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lunes , 25 septiembre 2017
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Para indígenas “héroes del clima”, un premio y una aventura en Nueva York

Para indígenas “héroes del clima”, un premio y una aventura en Nueva York

Por Laura Bonilla

Naciones Unidas/AFP

Por primera vez en su vida Gilberta López subió a un avión, dejó Guatemala y aterrizó en Nueva York. Esta indígena maya recibirá el domingo junto a indígenas de la Amazonia de

Brasil y otros 10 países un premio de la ONU, que los considera “héroes del clima”.

Dos días antes de que 129 líderes de todo el mundo den inicio en Nueva York a la mayor reunión diplomática del planeta en la sede de Naciones Unidas, que incluye debates sobre el cambio climático, estos líderes comunitarios serán premiados por sus esfuerzos concretos.

La tormenta tropical Ágatha destrozó en 2010 la aldea de López, Chipatal, en la provincia guatemalteca de Chimaltenango.

Desde entonces, esta indígena de 47 años del pueblo kakchiquel trabaja con AIRES, una organización liderada por mujeres maya para luchar contra la erosión del suelo, prevenir deslaves y mejorar los cultivos y la nutrición de su aldea.

“Cuando llegó Ágatha ya no quedaban árboles, el cerro se desplomó, desaparecieron las casas, murieron familias. Se me fue la mitad de mi casita de adobo”, cuenta López a la AFP en la terraza de un hotel de Manhattan, sin dejar de mirar extasiada los rascacielos que la rodean.

“Los cerros están derrumbándose”

“Pero ahora, desde hace cinco años, estamos plantando árboles: pino, ciprés e ilamo, y árboles de durazno, manzano que van a dar sus primeros frutos”, dice sonriendo, vestida con una blusa con bordados multicolores que ha hecho ella misma con hilo y aguja y que le ha llevado un mes de arduo trabajo.

En Guatemala más del 30% del suelo está desforestado, y con el aumento de tormentas debido al cambio climático “los cerros están derrumbándose, causando destrucción y muertes y la pérdida del suelo productivo para la agricultura”, explica Cecilia Ramírez, también de AIRES.

La asociación ha reforestado cinco millones de árboles en montañas y cerros, y promovido sistemas agroforestales con más de 3.000 agricultores y sus familias en más de 150 comunidades rurales indígenas que viven en la pobreza y la extrema pobreza.

A pesar de tener recursos limitados y no contar con apoyo gubernamental, las 15 comunidades ganadoras del Premio Ecuatorial del Programa de la ONU para el Desarrollo Sustentable (PNUD) utilizan ‘drones’ y teléfonos inteligentes, ecoturismo, resolución de conflicto y programas de préstamos para enfrentar amenazas como la tala ilegal de árboles o los deslaves para proteger sus campos, bosques y costas de la destrucción.

Educación y miel

Otros ganadores son los indígenas brasileños de la Asociación Ashaninka del Río Amonia Apiwtxa, en la frontera con Perú, que trabaja para proteger los conocimientos tradicionales y recuperar la biodiversidad de su territorio de más de 87.000 hectáreas.

“Tenemos proyectos para replantar selva, recuperar algunas especies en fase de extinción, ríos y peces, tortugas. Trabajamos con 70 comunidades, se benefician unas 25.000 personas”, explica Benki da Silva, un ashaninka de 44 años que viste un altísimo tocado de plumas rojas, largos collares de semillas y lleva la cara pintada con pincelazos rojos típicos de este pueblo.

A diferencia de lo que siente López, Benki da Silva confiesa que Nueva York lo angustia y lo deja con una “presión espiritual muy grande”.

“Veo una ciudad que tiene una riqueza inmensa en términos de bienes, pero en términos de vida, muy poco. No hay tierra para plantar, todo se acabó, no hay nada, está muerto”, dice.

Dos toneladas de miel orgánica por año: eso es lo que produce la Asociación Tierra Indígena Xingú (ATIX) de Brasil, otra premiada que beneficia directamente a mil personas, y que fue la primera organización comunitaria del país en obtener el sello orgánico.

“Hay parte de la sociedad que aún cree que la selva no puede generar ingresos, que no puede contribuir con la economía del país. Nuestra experiencia muestra lo contrario”, sostiene Ianukula Kaiabi, uno de sus líderes.

El Premio Ecuatorial del PNUD premia cada dos años iniciativas que muestren al mundo que soluciones locales de bajo costo, innovadoras, pueden ayudar en la lucha contra el cambio climático y alcanzar metas de desarrollo sustentable.

Los demás ganadores provienen de Ecuador, Honduras, Kenia, Mali, India, Belize, Kazajastán, Indonesia, Tailandia y Pakistán

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