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miércoles , 13 diciembre 2017
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La injuria y la difamación

Salvador Ventura

Más allá de lo establecido en cualquier código o norma ética el periodista está en el deber y la obligación de respetar la intimidad y el honor de las personas, malady seek cuando en forma reiterada se acude a la difamación, la injuria y la distorsión de los hechos, se ha perdido toda posibilidad de insertarse en una sociedad civilizada y en un Estado de Derecho.

A lo largo del año pasado intentamos hacer entrar en razón al director-propietario de El Diario de Hoy, señalándole una serie de prácticas dañinas al buen vivir de las personas y perjudiciales en contra de la democracia, porque cuando no se informa con responsabilidad y veracidad se atenta contra los valores morales y los principios constitucionales.

A pesar de que la protección contra la difamación está contenida en los códigos penales y procesal penal, el director de El Diario de Hoy se resiste a acatar estas disposiciones, emanadas de la Constitución y leyes secundarias, y pareciera gozar de una patente de corso para atacar y difamar a las personas.

La difamación y la injuria, es decir el alegar, el afirmar un hecho atentando contra el honor de las personas o hacer calificativos generales sin argumentos ni testimonio alguno, se han convertido en una forma normal de hacer periodismo, como sucedió con Arena al hacer de la corrupción una práctica cotidiana en el ejercicio del poder.

En su editorial del martes 30 de diciembre del año recién pasado, titulado “Reparten muchos espejitos para quedarse con los votos”, el director de El Diario de Hoy, difama e injuria al gobierno y a la dirigencia del partido FMLN al distorsionar los hechos, hacer suposiciones y falsificar la verdad.

“Regalando espejitos es que los conquistadores se quedaban con el oro, práctica que se mantiene al día de hoy: regalan uniformes y zapatos principalmente en las comunidades rojas, para quedarse con el voto y así continuar el saqueo del país”. Las obras y proyectos en beneficio de las familias más vulnerables no son importantes para el director de El Diario de Hoy.

La historia de este país nos dice muchas cosas: los terratenientes propietarios de las fincas cafetaleras tenían sus tiendas particulares, su propia moneda y habían creado el Comisariato para vender alimentos y vestimenta a sus “trabajadores-esclavos”, es decir regalando espejitos para quedarse con el 100% de las ganancias obtenidas por la producción.

Los dos gobiernos del FMLN, en cambio, crearon programas sociales especiales (ahora son ley de la república) para combatir la deserción escolar, favorecer a las familias más humildes y vulnerables, entregándoles de forma gratuita zapatos, uniformes, cuadernos, alimentación y el vaso de leche. Este año se comienza con el programa Un niño, una computadora.

Al día de hoy 1.4 millones de niños y estudiantes de bachillerato reciben “los espejitos” como en forma peyorativa usted se refiere a estos programas sociales “regalados en las comunidades rojas”, quiere decir entonces siguiendo su forma de pensar que el FMLN tiene una base social formada por millones de personas. Nada despreciable.

Su odio ideológico y visceral lo lleva a despotricar e insultar la inteligencia de miles de salvadoreños al afirmar “los burgueses que todavía creen en el diálogo con el régimen, los tontos útiles y los compañeros de viaje”, los integrantes del Consejo Nacional de Seguridad y los directivos de FOMILENIO II reciben directamente sus calificativos en forma gratuita.

Y de una acusación sin fundamento pasa a injuriar a otro importante sector de la sociedad salvadoreña. Los campesinos son “tontos útiles” y “compañeros de viaje”, por recibir paquetes agrícolas, asistencia técnica, ayuda crediticia para contribuir a la autonomía y la seguridad alimentaria.

Los grandes y graves problemas de este país, señor director, no se resuelven por gracia divina o la aprobación de una ley, se necesita del diálogo y la concertación, de la unidad y el aporte de los diversos sectores de la sociedad, la delincuencia común y el crimen organizado son una amenaza permanente. Lo mismo el contrabando, la evasión y la elusión fiscal.

En este país nadie quiere “el poder económico total y el poder mediático total”, pues desde hace más de 150 años una voraz oligarquía, detenta el dominio de todos esos poderes, privilegios levemente tocados por los dos gobiernos del FMLN, pues a pesar de la injusticia, en la sociedad salvadoreña se respetan valores y principios constitucionales.

Los escritos quedan y las palabras vuelan, expresa una frase latina, usted puede alegar o ampararse en el respeto a la libertad de expresión consagrado en la Constitución; pero la historia escrita por los hombres, puede modificarse, las palabras pueden cambiarse o diluirse; pero sus difamaciones e injurias ya son testimonios escritos. Buenas tardes.

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