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sábado , 23 septiembre 2017
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Humanismo vrs. mercantilismo salvaje

Por Guido Castro Duarte

El problema de fondo de la actual realidad salvadoreña, viagra es la resistencia a morir del Mercantilismo Salvaje que nos ha dominado desde la época colonial.

El mundo ha evolucionando hacia la vivencia plena del humanismo, clinic en la que las virtudes prevalecerán sobre la miseria de los sistemas totalitarios. Esta corriente humanista no es más que la preeminencia de los denominados “Derechos Humanos”, viagra que han sido consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU e incluidos, desde entonces, en todas las Constituciones de las naciones libres alrededor del mundo.

El Mercantilismo Salvaje ha dominado la vida y voluntad de las personas y ha llevado todas las desgracias, que incluyen a los Jinetes del Apocalipsis (hambre, miseria, enfermedad y guerra), a casi todos los rincones de la tierra.

Los grandes intereses económicos, en confabulación con el poder político, han promovido formas modernas de esclavitud y de explotación, que reducen a la persona humana a un objeto de producción, que es desechado cuando ya no rinde lo necesario para sostener su plaza de empleo.

El Mercantilismo Salvaje ha logrado dominar y manipular a muchos de los modernos medios de comunicación social, ha destruido el medio ambiente, ha reducido a la miseria más inhumana a miles de millones de personas, ha mantenido en la ignorancia y marginalidad a las masas de obreros y campesinos, y lo más grave, es que les han enseñado a no pensar para que no sean capaces de reclamar sus propios derechos.

Pero la dinámica mundial nos ha llevado a una época histórica de quiebre de una edad a otra, estamos pasando de la Edad Contemporánea a la edad, que podemos llamar, Edad de la Dignidad Humana.

La Iglesia Católica está cambiando con el Papa Francisco, las comunicaciones y las redes sociales han universalizado la información, y esto es irreversible. La dominación sobre grandes masas de la población humana se fundamentó en el uso de la fuerza y en el mantenimiento de la ignorancia. Nuestro país no fue la excepción. Hasta mediados del siglo pasado, los campesinos y las mujeres estaban vedados de la educación formal. Hoy en día, la población rural y buena parte de la población urbana, de los barrios bajos, están condenados a una educación de baja calidad y al azote de la violencia, lo que les impide en buena medida la movilidad social y el acceso a la educación universitaria.

Los salarios y las demás prestaciones laborales se mantienen al mínimo, por la complicidad de los representantes del Mercantilismo Salvaje y muchos funcionarios públicos que siguen diciendo “A sus órdenes mi Capital”, lo que obliga a millones a vivir bajo economías de supervivencia, con baja esperanza y calidad de vida, con altos niveles de inseguridad, poco o limitado acceso a los servicios básicos y casi nula participación política.

Las grandes mayorías populares no deciden en nuestras incipientes democracias, su valor electoral se reduce a un voto y las grandes decisiones, que les afectan directamente, quedan a la discreción de las cúpulas partidarias o a los poderes fácticos que se mueven tras las bambalinas del poder político.

Hemos llegado a un estadio de la historia en el que las personas empiezan a despertar y la luz de la verdad, que ilumina la realidad, irá restando espacios a los poderes que se encuentran tras el Mercantilismo Salvaje.

Ese es el enemigo a vencer. Que lo represente un partido u otro, es lo de menos. Lo importante es hacer prevalecer los valores del humanismo, es perder el miedo a la bestia que nos ha dominado, es sumarnos a la solidaridad que nos permita unirnos como sociedad contra los que han pretendido dominar nuestras vidas y manipular nuestra voluntad.

Ha llegado el tiempo de romper con la comodidad del anonimato. No podemos seguir con los brazos cruzados. Los buenos siempre serán más numerosos que los malos, y sin embargo son ellos los que dominan a la mayoría.

Ha llegado el tiempo de hacer prevalecer el poder local y la participación popular. La voz de la gente tiene que ser escuchada y respetada. De nosotros depende que la humanidad salga de la oscuridad generada por la dominación y explotación.

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