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lunes , 11 diciembre 2017
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Hato Hasbún, un gigante moral

Iosu Perales

Conocí a Hato hace ya muchos años, en la época de la guerra. Él me supo explicar las claves del conflicto y me abrió el camino que más tarde me implicaría con el FMLN. Siempre fue un analista agudo, perspicaz, de la realidad del país, que supo tejer una red de interlocutores de todos los sectores, cualidad que le permitiría intermediar entre posiciones políticas diferentes. Él ha sido uno de los grandes asesores de los dirigentes del FMLN y de sus dos gobiernos, manteniendo siempre un equilibrio entre principios revolucionarios y realismo político.

Hasta el momento de emprender su último viaje, Hato Hasbún ha sido un efemelenista completo. Su gran estatura moral ha sido el vector de una vida coherente que le llevó siempre a conciliar las ideas con los hechos. Tanto en su vida personal, llena de amistades gracias a su abierta personalidad, como siendo responsable de tareas de gobierno él ha sido en todo momento un rostro amable y firme del proyecto revolucionario salvadoreño. A lo largo de los años hizo innumerables amigos y amigas internacionalistas de todo el planeta, con los que compartió su saber en temas de Cooperación y Desarrollo. Anfitrión de compañeras y compañeros llegados de países europeos y latinoamericanos, sabía fortalecer solidaridades con su país. Él tenía un origen palestino que lo lucía con honor y compromiso. Yo le hablaba de Belén, la ciudad natal de sus lejanos parientes que emigraron a El salvador. Es cierto, paseando por Belén he visto decenas de letreros de comercios con los apellidos Hasbún y Hándal. Amigos, compañeros de luchas, compartían patria chica.

Asesoró y acompañó a Schafik Hándal, uno de sus grandes amigos, al gobierno de Mauricio Funes y en la actualidad al de Leonel González, otro de sus grandes hermanos. Su gran pasión era servir al pueblo, mejorar la vida de la gente. Era un gran resistente frente a la derecha más recalcitrante. Desde un talante conciliador defendía con firmeza los intereses del pueblo y las políticas progresistas, hasta lograr no pocas veces acuerdos con sectores políticos opuestos.

No tenía problema alguno en conectar con los grupos poderosos del país, sabedor de que El Salvador necesita del esfuerzo de todos.

Hato era un Grande. Ejerció siempre un pensamiento crítico y leal al legado de Farabundo. Siempre desplegó una curiosidad sin límites que le llevó a desear conocer en profundidad los conflictos del mundo y las luchas libertarias, ya que nada de lo que les pasara a los pueblos le era indiferente. Admirador de sus luchas manifestaba su amor por los vietnamitas, cubanos, portorriqueños, bolivianos, brasileños, nicaragüenses, etc.

Yo a Hato lo conocí allá por los ochenta. En los tiempos más difíciles. Desde la primera vez he estado con él muchas veces, yo siempre aprendiendo y compartiendo su sabiduría.

Con su voz pausada y especial acento, y desde una serenidad encomiable, repasaba la situación nacional en los 徑timos a撲s, con un deje de preocupación o de optimismo, según. Tenía gran esperanza en los jóvenes. En esas charlas veía en él a un hombre coherente, ético. Y es que, tal vez, lo más destacado de su vida efemelenista era precisamente el ser moral que se mostraba, en la pasión que destilaba y en las ideas regeneracionistas que exponía.

Hato era un pensador del proyecto de la izquierda salvadoreña. Por eso tenía una visión política global que le lleva a ver y a pensar el mundo como un escenario encadenado de luchas y transformaciones, en medio del cual se encuentra su paisito, El Salvador.

Su concepción de la política no giraba alrededor del disfrute del poder, sino que tenía su raíz en un humanismo profundo; la política como instrumento de un proceso de emancipación para cambiar la vida. Puedo decir que otra característica de Hato era la dignidad personal, la tensión y la tenacidad por cumplir. Daba ejemplo.

¡Honor eterno a Hato Hasbún!

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