir verdades”, publicado por El Diario de Hoy, el martes 25 de agosto del año en curso, se hacen graves acusaciones y se miente para “tratar de reforzar argumentos” sobre hechos infundados y odios no superados como eso de “comunistas maestros del engaño y los espejismos”.

El mismo editorialista se contradice en su escrito cuando en una oración afirma “Combatir el crimen debe fundamentarse en realidades humanas”, el gobierno y sus instituciones, con el apoyo de diversos sectores de la sociedad, exactamente parte de realidades, de investigaciones, para combatir la violencia y la criminalidad.

No lo hace partiendo de sofismas, de interpretaciones, mintiendo o delegando responsabilidades, mal harían las autoridades judiciales de capturar, acusar y condenar a una persona sin contar con pruebas suficientes, se hacen señalamientos cuando las investigaciones han determinado culpabilidad y participación de una o varias personas en un hecho.

En el caso de los periodistas debe existir ética, responsabilidad y espíritu de decencia en el tratamiento de una información, no sólo para no exaltar ni darle publicidad gratuita a los “terroristas” como los ha calificado una resolución de la Sala de lo constitucional, sino para proteger a los más vulnerables.

La prensa jamás debe convertirse en el primero o último motor del crimen, está en su pleno derecho de informar y comentar, pero debe hacerlo con responsabilidad, protegiendo el sentimiento y el dolor de los familiares de las víctimas y sobre todo, condenado una escalada de violencia que atenta contra la estabilidad de la nación.

Un miembro de Arena, del FMLN o de GANA pueden presentar un recurso de amparo a la Sala de lo Constitucional o hacer una denuncia en la Fiscalía General de la República, esto es normal en una democracia; pero según los argumentos de El Diario de Hoy, lo pueden hacer “otras personas”; pero no militantes o simpatizantes del partido de izquierda.

Muy mal estamos en el país cuando nos arrogamos el derecho de decidir quiénes pueden hacer uso de los recursos de la democracia y quiénes no por razones ideológicas o posiciones políticas, la libertad de prensa no se hace efectiva sin jueces imparciales y sobre todo sin la racionalidad y el buen juicio de los mismos periodistas.

Lo hemos dicho en otras ocasiones y lo reiteramos ahora: la ética, las leyes sobre la prensa, no son sino elementos secundarios, frente a la moral individual. No se podría decir que las leyes, ni los códigos de honor son esenciales para la buena conducta de los hombres de alta calidad moral. Es nada más un inventario global de la conducta a seguir. Las reglas al final, señor director, no se las dicta la Constitución o las leyes de la república, se las dicta su propia conciencia; pero al parecer hace rato perdió la noción de tolerancia y respeto hacia la opinión y los razonamientos de otras personas que no comparten su forma cavernaria de abordar los problemas y la misma realidad del país. Buenas tardes.

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