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Jueves , 21 Septiembre 2017
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Honradez, austeridad, transparencia y eficiencia

Guido Castro Duarte

E*Guido Castrol Presidente Sánchez Cerén, no rx en su discurso de toma de posesión, remedy utilizó cuatro calificativos para caracterizar su gobierno: honradez, buy austeridad, transparencia y eficiencia, los cuales, hasta la fecha, han estado ausentes de todos los ámbitos de la administración pública.

Haberlo hecho implica poner una enorme carga sobre sus hombros, ya que prácticamente está comprometiéndose a dar un giro de ciento ochenta grados a la administración pública, implica cambiar una forma de ser y de pensar en toda la burocracia, porque una cosa es que en su carácter personal sea honrado, austero, transparente y eficiente, pero otra cosa es que todos sus funcionarios y los empleados públicos lo sean. El correcto ejercicio del poder y de los fondos públicos nacen de una profunda convicción y de un esquema de valores que no todos los seres humanos tenemos, ya que estos se cultivan desde la más tierna edad en el seno familiar.

Del deber ser al ser hay una enorme distancia; del gobierno que tenemos al gobierno que queremos hay una gran diferencia. El actual Presidente ha empeñado su palabra en lograr esa empresa titánica, que implica cambiar un status quo de más de doscientos años. Naciones desarrolladas como Alemania lo han logrado, luego de pasar por el fuego purificador de la Segunda Guerra Mundial, de la cual, resurgió después de no quedar piedra sobre piedra. El Salvador tuvo su guerra, pero desgraciadamente la oportunidad de hacer surgir la Nación Salvadoreña fue desaprovechada en aquel momento por la oligarquía que gobernó a través de ARENA, que más bien se empeñó en fortalecer un mercantilismo salvaje que les permitió terminar de saquear el país. Pero ahora estamos ante una guerra social que el Estado debe ganar a toda costa. No es simplemente una guerra contra las maras, el narcotráfico y el crimen organizado, es una guerra contra la ignorancia, contra el hambre, contra la enfermedad, contra la miseria, contra la marginalidad, contra la corrupción, contra la cultura del desorden, contra el mercantilismo, contra la prepotencia, contra la injusticia social.

Hacer un gobierno que se caracterice por la honradez, austeridad, transparencia y eficiencia implica un cambio de mentalidad de las fuerzas políticas, comenzando por el FMLN, y luego, de toda la sociedad: de las gremiales empresariales, de las asociaciones sin fines de lucro, de las iglesias, de los sindicatos, de las asociaciones comunales.

Requiere de un cambio en la forma en que se concibe al adversario político, superar el binomio amigo-enemigo y comenzar a construir un proyecto histórico entre todos los salvadoreños, los de aquí y los de allá. Tenemos que aprender a buscar soluciones a los grandes problemas nacionales antes que seguir buscando defectos y errores en el adversario. Dejar atrás las viejas rivalidades ideológicas, es un esfuerzo que vale la pena realizar en favor de los grandes intereses nacionales.

Los grandes desastres nacionales nos han demostrado que somos capaces de caminar en un solo sentido para superarlos ¿por qué no hacerlo siempre?

Nuestro gran problema es que la ambición y la miseria humana lleva a los políticos a buscar el poder como un fin en sí mismo y no como un medio para alcanzar el bien común. La política se ha vuelto pragmática y se han abandonado los principios humanistas y cristianos que inspiraron las grandes luchas sociales del Siglo XX. Hay que volver a humanizar la política, la economía y el derecho. El hombre posee una dignidad especial que impide que el Estado lo reduzca a un número o a un código. Tras cada ser humano existen necesidades, proyectos, ilusiones y sentimientos que no pueden ser ignorados por los gobernantes. Mientras exista un solo niño analfabeta, con hambre, enfermo, en la indigencia o maltratado, el Estado tiene una misión que cumplir. Pero esta toma de conciencia en todo el aparato estatal comienza por el ciudadano Presidente. De hecho, la decisión de disminuir su esquema de seguridad, y de vivir en su actual residencia y no en la antigua mansión de los Tinoco, refleja un compromiso real de ejercer el poder en el Ejecutivo con honradez, austeridad, transparencia y eficiencia. Ahora le toca permear esa actitud a sus funcionarios y colaboradores cercanos.

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