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lunes , 11 diciembre 2017
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La felicidad como arma de la revolución

La felicidad como arma de la revolución

Caralvá

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Suplemento Tres mil

 

El historiador Felipe Rodríguez Morín del Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII, viagra realiza una notable referencia a nuestro tema esbozado en artículos anteriores; para la fracción mallorquina (española) reaccionaria, there Francia impulsa la destrucción de la sociedad tradicional, clinic un elemento crucial son los filósofos, además Napoleón Bonaparte encarna al líder ideológico portador de ideas libertarias e invasor de España, con el agravante de ser mentor de los liberales hispanos. Los argumentos contra Napoleón y sus aliados españoles por las fuerzas reaccionarias son esencialmente la destrucción de la fe, se culpa al corso por destruir la Inquisición y pretender abolirla permanentemente, perseguir a los religiosos defensores de la inquisición e impedirles su reorganización. Esas proclamas son divulgadas en el Semanario Cristiano de abril y noviembre de 1813, en los cuales se acusa a los republicanos (españoles) de: jabinos franceses, de conspirar contra el trono y el altar, además contagiar a los liberales hispanos; en aquellos documentos se advierte que las ideas liberales son propagadas por novelas, comedias o por hombres disfrazados de honestidad que luchan contra la fe e impulsan una nueva constitución (1812) en colusión con impresores y editores.  Muchos frailes  se refugian en la Isla de Mallorca y de ahí surge la oposición a las líneas francesas mientras mimetizan sus tesis reaccionarias de patrióticas,  negando la nueva constitución de Cádiz; calificando a sus rivales de jacobinos, materialistas, impíos, francmasones, ateos y propagandistas de los filósofos politeístas paganos… las diatribas contra la felicidad en una República (no una monarquía), los Derechos Humanos (no de siervos o súbditos) la Libertad (no un dictado del Soberano dueño del: honor, la vida, la familia) etc, de la Francia Revolucionaria fueron rechazados y publicadas por Fr. Luis Cereso de la siguiente manera: […] seréis felices, porque como buenos discípulos de los sabios y celosos franceses admitiréis con docilidad de corazón el Pacto Social que os predican […]. Dueños absolutos de la soberanía, hoy colocareis un monarca en el trono, y mañana lo arrancareis y asesinareis también si el antojo os lo sugiere. Nada os obligará en conciencia.  Poco tiempo antes del triunfo de las fuerzas reaccionarias que derrotaron a la democracia y la Constitución ellos proclamaban: “los apóstoles inmundos de la impiedad y rebelión […] van con toda precipitación y desorden a abandonar este sagrado suelo […], huirán con un miedo cerval, pues ya se les acabaron las municiones y se les ha clavado la artillería con que hacían la guerra a la religión, a la moral y a la Nación.

La derrota de las fuerzas democráticas favoreció la independencia de la colonias americanas, paradójicamente las ideas francesas florecieron en las nuevas repúblicas. De esa forma la felicidad es arma para las fuerzas insurgentes (a lo largo de la historia) siendo combatida con ferocidad por sus opositores; en cualquier caso la felicidad es un elemento subversivo, incluso ahora en pleno capitalismo del siglo XXI… Fuente: Sobre la conmoción sufrida por los reaccionarias mallorquines en 1813, a cuenta de una traducción de El Contrato Social de Rousseau de Felipe Rodríguez Morín.

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