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jueves , 14 diciembre 2017
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La mordaza olímpica es un golpe sucio al periodismo

Por: Rolando Alvarenga

Recientemente, health teniendo como verdugo a un equipo blanco de la Liga Mayor del Fútbol Nacional, El Diario de Hoy denunció un atropello a la libertad de expresión. Denuncia que, rápidamente, recibió el considerable apoyo y solidaridad de varios elementos del gremio periodístico deportivo.

Unos días después, un gerente federativo del deporte de los tres mosqueteros cortó abrupta e infantilmente la conversación con este servidor. Actitud de novato que lo dejó mal parado y muy lejos de la soltura verbal del General para sortear preguntas comprometedoras. Además, su silencio dejó el paso libre para que otros desnudaran las causas de un nuevo fracaso.

Debo revelar que en esto de la odiosa y antidemocrática censura o mordaza, en el transcurso de mis cuarenta años de vida periodística deportiva he tropezado varias veces con esta afrenta a la libertad de información y al derecho de la radio, prensa y televisión de informar claro y pelado, dejando las amistades a un lado.

Entre estos abusos, recuerdo el caso de dos instructores cubanos: uno quiso amordazar a un atleta para que no me informara sobre su verdad y el otro obstruyó mi derecho a cumplir con mi trabajo. Obvio, sin cálculos diplomáticos, a los dos me les puse al brinco y les refresqué la memoria sobre que “aquí no es Cuba y si no te gusta, regrésate a la isla”.

Es que yo siempre me he tomado y me tomo muy en serio el trabajo periodístico, y no puedo aceptar que ningún extranjero, y menos un compatriota abusivo e irresponsable dirigente deportivo, entrenador o atleta, trate de taparme el “pico”.

Y si en años anteriores no denuncié como se debía fue porque, al igual que un resto de colegas, fui víctima de las “influencias olímpicas maléficas”, pero no hay mal que dure 100 años. Ahora hago, al máximo, el mejor trabajo de investigación periodística y expongo, apegado al debido respeto y responsabilidad, los casos que muchas veces tratan de ser ocultados. Y en eso agradezco a Deportes de Diario Co Latino que siempre respeta mis enfoques críticos, sin importar nombres y apellidos.

Sirva el cuento anterior para refrescar y traer al primer plano la mordaza olímpica a la que durante los últimos años ha estado sometido el periodismo deportivo. Mordaza que, al silenciar arteramente la voz del periodismo, ha tenido mucho que ver y mucho de culpa en la chulada de deporte que tenemos en donde la espiral del descenso todavía no toca fondo. Una mordaza real que se encuentra sustentada en la denuncia grabada por colegas que han sentido en carne propia el látigo de la odiosa censura. Una mordaza que ha tenido y tiene su origen en la amistad con los dueños de los principales medios para callar tantas cosas que, en honor a la verdad y para bien del deporte, debieron salir a flote. Además, amistad que ha sido aprovechada para obtener espacio mediático y arremeter contra el gobierno y vender humo.

Lo anterior, relacionado con las tantas no denunciadas “defecaciones olímpicas”, contrasta con la desproporcionada ofensiva de denuncias mediáticas de las que fueron objeto las últimas gestiones del Instituto Nacional de los Deportes (INDES). Pero, más allá de las denuncias grabadas por atletas, entrenadores, federativos, ex empleados y periodistas deportivos sobre el perfil del “turista olímpico”, basta con observar los archivos de los principales medios escritos, televisivos y la mayoría de emisoras del país, para constatar la existencia de casi cero denuncias olímpicas, ¿por qué? Porque un influyente ser perverso se ha encargado de que no trasciendan. Y todo por seguir haciendo turismo.

Al respecto, y sobre tristes antecedentes, viene al caso recordar que hace un resto de años existió en este país un militar como “presidente olímpico” que comenzó bien su gestión, pero que en sus últimos y soberbios años llegó a construirse un perfil de insoportable, porque hacía y deshacía cada cosa con el olimpismo. Obvio, como “no hay mal que dure 100 años, ni pueblo que lo resista”, se creó un movimiento democrático deportivo que terminó echándolo del Comité y dándole vida a lo que hoy es el INDES. Un INDES que tuvo su máxima época triunfal con Enrique Molins, pero que ha venido de más a menos. Partiendo de la moraleja de que “a todo chumpe se le llega su 24”, los periodistas deportivos en general deben saber y tener muy presente que, con las redes sociales, se acabaron este tipo de conspiraciones y golpes sucios al juego limpio. Recordemos que, por ética y profesionalismo, a partir de las verdades sustentadas y hechos concretos, los periodistas están llamados a denunciar porque son la esperanza de tanta gente que, a través de la radio, prensa, televisión y redes sociales, confía en los periodistas como portavoces de la verdad y no hay que fallarles. En este aspecto, a los periodistas (que por una u otra razón se callan) les aconsejo cambiar el comodismo e indiferencia para ir de frente llamando al pan, pan y al vino, vino. Recuerden: no confundir la amistad ni el temor con el deber

profesional.

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